Por fin una Historia que te va a gustar

Las instrucciones del Inka

Fuentes documentales nativas del Siglo XVI

 

“Y porque la memoria de los hombres es débil y flaca”
 
 

l Inka Titu Cusi Yupanqui gobernó el Reino Inka de Vilcabamba entre 1563 y 1570 y fue testigo y parte del largo proceso de transferencia del poder desde el Tawantinsuyu hacia el Virreynato del Perú. En 1566 su gobierno firmo un tratado de entendimiento con las autoridades coloniales españolas con el fin de terminar la guerra que los enfrentaba. En el marco de ese pacto escribió el documento que aquí presentamos denominado “Instrucción del Inca Titu Cusi Yupanqui al Licenciado don Lope García de Castro” redactado durante la firma del tratado y que nos permite acercarnos a la visión de la historia y la geopolítica del estado inka en la segunda mitad del siglo XVI.

A diferencia de algunos de sus curakas (líderes políticos) aliados, el Inka Titu Cusi Yupanqui percibió que la invasión europea era irreversible, pero esto no significaba cesar en sus objetivos políticos. Por el contrario la idea era continuar influyendo sobre los señores del altiplano de los Reinos Qara-Qara, Charka, o Tukma e incluso coordinarse con el partido Inka que operaba dentro del incipiente orden colonial como el lobby de los Inga Hualpa Roca o la misma Princesa Leonor Yupanky.

INSTRUCION DEL INGA DON DIEGO DE CASTRO TITU CUSSI YUPANGUI PARA EL MUY ILLE. SEñOR EL LLDO. LOPE GARCIA DE CASTRO GOUERNADOR QUE FUE DESTOS RREYNOS DEL PIRU, TOCANTE A LOS NEGOCIOS QUE CON SU MAGD. EN SU NOMBRE POR SU PODER HA DE TRATAR. LA QUAL ES ESTA QUE SE SIGUE.

Por quanto; yo don Diego de Castro Titu Cussi Yupangui, nieto de Guaina Cápac é hijo de Mango Inga Yupangui, señores naturales que fueron de los rreynos y prouinçias del Pirú, he rreciuido muchas merçedes y fauor del muy Ille. señor el Liçenciado Lope Garçia de Castro, Gobernador que fué destos rreinos por su Magd. del rrei don Phelipe nuestro señor, me ha pereçido que pues su Sa. va destos rreinos a los de España y es persona de valor y gran xpiandad, no podría yo hallar quién con mejor titulo y voluntad me favoresçiese en todos mis negoçios que ante Su Magd. haya de presentar y tratar, ansí en cosas a mi neçesarias como a mis hijos y desçendientes, para lo qual, por el gran crédito que de su señoría tengo, no dexaré de ponerlos todos en su mano para que ansi en uno como en otro, pues en todo hasta aqui me ha hecho tanta merçed, en esta tan prençipal me la haga como yo espero de su muy Ille. persona. 1.

Y porque la memoria de los hombres es de vil y fflaca é si no nos ocurrimos a las letras para nos aprouechar dellas en nuestras neçesidades, era cosa imposible podernos acordar por extenso de todos los negoçios largos y de importançia que se nos ofresçiesen; por esso, usando de la breuedad posible, me será neçesario hacer rrecopilaçión de algunas cosas neçesarias, en las quales su señoría, lleuando mi poder para ello, me ha de hacer merçed de favoresçerme ante su Magestad en todas ellas, como a la clara de yuso irá declarado y relatado, la rrecupilaçion de las quales cosas, es esta que se sigue: 2.

Primeramente, que su Sa. me haga merced, llegado que sea con bien a los rreynos de España, de dar a entender a su Magestad del Rey don Phelipe nuestro señor, debaxo de cuyo amparo yo me he puesto, quién soy y la necesidad que, a causa de poseer su Magestad y sus vasallos la tierra que fué de mis antepasados, en estos montes padezco. Y podrá su Sa. dar la dha. relaçión siendo dello seruido, por esta vía, començándolo primer por quién yo soy, é cúyo hijo, para que le conste a su Magd. más por estengo la rrazón que arriba he dho. para gratifficarme. 3.

Bien creo que por nuevas de muchas personas se habrá publicado quién fueron los señores naturales antiguos desta tierra y de dónde y cómo proçedieron, y por esso no me quiero detener alterca desto, sólo me hará su Sa. merçed de avisar a su Magd. de cómo yo soy el hijo legítimo, digo el primero y mayorazgo, que mi padre Mango Inga Yupangui dexó entre otros muchos, de los quales me mandó tuviesse cargo é mirase por ellos, como por mi propia persona; lo qual yo he hecho desde quél ffalleció hasta hoy, é lo hago é haré mientras Dios me diere vida, pues es cosa tan justa que los hijos hagan lo que sus padres les mandan, en especial en sus postrimeros días. También que su Magestad sepa que mi padre Mango Inga Yupangui, hijo que fué de Guaina Cápac, é nieto de Topa Inga Yupangui, y ansí por sus abolengos desçendiendo, por línea rrecta, fué el señor prençipal de todos los rreynos del Pirú, señalado para ello por su padre Guaina Cápac, tenido y obedecido por tal en toda la tierra, después de sus días como yo lo fui, soy y he sido en ésta después quel dho. mi padre ffallesçió: y también dará á entender á su Magd. la raçón por donde yo agora esto¡ con tanta nesçesidad en estos montes, en los quales me dexó mi padre con ella al tiempo que los españoles le desbarataron y mataron. 4.

Y también que sepa su Magestad por estenso, como abaxo irá declarado, la manera y cómo y en qué tiempo los españoles entraron en esta tierra del Pirú, y el tratamiento que hicieron al dho. mi padre todo el tiempo que en ella viuió hasta darle la muerte en ésta que yo agora poseo, ques la que se sigue.

