Por fin una Historia que te va a gustar

Guaraníes contra Inkas. El ataque de las tierras bajas

Detras de la máscara, los conflictos internacionales del siglo XVI

Una visión renovada de las fuentes documentales europeas y la aparición de nuevas fuentes nativas permiten vislumbrar las estrategias políticas de las sociedades sudamericanas.

ntre 1570 y 1580 se fundan en le Río de La Plata las ciudades españolas de Santa Fé, Buenos Aires y Corrientes como parte del plan estratégico hispano-inka de “abrir la puertas a la tierra”. El clan vasco de los Ortiz de Zárate llega a la zona de la mano de sus aliados de la Panaka o casa noble Inka Yupanki. Ambas familias enlazadas mediante matrimonio invirtieron su riqueza y esfuerzos diplomáticos tanto en el Perú como en España para posicionarse en el Río de la Plata.

Su objetivo era asegurar una ruta alternativa a la de Centro América con el fin de conectar las riquezas del Potosí recientemente reveladas por Manko Inka, quien desde su reino de Vilcabamba, intentaba negociar su supervivencia ofreciendo la inmensa riqueza de las minas de plata demandadas por el mercado Europeo.

Desde la ciudad de Choqechaka (Chuquisaca, hoy Sucre, Bolivia), capital del Reino Charka, políticos inkas y mallkus andinos financiaban intervenciones de los españoles en las tierras bajas para proteger sus  tierras de los ataques guaraníes, es el caso de la princesa inka Leonor Yupanki Palla quien participó en la política seguida hacia las tierras bajas del Tucumán y Río de la Plata durante más de 40 años,  en un segundo plano pero de forma constante, primero a través de su marido, el Adelantado Juan Ortiz de Zárate, a la muerte de éste a través de su yerno, el Licenciado Juan Torre de Vera, fundador de Corrientes y finalmente a través de su nieto Juan Alonso de Vera y Zárate, también Adelantado del Río de la Plata y Gobernador del Tucumán.

En el Río de la Plata, jefes político-militares españoles como Juan de Garay, apoyados militar y logísticamente por poderosos hacendados andinos como Kunti Wallpa y Hacha Angara se enfrentaron a los Chandú, los guaraníes del las islas que habitaban las ciudades guaraníes de Maracopá e Igapopé en el Delta del Paraná y controlaban la desembocadura del Río de la Plata.

La herramienta político-militar de estos guaraníes eran las alianzas realizadas mediante Noongába, Concilios, en los cuales se ponían de acuerdo diversos líderes, representantes de sus Tekohas o comunidades, para acciones diversas tales como ofrecer una alianza a exogrupos -charrúas y querandíes-, realizar expediciones para encontrar el Yvy Mara He’y la, Tierra-Sin-Mal o inlcuso atacar el Tawantinsuyu Inka.

Dado el permanente estado de negociación en que vivían las ciudades guaraníes, en muchas ocasiones estos líderes no se ponían todos de acuerdo, por eso vemos que algunos van a aliarse a los españoles y otros a combatirlos.  Por ejemplo a los Mburuvichás Taoavá y Eraán los encontramos junto a Juan de Garay en la segunda fundación Buenos Aires, mientras que al Mburuvicha Terú y al líder religioso, Karaí Yamandú los veremos atacar a Garay una y otra vez hasta finalmente hacerlo matar mediante un operativo comando ejecutado por minuanos.

Pero lo que sí tenían en común los jefes guaraní era que operaban a través de un dispositivo político-militar estable que incluía la confederación con charrúas del Suaj Zapicán, minuanos del Suaj Manuá y una pléyade de pequeños liderazgos  querandíes y chanáes aliados. Esta confederación era la misma que 35 años antes había puesto en pie de guerra 10.000 hombres armados y rechazado la cabeza de playa que Pedro de Mendoza bautizara como puerto de Buenos Aires.

Los mancebos de la tierra, guaraní-hispano o tupí-lusitano, pensaban como sus madres guaraníes y luchaban como su padres europeos.

