Por fin una Historia que te va a gustar

Debates en la Selva. Guerra o Alianza

Santuario de Itatí (Corrientes, Argentina) 1697

            En la antigüedad los guerreros guaraníes custodiaban a Ñandesy, la luz que surgía de una piedra blanca junto al río. Hoy es Nuestra Señora de Itatí y la protegen los Cazadores Correntinos
 
 

Mucho antes de la llegada de los cristianos que la llamaron virgen, el paraje junto al río Paraná donde se encuentra la piedra sagrada de Itatí -en guaraní “piedra blanca”- era ya un lugar de culto. Se trata de una piedra sobre el río cerca de la cual había una ciudad guaraní, una Tekoha Guazú,  cuyos habitantes se autodenominaban Itatinguas o Itatines, lo que podríamos traducir como “los de la piedra blanca”. Ellos contaron a los misioneros que comenzaron a frecuentarlos a mediados del siglo XVI que sobre esa piedra se veía una luz y se escuchaba “música celestial”. Quien haya vivido a orillas del gran río Paraná podrá entender lo sugestivo e hipnotizante que pueden llegar a ser los lentos atardeceres al borde de la selva, mientras los sonidos del día se apagan y los de la noche llegan, no es de extrañar que las organizaciones político-religiosas guaraníes     tuvieran nombres tan sugerentes como “Guardianes de la Neblina“.

En 1580 un dirigente político itatingua permitió al sacerdote cristiano Fray Luis de Bolaños asentarse con ellos, en una maniobra política mil veces repetida en la historia del pueblo guaraní consistente en atraer aliados a su “asiento de fogones” el centro político de cada comunidad, con el fin de adquirir un mediador que colabore con sus intereses.[1] Al permitir que los sacerdotes cristianos vivieran con ellos consiguieron cierta tranquilidad en cuanto a las aspiraciones expansionistas de los encomenderos españoles que vivían en el próximo “asiento de fogones” de otros guaraníes vecinos, los Karios, quienes desde 1539 eran grandes aliados del la corona de España[2], los dirigentes políticos Karios y sus aliados estaban consolidando su hegemonía en la zona de confluencia de los ríos Paraguay y Paraná desde Lambaré su ciudad capital (Tekoha Guazú, en guarani) a la cual los españoles llamaban “Asunción”. Para los itatinguas tener un europeo viviendo en la propia comunidad servía para obtener información y tecnología además de ser útil como mediador.

Aclaremos que los Itatinguas eran unos de los más poderosas comunidades guaraníes de la época. Recorrían el camino de Peabiru (en guaraní “camino de pasto aplastado”) que unía la costa atlántica con la frontera inka,[3] adonde realizaban frecuentes ataques. Llevaban más de cien años haciéndolo y eran conocidos tanto en las ciudades de piedra del Reino de Charkas en la actual Bolivia como por los Tupí de la costa atlántica brasileña.

Desde antes de la invasión europea a la altura de Charkas, actual Santa Cruz de la Sierra el camino de Peabiru se conectaba con el Kapak Ñam, red vial inka. (Mapa derechos reservados Centro Cultural Latinoamericano).[4]

En 1580 comenzaron las conversaciones con los misioneros, las cuales luego de una largas deliberaciones que llevaron al menos una generación terminaron en una alianza con la orden jesuita. Es muy interesante conocer las argumentaciones en contra y a favor de ésta. Hubo un fuerte debate interno suscitado por la presencia oficial de los Yuruá (extranjeros) jesuitas participando en la elaboración de proyectos desde dentro del asiento de fogones.  Alguno dirigentes  estaban a favor y otros en contra de establecer una alianza con ellos.[5]

Por un lado estaban los que podríamos llamar “aperturistas“, dirigentes políticos que veían  positivamente un acuerdo formal y prolongado con los jesuitas como un pasaporte al futuro. Por otro lado estaban los “tradicionalistas” que preferían la evitación o el enfrentamiento.