RELACION DE COMO LOS ESPAñOLES ENTRARON EN EL PIRU Y EL SUBCESO QUE TUVO MANGO INGA EN EL TIEMPO QUE ENTRE ELLOS VIUIO, QUES ESTA QUE SE SIGUE.

n el tiempo que los españoles aportaron á esta tierra del Pirú, que llegaron al pueblo de Caxamarca, çiento y noventa leguas poco más o menos de aquí, mi padre Mangó Inga estaba en la ciudad del Cuzco, en esa era con todo su poderío y mando, como su padre Guaina Cápac se lo hauta dexado, donde tuvo nueva por ciertos mensajeros que vinieron de allá de un hermano suyo mayor, aunque bastardo, llamado Atavallpa, y por vnos indios yungas tallanas que rresiden á la orilla del Mar del Sur, quince ó veinte leguas del dho. Caxamallca, los quales decían que habían visto llegar a su tierra çiertas personas muy differentes de nuestro hábito y traje, que pareçían viracochas, ques el nombre con el qual nosotros nombramos antiguamente al Criador de todas las cosas, diçiendo Tecsi Viracochan, que quiere deçir prençipio y haçedor de todos; y nombraron desta manera a aquellas personas que habían visto, lo uno porque diferenciaban mucho nuestro traje y semblante, y lo otro porque veían que andaban en vnas animalías muy grandes, las quales tenían los pies de plata: y ésto decían por el rrelumbar de las herraduras. Y también los llamaban ansí, porque les hauían visto hablar a solas en vnos paños blancos como vna persona hablaba con otra, y ésto, por el leer en libros y cartas; y avn les llamauan Viracochas por la excelençia y paresçer de sus personas y mucha differençia entre vnos y otros, porque vnos eran de barbas negras y otros bermejas, é porque les veían comer en plata; y también porque tenían yllapas, nombre que nosotros tenemos para los truenos, y ésto decían por los arcabuçes, porque pensaban que eran truenos del cielo. 6.

Destos Viracochas traxeron dos dellos vnos yungas a mi tío Ataguallpa que a la sazón estaba en Caxamarca, el qual los resciuió muy bien y dando de beber al vno dellos con vn vaso de oro de la bebida que nosotros usamos, el español en rrescibiéndolo de su mano lo derramó, de lo qual se enojó mucho mi tío; y después desto, aquellos dos españoles le mostraron al dho. mi tío una carta ó libro, o nó se qué diciendo que aquella era la quíllea de Dios y del rrey, é mi tío como se sintió afrentado del derramar de la chicha, que ansí se llama nuestra bebida, tomó la carta, ó lo que era, y arrójolo por allí, diciendo “que sé yo que me dais ahí; anda vete”; y los españoles se volvieron á sus compañeros, los quales irían por ventura á dar relacçion de lo que habían visto y les había pasado con mi tío Ataguallpa. 7.

De allí á muchos días, estando mi tío Ataguallpa en guerra é differençias con un hermanó suyo Váscar Inga sobre quál dellos era el rrey verdadero desta tierra, no lo siendo ninguno dellos por hauerle usurpado a mi padre el rreino, a causa de ser mochacho en aquella sazón, y querérsele levantar con él por los muchos tíos e parientes que tenían el vno y el otro; los quales deçían que por qué había de ser rey vn mochacho avnque su padre en sus postrimeros días le hubiese nombrado por tal, que más razón era lo ffuesen los grandes y no el chico. La qual rrazón no se pudo llamar tal sino passión de cobdiçia y anbissión, porque ellos deçendían, avnque hijos de Guaina Cápac, de parte de las madres de sangre suez e baxa, e mi padre ffué hijo legítimo de sangre real, como lo ffué Pachacuti Inga, aguelo de Guaina Cápac y estando estos en estas differençias, como dho. tengo, vno contra otro, avnque hermanos en differentes asientos, llegaron á Caxamarca, pueblo arriba nombrado, diçen que quarenta ó çinquenta españoles en sus caballos bien adereçados, y sabido por mi tío Ataguallpa, que cerca de allí estaba en un pueblo llamado Guamachuco haciendo çierta ffiesta, luego levantó su rreal, no con armas para pelear, ni arneses para se deffender, sino con tomes y lazos, que así llamamos los cuchillos nuestros para caçar aquel género de nuevas llamas, que ansí llamamos el ganado nuestro, y ellos lo decían por los caballos que nuevamente hauían aparescido; y lleuaban los tomes y cuchillos para los desollar y desquartizar, no haciendo casso de tan poca jente ni de lo que era; y como mi tío llegase al pueblo de Caxamarca con toda su jente, los españoles los resçibieron en los baños de Conoc, legua y media de Caxamarca. Y llegados que fueron les preguntó que á qué venían, los quales les dexieron que venían por mandado del Viracocha a deçirles cómo le han de conoçer; y mi tío como les oyó lo que deçían atendió á ellos/y calló y dió de beber á uno dellos de la manera que arriba dixe para ver si se lo derramaban como los otros dos; ffué de la mesma manera, que ni lo bebieron ni hicieron caso. E visto por mi tío que tan poco caso hacían de sus cosas, dijo: “pues vosotros no haçéis de mí ni yo lo quiero haçer de vosotros”. Y ansí se levantó enojado y alçó grita, á guisa de querer matar á los españoles; y los españoles que estaban sobre auisso tomaron quatro puertas que había en la plaga donde estaban, la qual era çercada por todas partes. 8.