Por su parte los europeos sobre el terreno eran muy pocos. Aún contando a “los mancebos la tierra” sus hijos mestizos que los apoyaban, no llegaban a 200. En la recientemente fundada Santa Fé habitaban 82 personas que respondían a la corona española, de las cuales solo 12 eran españoles peninsulares, en Buenos Aires eran aún menos, seis peninsulares y sesenta mancebos hispano-guaraní.

En su conjunto en cambio los guaraníes  en la zona eran decenas de miles.  A pocos kilómetros de Santa Fé, Igapopé y Maracopá por nombrar solo las ciudades más relevantes políticamente en el Río de la Plata, estaban habitadas cada una por alrededor de 3.000 tabiguará, ciudadanos en guaraní. Los cronistas de la época nombran más de diez ciudades guaraníes en las islas de los ríos Parana y Uruguay.

Es notable que en la historiografía tradicional mientras que a las incipientes localizaciones europeas se las llama “ciudades” a las guaraníes, mucho más grandes, ni siquiera se las nombra.  Al menos era la visión que tenían los historiadores del siglo XX dado que actualmente comenzamos a ver investigaciones más actualizadas. Por su parte los cronistas y testigos de la época que vieron con sus propios ojos aquellas ciudades o incluso vivieron en ellas, sí que las llaman correctamente ciudades, dado que para ellos eran importantes, bien porque las necesitaban para comerciar o bien porque directamente las atacaban.

El lansquenete alemán Ulrich Schmidl que entre 1536-1554 convivió con timbúes, charrúas y guaraníes distingue entre “pueblo o ciudad”,  fleckhen order stet. Describiendo claramente las diferencias entre unos y otras.  En cambio la historiografía tradicional o bien las ignora o bien las denomina “aldeas”. Por supuesto el tamaño importaba y mucho, dado que el peso de los actores en el escenario político y económico de la época tenía una relación directa con la cantidad de habitantes de uno y otro tipo de asentamiento.

Por supuesto, los guaraníes además de las grandes tavas o ciudades tenían también aldeas a las que llamaban myry, siendo sus habitantes llamados Avá rêtâ myry, aldeanos. Pero el poder político estaba en las ciudades como Igapopé, donde residían las diversas comunidades políticas, las tekoha.

 

El verdadero gran enfrentamiento político del siglo XVI en América del Sur

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l siglo XVI es una época en la cual toda la política sudamericana gira en torno al enfrentamiento entre dos grandes colosos de alcance continental. El Tawantinsuyu pluri-étnico por un lado y las numerosas e inestables confederaciones de ciudades guaraníes por el otro.

Y este enfrentamiento es el que realmente va a dominar prácticamente todo el siglo XVI. Durante este período los líderes y habitantes de las sociedades sudamericanas no percibieron a los invasores europeos como algo relevante. La visión historiográfica donde todo gira en torno a los conquistadores y colonos extra continentales es una consecuencia de que se haya reconstruido la historia basándose en exclusiva en documentos europeos. Por supuesto que para los protagonistas europeos que escribieron las crónicas y otras documentaciones administrativas lo más importante eran ellos mismos. Pero eso no significa que su presencia haya sido realmente relevante para inmensa mayoría de los habitantes nativos y de sus gobiernos.

Lo realmente relevante, lo que ocupaba gran parte del escenario político del subcontinente en ese momento era el enfrentamiento entre un estado hegemónico de alcance continental como el inka  y las fuerzas no menos hegemónicas de las confederaciones guaraníes, enfrentamiento que además llevaba desarrollándose más de un siglo y el cual absorbía la política y la economía sudamericana. Por eso el guaraní y el quechua van a ser las lenguas generales durante la colonia.

