Por fin una Historia que te va a gustar

Estados precolombinos y repúblicas post-coloniales

La doble ruptura en la historia de América Latina

 

 

En America Latina un tipo de análisis histórico que indague en la continuidad de instituciones de larga duración es escaso ya que hay una evidente percepción de ruptura entre el mundo precolombino y el colonial  por una aparte y entre el mundo colonial y el post colonial por otra. Esa percepción es general en la sociedad y se traslada a los estudios históricos.

La primera ruptura referida al mundo precolombino y el colonial se dió porque los traumáticos acontecimientos que sucedieron durante la invasión y sometimiento de las sociedades indígenas a las potencias europeas provocaron un corte en el relato de los hechos que hoy se refleja en las fuentes historiográficas clásicas. La historia se escribió como si hubiera empezado con la llegada de los europeos y africanos.Y en cierta medida fue así, dado que los acontecimientos comenzaron a quedar escritos a raíz de que los europeos portaran la misma escritura que hoy usamos y esa escritura incluía su visión del mundo, visión del mundo que, al popularizarse la lectura comenzó a utilizarse para educar a millones de niños, durante generaciones.

Este corte es independiente de la postura ideológica del historiador, y vale tanto para los defensores de la leyenda negra o la leyenda rosa de la conquista. Ambos polos ideológicos están encuadrados en el mismo paradigma que declara que la historia comenzó en 1492. Ni siquiera los escritores indigenistas escapan a este postulado. Dado que en su afán por defender lo indígena sobre lo europeo acentúan el corte para declarar que el origen de la decadencia de los indios fue la invasión de los europeos. Nada más lejos de nuestra posición que no tiene nada que ver con la defensa del indio. El indio ya se ha defendido solo durante quinientos años y no necesita que lo venga a defender nadie.

El segundo corte en nuestra historia es la ruptura entre el mundo colonial y el post-colonial, y se produce  cuando la necesidad de reafirmación y diferenciación de las nuevas repúblicas post coloniales frente a la metrópoli promovió un relato y una historiografía de negación o minimizacion de la metropoli colonial, interpretación que en el mejor de los casos relegaba el período colonial a meros antecedentes de lo realmente importante que vendría a ser el período independiente, agravado por el hecho de que tanto España como Portugal iniciaron un largo período de decadencia.

Este corte en la percepción de la historia, aunque probablemente justificada en la necesidad de reafirmación de las jóvenes repúblicas no puede ser sostenida por una historia objetiva, que no debería escribir para una audiencia o un gobierno de turno sino que interpreta documentos de forma lo más desapegada posible.[1]

Y lo que las fuentes dicen es que más allá del discurso revolucionario propio de todo proceso de independencia las repúblicas post-coloniales surgidas en el siglo XIX mantuvieron vigentes la mayoría de las instituciones coloniales, que a su vez se habían fundamentado en gran parte de las instituciones pre-colombinas. Y aquellas instituciones coloniales que finalmente desaparecieron -en el caso de las que desaparecieron, porque muchas se mantienen hasta nuestros días- fue más por su propia evolución interna o por necesidad y no por su caracter “colonial”.

¿Ejemplos? Todos. Piénsese en la lengua del estado que continuó siendo la de la metrópoli, en la clase dirigente post-colonial formada en su mayoría por las mismas familias criollas que ya estaban involucradas en el gobierno colonial, en las jurisdicciones territoriales de las nacientes repúblicas que mantuvieron las mismas de la colonia (que a su vez se habian fundado en los estados precolombinos) y sobre todo, piénsese en la economía, que mantuvo el mismo modelo del los últimos años del imperio, modelo en el cual, la independencia lejos de suponer una ruptura continuó las tendencias que ya estaban en marcha bajo la administración colonial.

Por ejemplo ha fines del siglo XVIII se había producido una ruptura económica de hecho entre las colonias españolas y la metrópoli, y Gran Bretaña ya se había convertido en la principal fuente de importación hacia hispanoamérica. Solo en 1798, 186 barcos que zarparon de Cádiz tuvieron que volver a la metrópoli sin llegar a los puertos coloniales y el contrabando practicado en puertos como el Río de la Plata y Venezuela que era estructural y se remontaba al siglo XVII se incrementó.