Desque aquella plaça estuvo çercada y los indios todos dentro como ouejas, los quales eran muchos y nó se podían rodear a ninguna parte, ni tampoco tenían armas, porque no las habían traído, por el poco caso que hicieron de los españoles, sino lazos e tumes, como arriba dixe. Los españoles con gran ffuria arremetieron al medio de la plaga, donde estaba un asiento del ynga en alto, a manera de ffortaleza, que nosotros llamamos usnu, los quales se apoderaron dél y no. dexaron subir allá a mi tío, mas antes al pie dél le derrocaron de sus andas por ffuerça, y se las trastornaron, e quitaron lo que tenía y la borla, que entre nosotros es corona. E quitado todo lo dho., le prendieron; e porque los indios daban grito, los mataron a todos con los caballos, con espadas, con arcabuces, como quien mata a ouejas, sin hacerles naidie resistencia, que no se escaparon de más de diez mill, doçientos. Y desque ffueron todos muertos, llevaron a mi tío Ataguallpa a una cárçel, donde le tuvieron toda una noche, en cueros, atada vna cadena al pescuezo. Y otro día por la mañana le dieron su rropa, é su borla, diciendo: “øeres tu el rrey desta tierra?” Y él rrespondió que sí, y ellos dixieron: “øNo hay otro ninguno que lo sea sino tú? porque nosotros sabemos que hay otro que se llama Mango Inga. øDónde está éste?” Y mí tío respondió: “En el Cuzco”: –Y ellos replicaron: “pues øa dónde es el Cuzco?” A ésto rrespondió mi tío: “Duçientas leguas de aquí está el Cuzco”. Y más tornaron á deçir los españoles: –”Pues luego ese que está en el Cuzco, porque como nosotros tenemos por nueua es la cabeça prencipal desta tierra, deue ser el rrey”. Y mi tío dixo: “De ser, si es porque mi padre le mandó que lo ffuese, pero porque es muy moço gobierno yo la tierra por él”. Y los españoles dixeron: “Pues avnque sea moço, será justo que sepa nuestra llegada y cómo venimos por mandado del Víracochan, por eso avisaselo”. Y mi tío dixo “øA quién queréis que envíe, pues me hauéis muerto toda mi gente e yo estoy desta manera”? Y esto deçía porque no estaba bien con mi padre e temía que si le auisaba de la llegada de los Viracochas, por ventura se harían con él, porque le paresçian gente poderosa, y aun pensaban que eran Viracochas, por lo que arriba dixe. 9.

Los españoles, como vieron que mi tío Atahuallpa se detenía de dar auiso a mi padre de su llegada, acordaron entre sí de haçer mensajeros, y en este medio tiempo que los españoles enviaban o no, entendiéronlo los tallanas yungas, y porque tenían mucho á a mi padre, porque le conoscian por su Rey, acordaron entre sí, sin dar auiso a los españoles ni a mi tío, de ir ellos a dar la nueua a mi padre, y ansí lo hicieron e se partieron luego para el Cuzco. E llegado que ffueron allá, dixieron a mi padre estas palabras: “Sapay Inga–que quiere deçír tu solo señor– venímoste á deçir cómo ha llegado a tu tierra un género de gente no oída ni vista en nuestras nasçiones, que al pareçer sin dubda son Viracochas, como dige dioses; han llegado a Caxamarca, dondestá tu hermano, e1 qual les ha dicho y certifficado, que él es señor y rrey desta tierra; de lo qual nosotros, como tus vasallos, resceuimos gran pena, y con ello por no poder suffrir a nuestros oídos semejante injuria sin te dar parte, te venimos á dar auiso de lo que passa, porque no seamos tenidos ante tí por rebeldes ni descuidados a lo que toca a tu seruiçio”. 10.

E mi padre, oída su embaxada, quedó ffuera de sí diciendo: “ø Pues cómo en mi tierra ha sido ossada a entrar semejante gente sin mi mandato ni consentimiento; qué ser y manera tiene esa gente?” Y respondiendo los mensajeros dixieron: “Señor: es vna jente que sin dubda no puede ser menos que no sean Viracochas, porque diçen que vienen por el viento y es jente barbuda, muy hermosa y muy blancos, comen en platos de plata, y las mesmas ovejas que los traen acuestas, las quales son grandes, thienen çapatos de plata; echan yllapas como el çielo. Mira tu si semejante gente y que desta manera se rije y gouierna, si serán Viracochas; y aún nosotros los habemos visto por nuéstros ojos á solas hablar en paños blancos y nombrar a algunos de nosotros por nuestros nombres sin se lo deçir naidie, no más de por mirar al paño que tienen delante; y más ques gente que no se les pareçen otra cosa sino las manos y la cara; y las rropas que traen son mejores que las tuyas porque tienen oro y plata; é gente desta manera y suerte øqué pueden ser sino Viracochas?” 11.

A esto mi padre, como hombre que de hecho se deseaba çertifficar de lo que era, tornó á amenazar los mensajeros diçiendoles así: “Mirad, no me mintáis en lo que. me habéis dho, que ya sabéis y habréis entendido cuáles mis antepasados e yo solemos parar a los mentirosos.” Y ellos tornando á replicar con algún temor y grima dixieron: “Sapay Inga: sino lo oviéramos visto por nuestros ojos y te tuviéramos el temor que tenemos, por ser como somos vasallos, no te osáramos ver ni venir a tí con semejantes nuevas, y si no nos queréis creer, envía tu a quien tu quisiéres a Caxamarca, y allí verán a esta gente que te hemos dho. que esperando están la rrespuesta de nuestro mensaje”. 12.