En abril de 1541 el Veedor Cabrera esta viviendo en una “casa fuerte” dentro de la ciudad guaraní de Lambaré a la que los españoles llaman Asunción. Cabrera, que es consiente de su inferioridad frente a los jefes políticos de la ciudad Mburuvichás Atambané y Guaray, escribe al Capitán Irala que en ese momento se halla en el puerto de Buenos Aires:

“…para los conservar y thener syguros en nuestra amystad (a los guaraníes) nos convyene y es muy necesario hazer guerra a los yndios que son sus enemygos y nuestros, lo qual no se podra hazer de manera que lo podamos acabar con la Reputacion que nos convyene porque syendo nosotros pocos por nos divydir e apartar por dexar gente en este puerto no seremos parte para hazer ny cometer nyngun negocio grande donde claro se los manyfestara thener temor, el qual les dara atrevymiento e causa para nos thener en poco o como no les demos guerra contra aquellos a quyen ellos tyenen por enemygos y desean destruyr ynmediatamente volveran las armas y  guerra contra nosotros por pensar que como gente poco poderosa nos podran acabar y echar de la tierra.”

Este es un reconocimiento explícito de como los españoles se ponían al servicio de los intereses de los mburuvicha guaraníes. No solo en la dinámica de enfrentamientos contra guaycurúes y otros enemigos del chaco sino más exactamente contra los Qara-qara, los “Señores del Metal” dentro de las fronteras militarizadas  del Tawantinsuyu. Pues agrega:

” …como por parte de los dichos yndios aseydo Requerydo muchas vezes que vamos a la guerra contra los yndios que dizen ser señores del metal ofreciendose yr en su compañia y se les ha Respondido dandoles esperanzas que a plazos muy breves se conçedera a su deseo e yremos ellos”

Para las sociedades de las tierras bajas, en la segunda mitad del siglo XVI el poder seguía emanando de los Andes, y los líderes guaraníes continuaban enfrentándose a esa hegemonía intentando expandir la suya, atacando el imperio inka y guaranizándo o intentando guaranizar simultáneamente  al resto de las sociedades sin estado de las tierras bajas.

Para la década de 1580, a pesar de que ingleses, franceses, holandeses, alemanes, portugueses y españoles venían visitando y comerciando con las sociedades de la costa del Brasil desde hacía más de 80 años, a pesar de que la hueste de los Pizarro ya había secuestrado y ejecutado a Atawallpa hacía 44 años, a pesar de que ya había embajadores guaraníes e inkas viviendo en Europa, que ciertos nobles inkas habían adquirido propiedades en Europa y el intercambio cultural entre ambos continentes llevaba varias generaciones, a pesar de todo ello y mucho más, la política y la economía local seguía en mano de los líderes nativos.

Es verdad que se estaba gestando un proceso que terminaría con la consolidación de la colonia pero ese proceso aún no estaba maduro. Incluso había líderes con pensamiento estratégico como el Karaí Yamandú de Igapopé que percibían que se estaba iniciando un nuevo ciclo con la permanente presencia europea.

Una presencia la que él se oponía, por ello expresaba claramente: “Ya os dije yo que de lejos vendrían nuevas gentes…perezca la memoria del cristiano hasta que no quede de él un hueso sano”. Pero precisamente el hecho de tener la capacidad de oponerse a esa presencia es una prueba de que la política aún están en manos de los líderes nativos. Por eso Yamandú y sus aliados charrúas derrotan al adelantado Ortiz de Zárate el combate de San Gabriel para luego atacar Santa Fe y Buenos aires y  para finalmente en 1583 matar mientras dormía a Juan de Garay, su fundador.

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Dentro y fuera del imperio

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n el Kollasuyu, altiplano boliviano y norte argentino y chileno,  hacia adonde se había desplazado el poder andino tras la caída del Cuzco, los lobbies inkas como los Ingas Huallpa Roca y los grandes hacendados Aymara como el clan de los Ariurtu seguían gobernando tal cual lo venían haciendo ininterrumpidamente desde hacía siglos,.

En Vilcabamba continuaban independientes los inkas pertenecientes a las panakas militaristas y en el Cuzco bajo control español las panakas religiosas continuaban con sus intrigas mientras colaboraban en el traspaso de la administración del estado incaico hacia el régimen colonial. Por su parte en la costa ecuatoriana, los Kañaris habían recuperado su independencia perdida durante el apogeo inka.