En otras palabras, no fue la independencia de las repúblicas post-coloniales la que produjeron los cambios sino que esa su independencia se debió precisamente a cambios que ya se estaban produciendo en el seno del la colonia, y esos procesos continuaron después de la independencia.[2]

A fines del siglo XVIII y pesar de su poderosa flota, España ya no podía seguir controlando la colocación de comodities provenientes de Latinoamérica en el mercado europeo.
En la imagen el “Santísima Trinidad” buque insignia de la flota española, construido en La Habana en 1769 era el buque de guerra más grande del mundo, se le conocía como “El Escorial de los Mares” contaba con una tripulación de 1.071 plazas, algo inédito en aquella época. (Ilustración de “Galeones Bajo el Mar”).[3
 
 

stas dos disrupciones o “cortes” en la historia contribuyeron a que las diversas corrientes de investigación histórica originadas en el mundo luso e hispano americano forzaran dos “re-inicios” de la historia en el orden del relato. Es como si en América Latina la historia hubiera sufrido dos interrupciones, una en el siglo XVI y otra en el XIX.

Además y dado que estas percepciones fueron incorporadas a la educación escolar, nos encontramos ante generaciones de personas que creen que la historia se reinició dos veces en esta zona del mundo, en el mejor de los casos, y en el peor, que todo comenzó a principios del siglo XIX.

Lo historiografía tradicional ve la continuidad histórica de Latinoamérica más o menos así:

Es decir, como tres procesos independientes, apenas influenciados unos por otros, con un corte evidente entre cada uno de ellos.

Los hechos históricos por supuesto, contradicen estas creencias y demuestran que se trata en realidad de un único proceso en el cual se pueden encontrar diversas etapas, estas tres etapas del gráfico son obvias pero también habría otras.

Ahora bien, si tanto los cronistas de la conquista como los historiadores post coloniales desarrollaron su relato dentro de este paradigma del doble reinicio ¿Dónde podemos encontrar la continuidad de la que hablamos?

La respuesta es: en todos los hechos históricos de cualquier orden de la vida  que hayan dejado un rastro reconocible, desde el momento en que sucedieron y hasta nuestros días, siempre y cuando reconozcamos que la historia no se interrumpió, que las sociedades que habitaban esta tierra antes que nosotros eran maduras, tenían proyectos políticos, modelos de explotación, sistemas económicos, tecnologia, ciencia etc y que fueron evolucionando con los aportes europeos y africanos durante la colonia y el período post colonial.

Aceptar también que el fin del período colonial no significó tirar por la borda todo lo que estaba sucediendo, que las republicas post-coloniales se fundaron sobre las instituciones coloniales que a su vez se habían fundado sobre las instituciones indígenas. Hubo cambios y revoluciones, es evidente. Pero el continuum no se rompió.

La Mit’a. Un ejemplo de continuidad institucional precolombina

La mit’a es un dispositivo de explotación de materias primas aún vigente en la zona andina aunque durante la colonia se expandió también a las tierras bajas. El concepto de Mit’a incluye logística, recursos humanos y materiales y sobre todo know how es decir, conocimiento basado en la experiencia con fines político-económicos.

Durante cientos de años la Mit’a fue transformándose, desde las épocas pre-incaicas hasta la actualidad, permitiendo a gobernantes del Tawantinsuyu, la colonia y las repúblicas post coloniales convertir los recursos naturales en comodities.  Mediante este proceso el modelo basado en la Mit’a podía sostener la economía del estado al mismo tiempo que las clases dirigentes obtenían rédito político de la redistribución de la riqueza generada.

A los últimos gobernantes inkas les permitió dar al imperio dimensiones continentales. Los españoles por su parte y apoyándose en el capital alemán, lograron conectarla con el mercado europeo y financiar sus proyectos imperiales. Finalmente los gobiernos de las repúblicas la usaron para posicionarse en le mercado global.

Ilustración de Huaman Poma de Ayala quien tuvo oportunidad de conocer la mit’a inka aún vigente a fines del siglo XVI.[4]

 

La Mit’a era un dispositivo de explotación de recursos  naturales, de redistribución de excedentes y de acumulación de poder político re-diseñada por el gobierno inka en base a tradiciones andinas milenarias que a principios del siglo XVI vertebraba la economía del imperio inka brindando a sus doce millones de habitantes una serie de servicios sociales, sanitarios y educativos envidiables para la época.