Y viendo mi padre que aquellos tan de veras se certifficaban en lo que deçian, y dándoles en ello les dixo: “Pues que tanto me ahincáis en certificarme la llegada desa gente, andad y traedme aquí algunos dellos, para que viéndolos yo lo crea a ojos vistos”. Y los mensajeros hicieron lo que les mandaua mi padre y voluieron a Caxamarca con no se cuántos indios que mi padre envió a certificasçión de lo dho. y a rogar a los españoles se llegase alguno dellos dondél estaua, porque deseaba en estremo ver también a gente que con tanto ahinco los yungas tallanas le habían çertificado que era. Y ffinalmente, todos los mensajeros, unos y otros, se partieron del Cuzco, por mandado de mi padre, para Caxamarca a ver la gente que era aquellos Viracochas; y llegados que fueron al Marqués don Françisco Piçarro, los resgiuió muy bien y se holgó con saber de mi padre y con no se qué cosillas que les envió, el qual, como dho. tengo, les enviaba a rogar se viniesen con él algunos dedos; los quales lo tuvieron por bien y acordaron de enviar dos españoles a basarle las manos, llamados el vno ffulano Villegas y el otro Antano, que no le supieron los indios dar otro nombre; y salieron de Caxamarca por mandado del Marqués y consentimiento de los demás y llegaron al Cuzco sin temor ni embaraço ninguno. Mas antes, mi padre, desque supo mucho antes que llegasen su venida, les envió al camino mucho reffresco, y aun haufa mandado a los mensajeros que fueron del Cuzco a llamarlos que los truxiesen en hamacas, los quales lo hizieron ansí,y llegados que fueron al Cuzco y presentados delante de mi padre, él los rresçibió muy honrradamente y los mandó aposentar y proueer de todc lo neçesario. Y otro día les hizo venir a donde estaba, y haçiendo una gran fiesta con mucha gente y aparato de vaxillas de oro y plata, en que había muchos cántaros y vasos é librillos y barrañones de lo mesmo; y los españoles como vieron tanto oro y plata dixieron a mi padre que les diese algo de aquello para lo lleuar a enseñar al Marqués y sus compañeros y les signifficar la grandeza de su poderío. E mi padre túvolo por bien, y dióles muchos cántaros y vasos de oro y otras joyas e piegas ricas que llegasen para sí e sus compañeros; y despachólos coro mucha gente al Gobernador diçiendoles que pues le habían venido a ver y venían de parte del Viracochan, que entrasen en su tierra, y si querían venir a donde él estaba, viniesen mucho de enorabuena. 13.

Entretanto que estos dos españoles fueron á besar las manos a mi padre, y a verse con él en el Cuzco, mi tío Atahuallpa, lo vno por temores que les pusieron aquellos Viracochas, y lo otro, de su grado, por tenelles de su mano para que le fauoreçiesen contra Mango Inga, mi padre, y Guáscar Inga, su hermano, les dió gran suma de tesoro de oro é plata, que todo pertenesçía al dho. mi padre, é por el rregelo que tenía aún de mi tío Guáscar Inga desdel lugar donde estaba, envió çiertos mensajeros a que se conffederasen con su gente y le matasen, para tener por aquélla parte las espaldas seguras, pensando que las tenía por la parte de los españoles, como digo, por el tesoro, que sin ser suyo, sino de mi padre, les hauía dado. Los quales mensajeros lo hicieron tan bien que mataron a Guáscar Inga en una reffriega que tuvieron en un pueblo llamado Guanucopampa; y sabido por el Ataguallpa la muerte de Guáscar Inga, su hermano, resçiuió dello sumo contento por pareçerle que ya no tenía á quién temer y que lo tenía todo seguro, porque por la vna parte ya el mayor enemigo tenía destruído y muerto, y por la otra, por el cohecho que había hecho a los Viracochas, pensaba que no había más que tener; y salió al reués de su pensamiento, porque llegados que fueron los dos españoles a donde estaua el Marqués don Françisco Piçarro y sus compañeros con la empresa que mi padre les enviaba y con las nuevas de mi padre, ffué çertificado el Marqués, que nosotros llamamos macho capitu, de cómo mi padre Mango Inga Yupangui era el rrey verdadero de toda la tierra, a quien todos respetauan, temían y acatauan por señor, y que Atahuallpa, su hermano mayor, poseía el rreino tiránicamente; de lo qual, lo vno por saber tan buenas nuevas de mi padre, y que era persona tan prenbipal, y lo otro por tan buen presente como le enviaban y tan de voluntad, resbiuió mucho contento, y gran pena de ver que su hermano, tan sin justo, le procurase de vexar y molestar, obsurpándole su reyno sin justicia; el quál, segund después paresbió, no quedó sin castigo, porque fué castigado segund su merescido. 14.

Ya que fueron llegados, como arriba dho. tengo, los españoles mensajeros que ffueron a mi padre a su rreal y los demás indios que mi padre enviaba con el presente de oro y plata que ffué más de dos millones arriba dho., representaron su embaxada los españoles por sí y los indios por la suya, segund que por mi padre Mango Inga Yupangui les ffuera mandado al Gobernador, diciendo que mi padre, Mango Inga, se había holgado mucho con la llegada de tan buena gente a su tierra, que le rrogaba que, si lo tuviesen por bien, se llegasen al Cuzco a dondél estaba; y quél los rresçibiría muy honrradamen te y les dava su palabra de hacer todo lo que le rrogasen, pues venían por mandado del Viracochan; que les había saber cómo por aquellas partes dondellos habían aportado estaba un hermano suyo llamado Atahuallpa, el qual se nombraua rey de toda la tierra, que, no le tuviesen por tal porque él era el rrey y señor natural delta, señalado para ello en sus postrimeros días por su padre Guaina Cápac, y que Ataguallpa se le había leuantado contra su voluntad. 15.