Los españoles eran obviamente muy pocos, no más de cinco mil en los Andes, contra 12 millones de ciudadanos andinos y aunque llamaban a su máximo dirigente “Virrey” su autoridad efectiva no llegaba ni al 25 % del territorio total del Tawantinsuyu.

El Tío, El Diablo, El Añag, El Tigre, El Dragón

A pesar de ello los historiadores del siglo XX ya incluyen esta época en el llamado “Período Colonial”, o de los “Virreyes del Perú”, cuando en realidad para un europeo bajar por el Kapak Ñam, el sistema vial inka que unía el Cuzco con el Río de la Plata era una empresa riesgosa donde corría peligro la vida. Basta con leer las crónicas de la época para reconocer la valentía que debían tener estos hombres al atravesar esa distancias bajo control político nativo.

¿Porque entonces se nos habla como si la política de la época hubiera cambiado de un día para otro y el ritmo de los acontecimientos estuviera signado por los intereses europeos? La respuesta es simple. Es porque la historia se ha escrito a partir de las fuentes europeas, y por los descendientes intelectuales de éstos. Pero hoy, en pleno siglo XXI y con una concepción global y multipolar de la historia esto ha dejado de tener sentido.

En 1580, en la ciudad de Igapopé, “Ciudad de las Canoas” en lengua guaraní, salvo mentes esclarecidas como el Karai Yamandú ninguno de sus habitantes pensaba que había un virrey español en Perú, ni que estaban siendo “conquistados” por España, lo que se sí sabía por tradicion de generaciones es que había un “Rey Blanco” el Inka, llamado así por sus riquezas en plata.

Eso no quiere decir que Europa fuera desconocida para los líderes nativos, por el contrario, era conocida y apreciada, no solo porque comerciaban con los navíos que venían de allí y sus artículos eran deseados, sino porque no eran pocos los nativos que habían ido y vuelto desde América a Europa.  Ya en 1530 tres timbúes habían llegado a Sevilla al retornar Gaboto para enseñar la lengua guaraní a las expediciones que se preparaban a invadir el Río  de la Plata, y esta bien documentada la costubre de los mburuvichá de entregar sus hijos como embajadores que acompañaran a los primeros exploradores portugueses en Brasil.

Pero en lo que hace a la política en las tavas o ciudades guaraníes del Río de la Plata la vida transcurría como lo venía haciendo desde hacia décadas. Y las alianzas o conflictos inter-guaranó o con charrúas y timbúes seguían primando sobre las relaciones con europeos.

Asimismo el mesianismo guaraní traducido en grandes encuentros multitudinarios de carácter político-religioso donde confluían miles de creyentes seguían en marcha, encuentros o “concilios” en el español de los cronistas que, como hemos dicho, generalmente terminaban en una oleada de ataques al Tawantinsuyu bajo el signo de la búsqueda de la Tierra Sin Males.

Desde el Ybicuí -la “Tierra de Entre Ríos”- como se llamaba a las islas del Paraná en la hoy provincia de Entre Rios seguían partiendo expediciones hacia el Perú en busca de los “Señores del Metal”, los Qara-Qara de Bolivia, para conseguir armas, herramientas y artículos suntuarios de cobre, plata y oro y para obtener el Agujé, el estado más allá del mal.

En lo que hace a la política local, los guaranies de 1580 en el Río de la Plata seguían enfrentados a los Timbú, tal cual lo había visto Gaboto cuando fundara Santi Spíritu 50 años antes, en realidad habían pasado solo dos generaciones y las cosas no habían cambiado mucho. En el puerto de Carcaraná los timbú custodiaban el camino del Kachi Mayu, el río salado, que era la puerta desde donde se subía hacia el imperio inka.

“El Timbú” como le llamaron los españoles al país de los timbú, caracaras y corondas, hoy provincia de Santa Fe, seguía siendo el principal enemigo local de los guaraníes en la zona, disputándo con ellos la hegemonía en el comercio fluvial del Paraná. Los guaraníes intentaban esclavizar a los timbú y los timbú se aliaban con los Qara Qara y otros pueblos andinos que bajaban a las tierras bajas a comerciar. De hecho el puerto timbú de Carcarañá recibía ese nombre por los Qara Qara de Bolivia. “Qara Qara Anág” que en avañe´é, la lengua guaraní significa “Tigre Qara Qara”, el tigre era la deidad de las minas del altiplano, tierra Qara-Qara, tierra de mallkus, los “Señores del Metal”, hoy los mineros bolivianos le llaman “El Tío”, “El Diablo”.