Durante la colonia los españoles la mantuvieron como sistema de control y extracción de excedentes a lo largo de 300 años, pues Potosi no era la montaña física, era la Mit’a en tanto modelo económico que permitía su explotación conectándola con el capital europeo. Finalmente, cuando la revolución provocó la fragmentación del imperio español en las republicas  post-coloniales, cada gobierno la mantuvo. Durante el proceso de independencia, el 60% de las rentas del estado boliviano por ejemplo provenían de esta estructura tradicional a la vez productiva y de organización socio-cultural.

“El nuevo Estado (Bolivia) estaba quebrado. Las minas fueron abandonadas. Y, pese a las bonitas palabras en la constitución redactada por Bolívar (supresión de la mit’a, los servicios personales y los tributos indígenas), el nuevo Estado pronto tuvo que recurrir a la explotación del trabajo de los indígenas para sostenerse. 

A fines del siglo XVIII, el tributo indígena representaba apenas el 25% de las rentas del Estado. A comienzos de la independencia, como no había otras fuentes de riqueza, el tributo indígena pasó a ser el 60% de los ingresos del Estado.” [5]

La influencia de esta estructura política, social y económica ha sido muy importante en  todos las países del área andina, incluso también a Brasil y las zonas no andinas de Argentina, economías cuyo desarrollo estuvo fuertemente ligado hasta épocas recientes al epicentro andino. Por tanto su alcance ha sido continental, incluyendo a millones de personas durante siglos. Es lo que los antropólogos denominan una institucion de larga duración. Sin embargo su presencia en el relato histórico no ha ido de la mano de su importancia real.

tro tanto podríamos decir de los grandes mercados e intercambios comerciales realizados entre las sociedades andinas y las culturas de las tierras bajas cuya evidencia tenemos desde antes de la llegada de los europeos, con sus rutas comerciales uniendo la costa atlántica y los contrafuertes andinos y prefigurando una estructura socio-económica que al conectarse con el mercado europeo en el siglo XVI a través de las alianzas entre franceses, ingleses, portugueses y españoles con guaycurúes, chana-timbú, guaraníes y charrúas dio lugar al extraordinario flujo de intercambio de materias primas por tecnología y capital. Los historiadores portugueses llaman a este período “Primera Globalización” y los nuevos modelos historiográficos están integrando estos intercambios económicos a dicho proceso.[6]

Los grandes mercados de las tierras bajas

“Mercado Guazú” (Mercado grande).  Ilustración de Ignacio Nuñez Soler

Durante siglos los excedentes producidos por la sociedades de los andes y las tierras bajas se intercambiaron en grandes mercados estacionales situados generalmente en puntos estratégicos como la desembocadura de los grandes ríos que bajaban de los andes a los llanos y pampas. Por ejemplo el río Kachi Mayu (río salado) que confluía con el Paraná en la ciudad Chaná-timbú de Qaraqara Añág, hoy ciudad de Carcaraña en Santa Fé, Argentina. O el mercado ubicado en la confluencia del río Pilko Mayu con el río Paraná, en la antigua ciudad guaraní de Lambaré, hoy conocida como Asunción del Paraguay.

Una de las primeras descripciones de estos mercados data del año 1540 cuando el Andaluz Alvar Nuñez Cabeza de Vaca conoció el mercado de Lambaré donde se comerciaban bienes y servicios de las sociedades chaqueñas con los guaraníes:

(Los guaycurúes)…venían de ocho a ocho días a la ciudad, cargados de carne de venados y puercos monteses, asada en barbacoa. Esta barbacoa es como unas parrillas, y están dos palmos altas del suelo, y son de palos delgados, y echan la carne escalada encima, y ansí la asan; y traen mucho pescado y otros muchos mantenimientos, mantecas y otras cosas, y muchas mantas de lino que hacen de unos cardos, las cuales hacen muy pintadas; y asimismo muchos cueros de tigres y de antas y de venados, y de otros animales que matan; y cuando así vienen, dura la contratación de los tales mantenimientos dos días, y contratan los de la otra parte del río que están con sus ranchos; la cual contratación es muy grande, y son muy apacibles para los guaraníes, los cuales les dan, en trueque de lo que traen, mucho maíz y mandioca y mandubis, que es una fruta como avellanas o chufas, que se cría debajo de la tierra; también les dan y truecan arcos y flechas; y pasan el río a esta contratación doscientas canoas juntas, cargadas de estas cosas, que es la más hermosa cosa del mundo verlas ir; y como van con tanta priesa, algunas veces se encuentran las unas con las otras, de manera que toda la mercaduría y ellas van al agua; y los indios a quien acontesce lo tal, y los otros que están en tierra esperándolos, toman tan gran risa, que en dos días no se apacigua entre ellos el regocijo; y para ir a contratar van muy pintados y empenachados, y toda la plumería va por el río abajo, y mueren por llegar con sus canoas unos primero que otros, y ésta es la causa por donde se encuentran muchas veces; y en la contratación tienen tanta vocería, que no se oyen los unos a los otros, y todos están muy alegres y regocijados.” [7

Luego de la invasión europea los excedentes intercambiados en estos mercados se incorporaron al circuito comercial transatlántico muchas veces de forma paralela al circuito oficial colonial, lo que para las autoridades coloniales era considerado contrabando. Así, mientras que el Kápac Ñam, el sistema vial inka que unía Potosí con Tucumán y el Río de la Plata continuó siendo usado por el gobierno colonial para conectar oficialmente Europa con los andes a través de la flota de galeones, el Pe Avirú, el viejo camino guaraní que unía los andes con el Atlántico continuó siendo utilizado por charrúas entrerrianos y uruguayos, gauchos cimarrones y bandeirantes brasileños para transportar los excedentes de los grandes mercados a los puertos del atlántico donde aguardaban barcos contrabandistas ingleses.

 

Debemos entender que los mercados de intercambio entre las tierras bajas y los Andes son una institución de larga duración que se mantiene desde tiempos precolombinos hasta la actualidad y al igal que la mit’a andina posee fuertes connotaciones económicas. En realidad se trata de una macro-estructura socioeconómica diseñada racionalmente por las sociedades precolombinas para intercambiar excedentes entre los andes y las tierras bajas y que luego tuvo mucho que ver con los procesos de independencia, las guerras civiles y conflictos internacionales del siglo XIX y XX, guerra de la Triple Alianza (1864) y Guerra del chaco (1932) incluídas, procesos en los cuales estuvieron involucrados Bolivia, Brasil, Paraguay, Argentina, Uruguay, Reino Unido, Francia y Alemania. Una macro estructura económica que hunde sus raíces en tiempos precolombinos y atraviesa los quinientos años que nos separan desde que las primeras crónicas los describieron.

Las cronicas ya nos hablan de mercados estacionales entre andinos y guaraníes a la vera de los grandes ríos Paraná, Kachi Mayu (Salado), Paraguay o Pilko Mayu (Pilcomayo), nos hablan de las rutas del contrabando charrúa entre la costa del Brasil y Buenos Aires y la identificación de comodities por parte de los auxiliares indios de los primeros exploradores europeos: metales, reservas de agua dulce, grandes superficies fértiles, maderas preciosas, ganadería. Los mismos que hoy interesan a los inversores interesados en Latinoamérica.

La vigencia de la instituciones indígenas de larga duración

oy, frente a la crisis sistémica que vivimos y un mercado de capitales global y ubicuo, la identificación, gestión y preservación de comodities que nuestro continente atesora y que son su mayor activo, nos obliga a no desdeñar los conocimientos que las viejas tradiciones regionales nos puedan aportar. No solo para saber donde están, sino también como  preservarlas, como explotarlas de forma sostenible.

Todavía muchas de nuestras tradiciones culturales antiguas de las que somos herederos tienen algo que decir ante los desafíos de la crisis global. El conocimiento como fuente de beneficios económicos es un hecho y precisamente es el conocimiento lo que más comienza a tener valor en el nuevo sistema económico que se esta configurando.

Hace unos años, en Inglaterra tuvimos la oportunidad de conocer un grupo de investigadores dedicados a conectar los conocimientos de las tradiciones indígenas sudamericanas con el mercado farmacéutico global. Identificaban las propiedades curativas de las plantas tradicionales y las reproducían en condiciones de laboratorio para su oportuna comercialización.