Los “aperturistas” o “pro-misioneros” pensaban que una alianza de guaraníes y jesuitas los protegería de los ataques de bandeirantes portugueses y encomenderos españoles además de darles acceso a avances tecnológicos importantes como la imprenta y las herramientas de hierro. Además para estos dirigentes una alianza  de esas características no era solo con la orden sino con otros guaraníes ya aliados a los jesuitas y eso haría posible una unión mayor de tekohas, poblaciones independientes de alrrededor de mil habitantes cada una, las cuales podrían asentarse juntas formando poblaciones más grandes -cosa que realmente sucedió en lo que se llamó “los 30 pueblos de las misiones”- Con este pensamiento estos dirigentes estaban llevando a la práctica un viejo anhelo de muchos viejos pensadores y líderes guaraníes de la época: la creación de un estado pan-guarani, lo que los cronistas de la época llamaron “confederaciones”.[6]

En 1697, cuando ya estaba en marcha el proyecto guarani-jesuita y los españoles afianzaban su expansión, a pocos kilómetros al norte del santuario de Itatí, cruzando el río Paraná, se celebraron unas conversaciones entre “neófitos” o guaraníes cristianos de las misiones, con un grupo de guaraníes itatinguas “gentiles” como llamaban a los que vivían conforme su modelo tradicional y que se debatían en el viejo interrogante de alianza o guerra. El evento fue registrado por Robles y Jimenez, sacerdotes jesuitas que acompañaban la comisión que  proponía a los “gentiles” incorporarse a la misión de Santa María de Fé en el actual departamento de Misiones del Paraguay.

Una vez cumplidos los rituales de inicio del encuentro se escucha en primer término la propuesta del “NeófitoTomás Anotí:

Traigo tabaco y yerba, lienzos, agujas, alfileres, cuchillos y anzuelos en cantidad y como regalo. Hermanos queridos, salid sin temor. Traemos la paz y no la guerra. Los padres nos quieren a nosotros y a nuestros hijitos. ¿No sería mejor para tí si vivieras en la tutela de estos hombres sagrados en una comunidad bien ordenada? Yahá angá paí pirí, vámos con los padres”[7]

Teniendo en cuenta que las Ordenanzas de Alfaro de 1611, cuyo marco jurídico regulaba las relaciones de los españoles con los indios, decían que ningún empadronado en las reducciones podría estar sometido a su vez a las encomiendas de las cercanas Asunción y Corrientes, escuchemos las palabras del anciano dirigente itatingua Marcos Chapí:

“Me parece que lo mejor que podemos hacer es confiarnos del todo a estos padres. No quiero ni hablar de su generosidad ni de los muchos regalos que distribuyeron entre nosotros…en cambio recordad lo mal que nos trataron los españoles. Cada uno de vosotros ha tenido su experiencia con ellos. Siempre cuando os escapasteis os volvieron a hallar y avasallar nuevamente y ningún monte por más espeso de zarzas que fuera pudo impedir que lo atravesaran y nos sacaran, y aún si así no fuera, si los soldados no nos descubrieran, no podríamos nunca estar seguros de que nuestros enemigos mortales los payaguás y los guaycurúes que desde siempre nos han combatido a nosotros los tobatines no nos persigan y ataquen… “[8]

A lo que  otro dirigente itatingua, Pedro Pukú, más joven y en representación del sector “tradicionalista” contesta:

Has predicado para viejas tontas, no para un hombre como yo. Tus afirmaciones son fantasías de corazón cobarde. Tus pruebas no responden a la verdad. ¿Dónde quedó el ánimo floreciente de tu juventud? ¿Dónde el corazón valiente de tus antepasados? ¿Qué se hizo de la fuerza de tu arco? ¿De tus flechas? ¡Qué vergüenza! Aceptando sus alfileres dejas que tu mente sea atada a estos intrusos. Si los sabuesos españoles nos rastrearan hasta estas tierras. ¿Nos faltarían acaso garrotes para darles la bienvenida? ¿Acaso se volvieron romas nuestras puntiagudas flechas y se aflojaron nuestros tensos arcos?”[9]