Sabido todo esto, lo vno y lo otro, por el Gobernador y toda su gente, rresbibió a los mensajeros de mi padre con grand alegría, juntamente con el presente arriba dho. y mandó que los hospedasen y honrrasen como a mensajeros de tal señor; y de allí a algunos días, los indios mensajeros de mi padre se voluieron con la rrespuesta, y se quedó en Caxamarca el Marqués teniendo, como tenía todavía, preso á Ataguallpa desde que llegaron él e sus compañeros a la tierra por la sospecha que tenía dél, porque le paresbía que si le soltaba se alçaría contra él, y lo otro porque tuvo siempre sospecha, diciendo que no era él el; rrey natural de aquella tierra, y quería se certificar dello con la rrespuesta que de mi padrç viniese; y por esto le tuvo tanto tiempo preso ha ta que por mi padre le fuese mandado otra cosa. 16.

E visto por mi tío Ataguallpa que mi padre había enviado mensajeros e tanto oro y plata á los españoles, rresçiuió dello gran pena, lo uno por ver que con tanta breuedad se había confedederado con ellos y ellos resçiuídole por rrey y señor, y lo otro porque sospechaba que de aquell conffederasçión le había de venir algún daño. Y estando con esta sospecha y temor q’ de voa parte y otra le çercaba, determinó de hacer juntar toda la gente y capitanes suyos que por ahí á la redonda estuviesen para significarles la afflicçion en que estaua puesto; y desque los tuuo juntos les dixo estas palabras: 17.

“Apoes–que quiere decir , señores:– esta gente que ha venido a nuestras tierras es muy contraria a nuestra opinión y se ha conffederado y tienen mucha paz con mi hermano Mango Inga; si os parece, démosles en la cabeça y muertos todos estos, porque me parece que, avnque poca gente, valerosa, no dexaremos de tener la suprema en toda la tierra, como antes teníamos, pues ya es muerto mi hermano Guáscar Inga; y si no los matamos, y estos se hacen con mi hermano Mango Inga a causa de ser gente tan valerosa, y que al parecer son Viracochas, podrá ser que nos ffuese mal del negocio, porque mi hermano está muy enojado contra mí, e si hace llama miento de toda la tierra, hará capitanes a éstos y él. y éllos no podrían dexar de matarnos; por eso, si os parece, ganémosle nosotros por la mano.” Los capitanes y gente como oyeron el rrazonamiento de mi tío Ataguallpa, paresçióles muy bien lo que les decía, y dixieron todos a vna voz: “Hu capay ynga” –que quiere decir muy bien haz dho. señor– bueno será q’ matemos a éstos, porque øqué gente es ésta para con nosotros? No tenemos en todos ellos vn almuerzo”. E ya que entre todos ellos estuvo conçertado el día y la hora en que los habían de matar, no tardó mucho que no se por qué vía lo supo el. Marqués. Y sauido por el Marqués la traiçión que estaba armada para matarles, antes que los comiesen los almorzó él, porque mandó poner espías por todas partes y questuviesen a punto; sin dilasçión ninguna mandó sacar a la plaga á Ataguallpa, mi tío, y en medio de la plaga, en un palo, sin ninguna contradiçion, le dió garrote. Y de que se le hubo dado, levantó su rreal, para venirse a ver con mi padre, y por presto que lo quise levantar, no dexaron de venir sobre él indios como llovidos, porque un indio, capitán general de Ataguallpa, llamado Challcochima; y otro llamado Quisquis, su compañero, ambos de gran valor y poderío, juntaron gran suma de gente para vengar la muerte de su señor, de tal manera que le ffué forçado al Marqués y a toda su gente venir con gran avisso por su camino, porque era tanta la gente que los perseguía, que venían por el camino con gran trabaxo y detenimiento resçibiendo siempre grandes guaçavaras de los perseguidores. 18.

Lo qual sauido por mi padre, que así venía con tanto aprieto, determinó de haçer gente para, irle á ayudar, y ansí se salió del Cuzco con más de çient mill honbres y llegó hasta Vilcacunga, a donde escontró con el Marqués que ya traía preso al Challcochima; el qual Marqués viéndolo, rresçiuió muy gran contento, y mi padre, yendo que iba en sus andas de’ oro y Zpstal y corona rreal, se appeó Bellas y. abraço al Marqués, que ya se había apeado de su caballo, y ambos; mi padre y el Marqués; se conffederaron en vno y mandaron a sus agentes que naidie se desmandase, salvo que atendiesen a Quisquis, que avn andaba por allí barloventeando con mucha; gente, porque no se desmandasse a querer quitar al Challcochima. 19.

Resçiuidos que fueron en vno mi padre y el Marqués, saliéronse juntos de Villcacunga y durmieron aquella noche en Xaquixaguana, a donde le entregó el Marqués á mi padre el Challcochima, diciendo: “Veis aquí, señor Mango Inga, os traigo preso a vuestro enemigo capital, Challcochima. Veis lo que mandáis que se haga del”. Y mi padre como lo vió, mandó que luego fuese quemado a vista de todos, porque ffuese la nueva a Quisquis, su compañero, y fuese para éste castigo y a los demás exemplo. Hecho este castigo de tan mal indio como era aquel, se fueron de allí para el Cuzco juntos, aunque iba mi padre con gran pena por ver la desverguença de aquel indio Quisquis. Y llegado que ffueron al Cuzco, mandó mi padre a toda su gente que rrespetasen y tuviesen en mucho al Marqués y á los suyos y los proueyesen de todo lo neçesario, hasta quél bolviese, diciendo que quería ir a matar aquel vellaco de Quisquis y destruir toda su generasçion, pues tanto se le desuergonçaba, así a él como á los españoles, que tanto, por entonces, quería á causa de haberle paresçido tan bien el Marqués Don Françisco Piçarro. 20.