Tal vez, si no ponemos en valor estos conocimientos, terminemos comprando la medicina que sintetiza las propiedades de la planta que nuestra abuela utilizaba en sus remedios caseros. Y los costes y la dependencia que ello implica será responsabilidad nuestra, no de las empresas que supieron generar negocios donde nosotros solo veíamos “folklore” y creencias populares.[8]

La Escuela de Negocios de la Universidad de Cambridge lleva siglos identificando materias primas, negocios y otros activos en el mundo para su oportuna explotación. Esa información esta al servicio de las empresas de su Bussines Network

Son solo ejemplos, pero nos muestran que si ampliáramos el punto de mira comenzaríamos a ver una serie de estructuras históricas y de fuentes de conocimiento que a pesar de su importancia han sido minimizadas o relegadas a ciencias “auxiliares” como la etno-historia.

Creemos que la Historia puede colaborar con este proceso de reconstrucción de nuestra continuidad reconstruyendo el enlace perdido en nuestro devenir. Pero. ¿Dónde está la continuidad?

Si analizamos cualquier hecho de carácter práctico que no requiera de una re-elaboración mental traducida a un relato, podremos encontrar evidencia de la continuidad que buscamos. Nos referimos a las infraestructuras de producción y de comunicación, a los niveles de organización social y a los conocimientos y tradiciones culturales necesarios para cohesionar y mantener las sociedades latinoamericanas, desde el siglo XV hasta la actualidad.

Es una continuidad que se hace evidente en el sistema clasificatorio de nuestra tierra. En la lógica que esta detrás de los nombres de los ríos, lagos, montañas, valles, desiertos, salares, grutas, minas, selvas, parajes, caminos, aldeas, ciudades, provincias, países y en toda la matriz de nombres que designan nuestra geografía.

En la lógica que esta detrás de los relatos, sucesos, cuentos, medicinas, recetas de cocina, poemas, canciones, instrumentos musicales, danzas, ceremonias, y en general toda la cultura, la tradicón y el “folklore” de nuestros países.

Así, lograremos ver que las ciudades “fundadas” por los conquistadores eran en realidad ciudades precolombinas, que los caminos diseñados, creados y recorridos por los indios son los mismos que recorrerán los colonizadores y luego los ejércitos republicanos y ahora nuestras carreteras, y que cuando decimos “camino” no pensamos sólo en la infraestructura física -que también- sino en la cultura que sustenta el camino, en los mapas mentales, las tradiciones heredades de padres a hijos, tambos y postas, ciclos climáticos y fechas relevantes para la circulación y la conexión entre poblaciones productoras y consumidoras.

Si prestamos atención a estas fuentes de información observaremos como muchas formas de organización social e incluso instituciones que cohesionaban la sociedad de los siglos XV y XVI se mantienen en el siglo XIX y en la actualidad, aunque bien es cierto que con la lógica evolución que toda institución tiene.

Este es el punto de vista que sostenemos en este blog, lo aprendimos de la arqueología la cual al no poder atenerse al relato escrito depende menos del paradigma de la doble ruptura histórica. Los arqueólogos no ven surgir de la nada las ciudades fundadas por los europeos. Por el contrario ven asentamientos humanos de miles de años, explotando un ecosistema sin solución de continuidad. Es revelador observar una fría secuencia estratigráfica y constatar como realmente no hay ruptura sino continuidad.

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Próxima entrada: La primera globalización

“…Es verdad que para los europeos América fue un nuevo mundo pero no para los americanos para quienes su mundo era ya antiguo y siguió siéndolo. Para ellos lo nuevo fue descubrir que existía Africa, Europa y Asia, pero ¿Qué era lo que conocían y como lo usaron en provecho de sus intereses políticos?…”