Aunque estas palabras están mediatizadas por los sacerdotes jesuitas que estaban allí y las tradujeron del Ava Ñe’e al español de la época, reflejan lo dramático de la decisión y nos sirven para comprender que hubo debate, hubo confrontación de ideas y por lo tanto estamos frente a un proceso político interno mediante el cual podemos acercarnos mejor los hechos.

ierre Clastres fué un antropólogo francés que a mediados del siglo XX convivió junto a su esposa Helene con diversas comunidades guaraníes conociendo intensamente  su tradición e historia política. Según este reconocido autor hacia 1480 la sociedad guaraní era recorrida por aires de cambios, los cuales se encarnaban en la figura de los “karaí“, profetas que recorrían las ciudades guaraníes precolombinas anunciando el cambio y que tenían la particularidad de no pertenecer a ninguna  comunidad en particular sino a todas en general.[10]. Lo que esta claro es que políticamente existía una dirección hacia la que apuntaba la sociedad guaraní en su conjunto, antes de la llegada de los europeos,  y que esa dirección iba hacia la unificación y el entendimiento a través de alianzas pan-guaraníes cada vez más frecuentes, estables y masivas. Creo que deberíamos prestar mayor atención a este fenómeno si queremos entender importantes hechos de nuestra historia como la posterior alianza y mestizaje guaraní con los europeos, la concreción de las misiones jesuíticas o incluso las aportaciones guaraníes a la organización política y administrativa de parte de Bolivia, Paraguay, Uruguay, Argentina y Brasil.

La alianza con los yurua jesuitas y el debate acerca de su conveniencia o perjuicio debe entenderse pues como parte de una estrategia global guaraní que obedecía a su propia lógica y no como se ha escrito de forma acrítica a una “conversión” masiva. Cuando decimos que la alianza responde a una lógica exclusivamente guaraní queremos decir sobre todo que era anterior a la llegada de los europeos a la zona y que fueron estos últimos quienes se incorporaron a esa lógica indígena preexistente. Probablemente los europeos no podían hacer otra cosa dado que los nativos eran muchos y los extranjeros muy pocos. Será en una etapa muy posterior cuando la mayoría de las naciones indígenas, no todas,  se incorporen a una lógica ajena perdiendo su independencia politica. En algunos sitios este proceso se inició a fines del siglo XVI en otros como en el Chaco o el Amazonas a mediados del siglo XX .

Dama Guaraní yendo a misa del Domingo“, pintura de Jean Baptiste Debret, 1816[11]

La razón por la que algunas naciones indígenas lo hicieron tempranamente y otras se mantuvieron varios siglos autónomas ha dependido precisamente de la respuesta a este interrogante: ¿Guerra o Alianza? De allí lo pertinente del debate abierto en el seno de la sociedad itatingua, la cual debe ser entendida en el marco de la propia lógica guaraní de los siglos XVI y XVII. Así entenderemos como la decisión de aliarse a la orden jesuita no se tomó en función de una conversión a los valores cristianos, que lógicamente eran los objetivos de los sacerdotes, sino en función de valores y objetivos plenamente guaraníes.

No debemos confundir esto con el hecho de que posteriormente los guaraníes misioneros hayan adoptado valores cristianos y abandonado algunos de los propios. El sincretismo cultural entre valores cristianos y guaraníes comienza a verse sobre todo a partir del 1700 cuando ya han pasado muchas generaciones de guaraníes misioneros, los llamados “neófitos” y aún así, incluso durante la guerra guaranítica que supuso el inicio del fin de la autonomía guaraní misionera, muchos oficiales del Kereimbá -el ejército guaraní de las reducciones- seguían pensando y actuando en función de una lógica guaraní y no jesuita, empezando por su comandante en jefe Sepé Tiaragú .