ALCANCE DE MANGO INGA Y EL CAPITAN ANTONIO DE SOTO

CONTRA QUISQUIS, TRAIDOR A LA PERSONA RREAL Y A SU REY MANGO INGA.

tro día después que mi padre hubo hecho aposentar y proueer de todo lo neçesario al Marqués y a toda su gente, determinó con parecer del dho. Marqués de dar alcance é perseguir al traidor de Quisquis, porque estaba en gran manera enojado contra él, por el amor y afición que había cobrado a los españoles; y vista por el Marqués la determinasçión con que mi padre; se determinaba a hacer aquel viaje, ofreçióse el también a la jornada, diçiendo que no era cosa justa quedarse él en el pueblo, yendo mi padre á la guerra; q’ más harían dos que vno. Mi padre. Mango Inga, viendo él tan buen propósito del Marqués, dijo que no se moviese por entonces sino que descansase, y que holgase hasta que bolviese, q’ presto daría la vuelta; que si quería que ffuese con él alguna gente suya, que él holgaría de lleuar consigo de los que él le diesse, más que su persona no consentiría, por entonces, que saliese del pueblo. 21.

El Marqués don Françisco Piçarro, viendo que mi padre no le dexaba salir del pueblo para lo lleuar consigo, tomó pareçer con sus capitanes sobre el caso, a los que les peresçió que era justo lo que mi padre decía, y ansí ellos entre sí, con el Gouernador, nombraron al capitán Antonio de Soto para que se ffuese con mi padre; el qual lleuó consigo çinquenta españoles soldados, y nombrado para el effeto al dho. capitán Antonio de Soto, se fueron ambos, el Marqués y él, a casa de mi padre, que ya estaba de partida, y le dieron quenta de lo que tenían conçertado; y mi padre, como lo supo, obo dello mucho contento y lixo que le paresçía muy bien aquel conçierto, que se aparejasen los soldados que ya él se quería ir. 22.

Este mesmo día se salió mi padre del Cuzco con toda su jente, lleuando consigo al capitán Antonio de Soto con su compañia, los quales todos de mancomún se fueron en uno en seguimiento de Quisquis. Los quales, yendo por sus jornadas, en breve tiempo dieron sobre el traidor de Quisquis; al qual hallaron en un pueblo llamado Capi, quince leguas del Cuzco, a donde obieron con él una cruda batalla, en la qual le mataron gran suma de gente y le desbarataron. El qual se salió huyendo de entre los suyos sin saberlo ellos, y se escapó. Y mi padre y el capitán Soto, desque acabaron de desbaratar á Quisquis y a toda su gente, volviéronse al Cuzco, enviando mucha gente en pos del Quis. quis, para que se lo traxiesen viuo de dondequiera que lo hallasen. 23.

Y llegados que ffueron al Cuzco mi padre y el capitán Antonio de Soto del desbarate de Quisquis, fueron muy bien rresçebidos del Marqués don Françisco Piçarro y toda su jente y de los que en el pueblo había, esto con mucha regoçijo y alegría por la vitoria que habían habido de Quisquis y toda su gente. Y acabado todo aquello y el rrescibimiento, mi padre se rrecogió a su casa y los españoles a la suya; y otro día por 1a mañana, juntándose toda la gente que mi padre había traído de la batalla de Quisquis y la que en el pueblo estaba a casa de mi padre, comió con ellos el dho. mi padre, y desde que hubo comido mandó que, so pena de la vida, nadie se osase descomedir contra ninguna persona de las de aquella gente que nueuamente hauían aportado a su tierra, mas que todos les rrespetasen y honrrasen como a cosa del Viracochan-que quiere decir Dios–; y mandó más, que les diésen seruiçio, indios e gente para su casa, y avn el mesmo mi padre dió, de sus mesmos criados que le seruían, seruiçio al Marqués para que le siruiesen. Y hecho todo lo susodho, tornó otra vez a abpercibir de nuevo gente para ir en seguimiento del traidor de Quisquis, diçiendo que aunque fuese hasta en cabo del mundo le había de seguir y matar, por la gran traición que había hecho ansí a él como a los Viracochas. 24.

Refformado que se ubo el dho. mi padre de las cosas neçesarias para su viaje, y dado horden en el gobierno del pueblo, dexando en su lugar a Paullu, su hermano, y Ticoc y otros capitanes, y despidiéndose del Marqués con omenaje que no había de volvuer hasta que matase aquel traidor de Quisquis, se salió otro día del Cuzco lleuando consigo al dho. capitán de Soto con su compañía arriba dha.; los quales se ffueron poco a poco por sus jornadas contadas, hasta un pueblo llamado Vinchu, cinquenta leguas del Cuzco, a donde le encontraron los mensajeros que de la batalla de Capi habían enviado en su seguimiento de Quisquis; los quales dixieron que venían de buscar aquel traidor y que ni rastro ni nueva habían hallado dél en toda la tierra, salvo que sus capitanes daban muchos saltos y que dél no había nueva.25.

E mi padre como oyo lo que los mensajeros deçian, rresçibió dello gran pena, é quisiera pasar adelante, sino que rresçibió allí cartas del Marqués en que le signifficaua la gran soledad que padesçía por su ausencia, que le rrogaba mucho se volviese; á lo qual mi padre, por el amor que al Marqués tenía, se volvió, enviando desde allí mensajeros por toda la tierra por donde aquel traidor oviese de pasar para que todos, dondequiera que aportase, le diesen guerra y se lo matasen. Hecho ésto y enviado los mensajeros para que por todas partes hasta Quito-qua troçientas leguas de allí- dondel desventurado, como abaxo se dirá, murió, no parasen, se tornaron al Cuzco, a dondel dho. mi padre supo que después de muchas guaçavaras que con aquel traidor obieron, en muchas e diversas partes le dieron, matándole y robando mucha gente, hasta tanto que su mesma gente, viendo que se había apocado en tanta manera que ya casi no había naidie, con grand despecho, affeándole sus vellaquerías y traiçión contra su Rey, le cortaron la cabeça.26.