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Como se incorporó el europeo a la visón nativa: el nuevo valor de cambio

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Por supuesto, ahora se han agregado al escenario españoles, alemanes y portugueses generalmente como combatientes. Portadores de nuevas armas y artes de guerra que los hace sumamente valiosos para la política nativa. Desde los últimos 80 años se los veía cada vez en mayor número participar de diversas actividades bélicas y comerciales. Pero dentro de la cosmovisión indígena su presencia era natural y no determinante.

En realidad podemos decir que el proceso de asimilación de la presencia de europeos para las sociedades nativas lejos de una “conquista” o drástico cambio que se nos ha hecho creer en la historiografía del siglo XX fue en realidad una asimilación lenta. Un proceso paulatino. Hubo por supuesto sangrientos enfrentamientos y batallas pero fueron casos puntuales y además eso era algo normal en la política indígena. Permanentemente se arrasaban ciudades y se combatía, la guerra no era algo nuevo.

Una vez que se incorporó al panorama la presencia de los extranjeros barbudos a caballo, con escritura en papel, perros, acero y pólvora, una vez que se supo que estas eran las novedades , pasaron a formar parte del escenario. Les entregaron a sus hijas, los convirtieron en parientes y siguió la misma guerra. Lo que paso después -la colonia, las encomiendas, la deculturación- es otra historia. Es importante no perder la cronología.

Además, no es menor el dato de que guaraníes e inkas también viajaron a Europa y volvieron sabiendo que existía otro continente, otros mundos,  dialogaron con filósofos en Italia y Francia, escribieron libros en las lenguas europeas y combatieron en sus guerras. El intercambio fue en ambos sentidos y eso repercutió en la política. Muchos líderes nativos decidieron incorporar  europeos a sus sociedades como mediadores o simplemente para favorecer el comercio y mantenerse en el poder. Utilizaron los símbolos del poder europeo, contrataron sus escribanos y abogados, discutieron sus creencias. Creer que

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Aprendiendo del caballo

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s posible entender el proceso de incorporación de los invasores extra-continentales a las sociedades nativas  pensando en un proceso similar que se dio en la misma época, la domesticación del caballo por los pueblos de las llanuras.

El caballo entró de la mano de los primeros colonos europeos, al principio eran pocos animales, pero al no tener competencia en el ecosistema local su explosión demográfica fue extraordinaria. No más de tres generaciones de equinos -unos 25 años- bastaron para que fuera tal su cantidad que las manadas salvajes al galope “parecían montañas” al decir del cronista.

Ahora bien, para los pueblos de las llanuras el caballo no cambió la cultura sino que se incorporó a los propios patrones de conducta tradicionales, por eso charrúas y pampas lo adoptaron con las mismas técnicas de convivencia con el entorno que lo hacían con otros animales.

Los charrúas no “domaban” a los potros salvajes, sino que los criaban, convivían con ellos y los consumían a la manera de los venados, los ñandúes y cualquier otros tipo de animal. Lo que queremos decir es que el charrúa en particular y los pampas en general adaptaron el caballo a sus propias pautas culturales y aunque esa incorporación después los transformó profundamente al permitirles mayor efectividad bélica y movilidad, su adopción fue a partir de la propia pauta indígena.

Lo mismo ocurrió con la incorporación de la cultura europea y de su (escasa) dotación demográfica. Los charrúas y guaraníes aprendieron a hablar inglés, español, portugués y francés porque había que comerciar con los barcos que les traían herramientas de hierro a cambio de corambre o palo brasil. Adoptaron el sistema jurídico español porque se dieron cuenta que les servía para continuar con su hegemonía política o más adelante incluso para protegerse de los abusos de los encomenderos. Por eso los mallkus del altiplano, los mburuvicha guarani o los Suaj charrúa como tantos otros líderes nativos en esta época aprenden la lengua, contratan escribanos y firman, testan, hacen peticiones y demandas dentro del sistema jurídico español o portugués.