 En el seno de las reducciones guaraníes a pesar del paso del tiempo se seguía practicando la política al estilo tradicional aunque se hubieran adoptado los nombres de los cargos españoles tales como alférez, corregidor etc. Se seguía buscando llegar a Yvy Mara Ey (la Tierra Sin Mal) a través del Aguye (el camino personal hacia la perfección espiritual) y esto aunque compatible con el ideal cristiano siempre formó parte de una idea ajena al cristianismo, la idea del hombre guarani como palabra y acción.[12]

Sintomáticamente los propios guaraníes actuales corroboran lo que Clastres enunció hace treinta años, así por ejemplo Leonardo Werá Tupã, un investigador de la historia guaraní de santa Catalina, Brasil, nos dice al respecto de la figura de Sepe Tiaragu (Djekupé A Djú, quien fuera el comandante en jefe del ejército guaraní que enfrentó a Españoles y Portugueses en defensa de las misiones en 1750:

“Djekupé A Djú  luchaba y hacía de todo para que las aldeas guaraníes no fuesen molestadas. Principalmente porque pensaba en su abuelo, no quería que nada perturbase la preparación espiritual del anciano. Así podemos ver que Djekupé A Djú podía relacionarse con los jesuitas, pero que no era un cristiano, como dicen, porque en realidad él respetaba más la religión del abuelo, la religión de nuestro pueblo. Karaí Djekupé fue y continúa siendo un gran héroe de los guaraníes y esta es su verdadera historia”[13]

Vemos pues que  aún los guaraníes que estaban dispuestos a un alianza con los yurua lo hacían no por resignar sus ideales o renunciando a sus creencias sino en el marco de una estrategia propia. Pero además estaba  la postura “tradicionalista” tal vez mas conservadora o radical de quienes sostenían como Pedro Puku que a la larga una alianza con los jesuitas los llevaría a la perdición, dado  que tarde o temprano los propios jesuitas podían ser traicionados por los gobiernos de las metropolis española y portuguesa, por los encomenderos de Asunción y Corrientes, por los bandeirantes de Sao Paulo, o por todos juntos, como finalmente sucedió. Estos dirigentes eran radicalmente opuestos a cualquier negociación.

Parada militar guarani en una Tekoha Guazú con jesuitas. En primer plano la iglesia y casas de los misioneros, en medio de las Oga Jekutu (casas comunales) el Kereimbá (ejercito guaraní)  

n 1750 con los cambios económicos que los Borbones diseñaron para aggiornar la colonia a los nuevos tiempos e incorporar la mano de obra indígena al mercado europeo,  la corona española intercambió con Portugal siete pueblos de las reducciones guaraníes a cambio la Colonia del Sacramento y  el control del contrabando en el Río de la Plata, y dado que los líderes guaraníes se negaron, los portugueses y españoles atacaron y derrotaron a las fuerzas guaraníes misioneras en la llamada “Guerra Guaranítica”. Fue el comienzo de del fin. Se perdió primero gran parte del territorio correspondiente a los siete pueblos entregados y poco después con la  expulsión de  los jesuitas se perdió la autonomía politica de todos los pueblos.

Las causas de este terrible final fueron complejas pero apuntemos una que creemos que es relevante: pocos años antes de la guerra, en 1743, el Secretario del Tesoro , Armada e Indias del Gobierno de España, José Campillo y Cossío publicó el “Nuevo sistema de gobierno económico para la América” un plan de reestructuración económica que tenía como objetivo hacer más competitiva a la economía española frente a Gran Bretaña. En él, y en palabras del historiador D. Brading,  ”se consideraba a las colonias como un gran mercado sin explotar para la industria española, su población, especialmente los indios eran el tesoro de la monarquía. Pero para aumentar la demanda de las manufacturas españolas era necesario incorporar previamente a los indígenas a la sociedad ” es decir, transformarlos de productores auto suficientes a consumidores. Los avá de las misiones poseían una industria que no solo era auto-suficiente sino que además vendía sus excedentes a la colonia, al despojarlos de ese potencial más de 200.000 personas pasarían a ser consumidores de la industria peninsular que se quería promover.