Desque mi padre estuvo en el Cuzco ya algún tanto sosegado y contento con la muerte de aquel traidor de Quisquis, hizo llamamiento a toda su gente para que todos por cabeças diesen; tributo a los españoles para su sustentaçión, y el° dho. mi padre en tanto que se juntaba el tributo: para suplir su necesidad, les dió gran suma de tew soro que de sus antepasados tenía, y el Gouerna-’ dor y sus compañeros le resçibieron con gran contento, dándole por ello las gracias. .27.

COMO LOS ESPAñOLES PRENDIERON A MANGO INGA

Los españoles, como se vieron con tanta riqueza, quisieron entonçes volverse a su tierra, pero mi padre viendo que eran avn muy nuevos en la tierra, no les dexó ir por entonçes mas antes dixo que se quería holgar con ellos y tenellos en su tierra, que auisasen ellos a la suya por ex tenso el subçeso que había tenido en su viaje; y ellos tuviéronlo por bien é hicieron sus mensajeros, enviando mucha parte del tesoro al Emperador Don Carlos, y desta manera se estuvieron en el Cuzco muchos días holgando a su placer en compañía de mi padre; e pasados algo nos días, como la cobdiçia de los hombres es tan grande, reinó en ellos de tal suerte que engañados por el demonio, amigo de toda maldad y enemigo de virtud, que se vinieron entre sí a con çertar y tratar los vnos con los otros la manera y el cómo molestarían a mi padre y sacarían dél más plata y oro de la sacada; y conçertados ansí, vn día. estando mi padre en su cassa, quieto y sosegado, fueron a ella y otros más de cient españoles con traicgión, so color que le iban a ver, y llegados que fueron al dho. mi padre, como los vió, pensando que le iban a ver como otras veçes solían, resçibiólos con mucha alegría y contento, y ellos como llevauan la traigión armada, echaron mano dél diçiendo: “Sabido hemos, Mango Inga, que te quieres levantar contra nosotros y matamos, como lo hizo tu hermano Ataguallpa; por tanto sábete que manda el Gobernador que te prendamos y echemos prisiones, como a tu hermano Ataguallpa, porque no seas parte para hacernos mal”. 28.

Mi padre como los vió de aquella manera determinados, alteróse en gran manera- “øQué os he hecho yo: por qué me queréis tratar desa manera y atarme como a perro? øDela manera me pagáis la buena obra que os he hecho en mooeros en mi tierra y daros de lo que en ella tenía con tanta voluntad y amor? Mal lo haçeis: øVosotros sois los que deçís que sois Viracochas y que os envía el Tecsi Viracochas? Alo es posible que vosotros sois sus hijos pues pretendéis hacer mal a quien os hace y ha hecho tanto bien øPor ventura, no os envié á Caxamarca gran suma de oro y plata, no tomasteis a mi hermano Ataguallpa todo el tesoro que allí yo tenía de mis antepasados? øNo os he dado en este pueblo todo lo que hauéis querido, que vno y otro sumado no tiene suma porque son mas de seis millones? øNo os he dado seruiçio para vosotros y vuestros criados y he mandado a toda mi tierra os tributen? øQué queréis más que haga? Juzgadlo vosotros y veréis si tengo razón de quexarme”.29.

A esto los españoles, como ciegos de aquella malvada cobdiçia, tornaron a replicar sobre lo dho. diçiendo:- “Hea sapai ynga: no curéis de dar agora excusas, que çertificados estamos que te quieres alçar con la tierra. Oís, moços; dad acá voos grillos”. Los quales traxieron luego, que sin más rrespecto ni más miramiento de quién era y del bien que les había hecho, se los echaron a sus pies, y echados mi padre como se vio de aquella manera, con mucho tristeza, dixo:”Verdaderamente digo que vosotros sois demonios y no Viracochas, pues sin culpa me tratáis desta manera øQué queréis?” Respondieron los españoles: “No queremos agora nada, sino que te estés presso”; y dexándole ansí preso y con guardas, voluieronse a sus casas a dar parte ile lo que hauían hecho al Gobernador, el qual no estaba muy inocente del negocio; y después, como mi padre se sintió preso de aquella manera, estaba con gran congoja; y con ella no sabía qué se hacer, porque no había quién le consolasse si no era la gente de su tierra. Y al fin, de allí a no se quántos días, voluieron Hernando Piçarro é Joan Piçarro y Gonçalo Piçarro con otros muchos y dixieron a mi padre: “Señor Mango Inga: øqueréis os todavía levantar con la tierra?” Dixo mi padre: “Con tierra me tengo de levantar, ya la tierra no es mía øpues qué me deçís de levantar”? A ésto rrespondieron los españoles e dixieron: “Hannos dho. que `nos queréis matar, y por eso te hemos preso; por tanto, si no es ansí que no te quieres levantar, bueno será que redimas tu vejaçión y nos des algún oro y plata, que eso es lo que venimos á buscar, porque dándola te soltaremos”. Dixo entonçes también Hernando Piçarro: “Avnque le soltéis vosotros y de más oro e plata que cabe quatro bohios, no se soltará de mi parte si no me da primero a la señora coya hermana, llamada Cura Ocllo, por mi muger “. Y esto deçía él porque la había visto y enamorádose della, porque era muy hermosa; y mi padre viéndolos tan determinados en su mal propósito, dixo: ø”Pues eso manda el Viracocha, que toméis por ffuerça la hacienda y mugeres de naidie? No se usa tal entre nosotros y bien digo yo que vosotros no sois hijos del Viracochan sino del supay–que es nombre del demonio en nuestra lengua.–Anda, que yo procuraré de buscar alguna cossa que os dar.” Y ellos replicaron: “No penséis que ha de ser como quiera, que tanto nos haz de dar como nos diste quando aquí llegamos, y más que era tesoro que no cabía en vn galpón de indios por grande que fuese.” Y mi padre, viéndolos tan importunos y tan determinados, por no gastar más palabras les dixo: “Anda, q’ yo haré lo que pudiere y os enviaré la rrespuesta”. Y ellos, aunque con algún rreçelo si sería ansí o nó, se fueron; y otro día el dho. mi padre mandó haçer llamamiento por toda su tierra y que se junte toda la gente que en ella hay para juntar aquella cantidad de teso. ro que los españoles con tanto ahinco le pedían; y desde que los tuvo juntos les hizo el parlamento siguiente: 30.