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Notas bibliogáficas

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NOTAS Y BIBLIOGRAFIA
  1. Desapego no es lo mismo que falta de compromiso, incluso es distinto de “neutralidad”. Se puede estar profundamente comprometido con una interpretación del mundo y a la vez actuar con desapego. Utilizo la palabra “desapego” en el sentido que la utiliza el budismo zen, en tanto shin jin datsu raku a saber, abandonar el cuerpo y el espíritu. Como dice el maestro  Taisen Deshimaru es “…el camino para retornar a la condición original“. En este sentido, acometer las evidencias históricas con desapego significa encontrar -retornar a- las condiciones originales en que fueron vividas por los protagonistas del hecho histórico, más alla de nuestro compromiso. Para conocer más sobre este método en las ciencias recomiendo leer “Zen y Autocontrol” de Taisen Deshimaru y Yujiro Ikemi. Editorial Kairós. Barcelona 1990. Pg. 127 y “Antropología del Budismo” de Juan Arnau, Ed. KAirós. BArcelona. 2006. Pg. 89 “La vacuidad” []
  2. D. Brading. “La España de los Borbones y su imperio americano”, en “América Latina en la época colonial”. Cambridge University Press. Barcelona. 1990. Pg. 306. []

  3.  Pep Ribas. Ibiza. 2010. []
  4. Guaman Poma, Nueva corónica y buen gobierno (1615). Edición digital en Det Kogelige Bibliotek. Biblioteca Real de Dinamarca []
  5. Véase  el Seminario de Procesos Históricos de Bolivia, Pg.6 CEDIB Cochabamba, Bolivia. Noviembre de 2006. Para ver la versión on line haga click aquí   []

  6. Por ejemplo el historiador portugués y experto en los procesos de expansión europea  Jose Carlos Lopes de Miranda explica como esos procesos fueron documentados a través de instituciones tales como el archivo vaticano: “…como la iglesia tenía en realidad una estructura basada en instituciones de larga duración originadas en el imperio romano, mucha documentación de política de estado se fue acumulando en esos registros como por ejemplo el “Tabularium” o registro heredado directamente de la organización del imperio romano, donde se guardaban las relaciones y documentación entre los estados soberanos, dando continuidad de hecho a una institución mucho más antigua que el archivo vaticano en sí. En realidad no son pocas las instituciones a las que les ha sucedido esto, nuestro registro civil por ejemplo es un calco del registro de bautismos. Del mismo modo estas fuentes fueron simplemente absorbiendo nueva documentación en registros que venían de una estructura anterior y poco a poco y sobre todo en la edad moderna sus gestores se fueron dando cuenta del valor de esa documentación. Así que la continuidad de los registros de la iglesia se deben en gran medida a que frente a las situaciones de caos o falta de gobierno, en los momentos en los cuales hubo un déficit de las funciones del estado, la iglesia cumplió la función de puente, de transición…”. De la misma forma con la primera globalización producida en el siglo XVI, los portugueses, ingleses, españoles y holandeses al extender sus instituciones en América, Africa y Asia dieron pie a que numerosas sociedades adoptaran algunas de dichas instituciones como el derecho por ejemplo a través del cual los líderes indígenas dirimían pleitos entre ellos o con la colonia, en este contexto, los escritos de cronistas, notarios, y funcionarios coloniales registrando la actividad de los mercados latinoamericanos del siglo XVI nos permiten ver simultáneamente como era el flujo de intercambios comerciales precolombinos entre la zona andina y las tierras bajas y como éste flujo se incorpora al circuito comercial transatlántico.

    Véase Jose Carlos Lopes de Miranda y otros en  Arquivo Secreto do Vaticano, Expansão Portuguesa – Documentação   . Esfera do caos editores. Lisboa. 2011. []

  7. Véase Alvar Nuñez Cabeza de Vaca “La relación y comentarios del gobernador Don Alvar Nuñez Cabeza de Vaca. Col. Crónicas de América. Madrid: Dastin, 2000. Véase la edición digital “Comentarios de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca” Capítulo XXXI, al final. La ilustración del Mercado Guazú pertenece al artista paraguayo Ignacio Nuñez Soler reflejó la vida de la sociedad paraguaya de fines del XIX y primera mitad del siglo XX en sus obras. Véanse más obras de Ignacio Nuñez Soler. La pequeña ilustración de los guaraní en el río junto al texto del mercado de Alvar Nuñez pertenece al ilustrador Aldo Chiappe  []
  8. Esto fue durante una ronda de inversionistas interesados en tecnología organizado por la Escuela de Negocios de la Universidad de Cambridge en Julio de 2008, más información en Cambridge Ignite Sponsorshipes []

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