El plan se complicó con la independencia de las colonias, pero eso ya es otra historia.((Es en este texto realmente encontramos una de las causas externas de la Guerra Guaranítica. Véase “La España de los Borbones y su Imperio Americano”, pg. 286,   de D. Brading. En “America Latina en la época colonial” de Jhon H. ElliotNathan Wachtel y otros. Cambridge University Press, 1984-2002. ))

Pero también es cierto que aunque esos guaraníes “cristianos” que eligieron la alianza terminaron viendo desmantelada su forma de vida tradicional .  Al mismo tiempo aprendieron una serie de recursos que les permitieron incoporarse a la sociedad global.

Mientras que los guaraníes “tradicionalistas” como los actuales mbya por ejemplo, viven luchando por  adaptarse a la sociedad global resultándoles muy difícil enfrentar la expansión de los grandes productores agrícolas sobre sus tierras, los antiguos guaraníes de las misiones o neófitos que pasaron por la experiencia de crear los llamados “30 pueblos” de las misiones, al aprender nuevas ténicas -por ejemplo la cria del ganado vacuno y caballar, el comercio con Buenos Aires, la imprenta- tuvieron mejores opciones de incorporarse a la sociedad global, si bien perdiendo su identidad como pueblo originario y pasando a ser parte de la actual población rural de Corrientes, Paraguay y Sur del Brasil.

No obstante esa experiencia y su correspondiente cultura identitaria que evolucionó de “Ava Tape” guaraní  a “criollo correntino“  se expresa hoy en los actuales ciudadanos de la provincia, gauchos si viven en el campo, puebleros de Alla ite, si viven en las pequeñas ciudades en que se han convertido las viejas “Tekhoa Guazu kuera“, pero adaptados a la  sociedad post colonial de las repúblicas de Argentina, Paraguay y Brasil. Ciudadanos en fin que conservan su  impronta guaraní. Por ello a Corrientes se le llama la provincia guaraní o “Taragui”.

Por el contrario los guaraní mbya que decidieron apartarse a los bosques y no aliarse con los jesuitas, si bien han mantenido su espíritu guaraní menos mixturado que los “tapes” o gauchos correntinos, también es cierto que estan muy aislados al no integrarse y costarles más comprender  las características de la sociedad global.

Los guaraníes mbya y otros que no perdieron su identidad aún mantienen vivo a Ñamandu y buscan la tierra sin mal.  Los ex-guaraníes  ”Ava Tape”  son en cambio ciudadanos argentinos, paraguayos  o brasileros  que hablan guarani y creen en la Virgen de Itatí, San La Muerte y el Gauchito Gil, poderes sincréticos, herencia de estos siglos de evolución.

No se trata aquí de ver cual es “mejor” solo de constatar dos caminos para sobrevivir, dos formas de buscar la continuidad. Son el resultado de una vieja elección:  la guerra o la alianza.

Para saber más leer “El hombre guaraní como palabra y acción

En la próxima entrada veremos  las razones que expusieron los partidarios de la alianza y los partidarios de la guerra,  en las selvas cercanas a lo que hoy es el santuario de la virgen de Itatí.