El derecho romano se convirtió así en una herramienta de acción política de los propios líderes nativos para mantener su hegemonía por sobre otros líderes u otros actores sean estos indígenas o europeos. La asimilación del derecho romano sigue los mismos mecanismos que la adopción del caballo y que la lengua. Pero fue a partir de una lógica puramente nativa, la cual indica que se toma lo que el ecosistema provee, en la medida que no perjudique la propia lógica originaria.

Para entender esto hay que pensar con la lógica originaria, no con la europea, o dicho de otra forma, para entender a los indios hay que pensar como indio. La Tierra provee, la Pachamama da. Lo que la Pacha da es para tomarlo, si la Pacha nos trae caballos, vacas, esclavos, armas, bienes suntuarios, escritura, derecho etc. es para usarlo. Siempre y cuando no atente contra la propia lógica de la comunidad.

Si no fuera así, no se entendería porqué, cientos de miles de personas se acogieron a la nueva sociedad que se estaba perfilando. En estos momentos no fue la “aculturación“ sino el interés político. El siglo XVI no es el Siglo XVII. Estamos en 1580. La colonia aun no existe. Hay una diferencia abismal entre las sociedades originarias del siglo XVI con el indio colonial del tardío siglo XVII y sobre todo del XVIII.

¿Porqué entonces se nos habla de este momento como si ya todo estuviera bajo el control colonial? Ya lo hemos dicho pero hay que repetirlo. Es simplemente porque los historiadores tradicionales interrogan sus fuentes documentales con un lógica ajena a la lógica indígena.

Para los pocos españoles que habitaban en el Río de la Plata a mediados del siglo XVI la fuerza coercitiva del derecho era cierto, algo muy real. Ellos vivían dentro de la “república de españoles” como llamaban a la ley que imperaba en su “casa fuerte” enclavada en la gran ciudad guaraní de Lambaré. Cuando leemos sus textos pareciera que no convivieran con una población de más de 10.000 personas -siendo ellos no más de 400- y es lógico, pues sus escritos eran para sus pares. Era algo interno. Y del mismo modo para los españoles de Cuzco o Chuqisaka esas ciudades formaban ya parte de “El Virreinato”.

Pero para los habitantes nativos había una continuidad con la administración anterior y habrá que esperar al Virrey Toledo para que se ponga en marcha el inicio de la época colonial y aún así, poco hubiera podido hacer Toledo sin la ayuda económica y política de sus aliados mallkus, los Ariutu, los Wallpa Roca. Recordemos que estos mallkus junto a las panakas inka aliadas de los españoles eran muy ricos, y su influencia trascendía las fronteras de los reinos Charkas y Qara-qara.

Y estaban los militares charkas -con su oficiales, su reglamento, sus armas- a los que los españoles llaman “auxiliares”.  Pero para el Mallku Ariutu que los envía a apoyar al Virrey Toledo en su incursión contra los guaraníes que asolan sus tierras ancestrales,  esos oficiales y sus soldados no son “auxiliares” sino simplemente el ejército de su reino, el mismo ejército que enviaba su abuelo contra los mismos enemigos guaraníes pero para apoyar al Inka Huayna Kapak. Para el clan de los Ariurtu que lleva gobernando desde más de 300 años, su ejército es simplemente “su” ejército, y los que son “auxiliares” en todo caso son los españoles.

Ahora sí, por última vez. ¿Porqué entonces la historiografía del siglo pasado -que se sigue enseñando en muchas universidades-escribía como si en el siglo XVI todo hubiera cambiado repentinamente con la llegada de los europeos?

Respuesta: Porque en el siglo pasado todavía seguían leyendo solo los documentos europeos y seguían interpretando desde dentro de la mentalidad europea antigua.

De una mentalidad que hoy ya no tiene sentido.

 

 

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Fuentes
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