Bibliografía
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NOTAS Y BIBLIOGRAFIA
  1. Actualmente lo siguen haciendo, véase nuestra entrada “El hombre guarani como palabra y acción” sobre el caso del antropólogo argentino Miguel Bartolomé []
  2. Los Karios fueron los primeros aliados de los españoles desde 1539 al firmar un acuerdo de colaboración con los restos de la expedición de Pedro de Mendoza, por la cual los europeos les ayudaban en su guerra con otros guaraníes como los Agaces e Itatinguas y ellos les asistían logisticamente en su búsqueda del IncaVéase por ejemplo en fuentes clásicas como Ulrich SchmidlViaje al Río de la Plata y el Paraguay“, Editorial Biblioteca Virtual Universal, o también en Alvar Nuñez Cabeza de VacaRelación y Comentarios” Publicado por DIBAM, Dirección de Bibliotecas y Museos del Gobierno de Chile. Para saber mas de los Karios y su importancia en la lengua actual del PAraguay, Brasil y Argentina véase también Zarratea, Tadeo. “El Guaraní Paraguayo“ El dialecto Kario es una variante regional del Ava Ñeé o lengua guaraní que hoy día se habla en Paraguay y Argentina a ambos lados del Río Paraná, sobre la costa del río Uruguay y el Brasil se hablan otros dialectos. []
  3. Rosana Bond. “História do Caminho de Peabiru – Descobertas e segredos das rota que ligava o Atlântico ao Pacífico”, Ed. Editora Aimberê, Santa Catarina. Brasil. 2011. Los hitoriadores brasileños han investigado este camino que usaban los inkas para contactar con los pueblos de las tierras bajas y los guaraníes para entrar al Tawantinsuyu. Véase el vídeo “De lá pra cá, O Caminho do Pearibu”

    []

  4. Centro Cultural Latinoamericano. Gobierno del Brasil. []
  5. Yo mismo investigué este tema cuando estaba en la facultad de Antropología en los 80. Y Don Felix Luna  lo publicó en su revista “Todo es Historia”, vease “Personas y Jaguares“, Nº 180, pg.52 Buenos Aires. 1984. []
  6. Abundan las referencias a concentraciones de diversas parcialidades o subgrupos de guaraníes incluso a veces aliados con charrúas, chanáes o querandíes, por ejemplo en Ulrich Smidl, Ruy Díaz de Guzmán, Bernardo Nusdorfer  y en las “Cartas Annuas” de los jesuitas”. []
  7. En “Continuación de las labores apostólicas” del padre Antonio Sepp de la orden jesuita EUDEBA, Buenos Aires 1973. El músico y sacerdote italiano Antonio Sepp paso gran parte de su vida en Yapeyú, provincia de Corrientes y fue uno d elos grandes impulsores del barroco guaraní que luego dio pie al estilo musical denominado actualmente chamamé. Escribio un par de libros muy interesantes donde relata muchísimos hechos vividos por el mismo en el seno de la sociedad guaraní a la que brindó gran parte de su vida. Este libro sepublico por primera vez en 1733. []
  8. Lo mejor es leer el hecho en palabras de uno de los protagonistas que estuvo en las conversaciones, Antonio Sepp, Jardín de Flores Paracuario“, Véase la versión digital de este clásico de la literatura jesuita. haciendo click sobre el enlace del título de la obra. []
  9. ibídem []
  10. Véase Pierre Clastres. en “Investigaciones en Antropología Política”. Ed Gedisa. 2010 []
  11. Jean Baptiste Debret vivió en Brasil a principios del siglo XIX y retrato la vida de guaraníes y otros personajes del Brasil colonial, Click para ver más imágenes  []
  12. Podemos verlo en esta entrada hombre guarani como palabra y acción  []
  13. Leonardo Werá Tupã de la localidad guarani de Morro de los Caballos en Santa Catalina, Brasil, difunde la cultura de su pueblo y ha investigado la vida del comandante guaraní  Sepé Tiaragú (Djekupé A Djúdurante la guerra guaranítica de 1750  que acabó con siete de los 30 pueblos guaraníes, para ello no solo utiliza los documentos históricos sino tambien las tradiciones orales guaraniesVease más  Información sobre Wera Tupa []

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