PARLAMENTO QUE MANGO INGA YUPANGUI HIZO A SUS CAPITANES

SOBRE LA JUNTA DEL TESORO QUE DIO A LOS ESPAñOLES QUANDO LE PRENDIERON LA PRIMERA VEZ.

“Hermanos e hijos míos: los días pasados os hiçe juntar otra vez desta manera para que viésedes un género de nueva gente que había aportado a nuestra tierra, que son estos barbudos que están aquí en este pueblo, y también porque me decían que era Viracochas, y lo paresçía el traje; os mandé que todos vosotros les seruiesedes y acatásedes como a mi persona mesma y les diésedes tributo de lo que en vuestras tierras teníades, pensando que era gente grata e inviada de aquél que ellos decían que era el Tecsi Viracochan–que quiere decir Dios–y parégeme que me ha salido al rreués de lo qué yo pensaua, porque sabed, hermanos, que éstos, segund me han dado las muestras después que entraron en mi tierra, no son hijos del Viracochau sino del demonio, porque me haçen y han hecho después que en ella están obras de tales, como podéis ver por vuestros ojos, que me pareçe que no podéis dexar, si me amáis verdaderamente, de rrescebir gran pena y congoja en ver ansí vuestro rrey aprisionado con prisiones y tratado desta manera, sin mereçerlo; y ésto por hauer metido yo en mi tierra semejante gente q’ hasta que yo mesmo me he degollado. Por vida vuestra, que si me deséais dar contento, que lo más presto que pudiéredes busquéis entre vosotros alguna cosa, en razonable cantidad de oro y plata, pues estos tanto se mueren por ella, para que pueda redimir mi vexagión y salir desta prissión en que por vuestros ojos me véis tan apassionado y congojado.”31.

RESPUESTA QUE LOS INDIOS HICIERON A MANGO INGA

SOBRE LA JUNTA DEL TESORO QUANDO ESTAUA PRESSO.

Como toda la jente de la tierra juntada de las quatro partes della, en las quales está repartida toda ella más de mill e doçientas leguas de largo y otras casi treçientas de anchor, rrepartida en esta manera a la discrición del mundo; conviene á saber: en Oriente e Poniente y Norte’ y Sur en nuestro uso llamamos Ande suyo, Chinchay suyo, Conde suyo, Colla suyo, rodeando’ desta manera: Ande suyo al Oriente, Chinchay su. yo al Norte, Conde suyo al Poniente, Colla suyo al Sur. Esto haçiamos puestos en el Cuzco, que es el centro y cabeça de toda la tíerra, y por ésto y por estar en el medio, se nombraban mis antepasados puestos allí por ser su çepa, señore de Tauantin suyo, que quiere deçir, señores de? Ias quatro partidas del mundo, porque pensaban de çierto que no había más mundo que éste, y a esta causa inviauan siempre desde aquí mensaje: ros a todas partes para que concurriese toda la gente a la cabeça, como hizo mi padre agora en esta junta, que arriba se dixo, porque por la mucha gente que había, que a quererla numerar! sería imposible, decían todo esto a tanto que con haberse consumido en Caxamarca y en lo de,Quisquis arriba dho. sin número de gente, y enl otras muchas guaçavaras y rreffriegas, que por’ evitar prolexidad callo, se juntaron a esta junta, de solos los prencipales, más de diez mil l; y des-,1 que ansi estuvieron juntos é puestos ante mi padre, como le vieron estar de aquella suerte, mouidos con gran llanto, dixieron:32.

“Sapay Inga: øQué coraçón hay en el mundo q’ viéndote ansí, nuestro Rey, que desa suerte estás tan afflexido y congoxado con dolor, no se haga pedaços y de lastima no se derrita? Por çierto, sapay Inga, tu lo erraste mucho con meter en tu tierra semejante gente, mas pues q’ ya ello está hecho y no se puede remediar por otra suerte, aparejados estamos estos tus vasallos ,a haçer de muy entera voluntad todo lo que por tí nos ffuere mandado; y no deçimos nosotros tan solamente eso que tu nos mandas que juntemos, q’ en comparaçión de lo que te debemos y somos obligados, no es nada; y sino bastase eso que tu diçes y fuese neçesario que para redimir tu vexagión nos vendiésemos a nosotros mismos y nuestras mugeres e hijos, lo haríamos de muy entera voluntad por tu seruiçio. Mira, señor, quando mandas que se junte ésto que al punto y hora que mandares, será junto y cumplido tu mandado, sin faltar en ello vn punto, avnque sepamos arañarlos con nuestras manos debaxo de la tierra.” 33.

Mi padre, Mango Inga Yupangui, viendo la gran voluntad con que sus vasallos se le ofresçían á hacer lo que les rrogaba agradesçióselo mucho y dixo: “Por cierto, apoes -que quiere deçir señores-, en gran obligaçión me habéis echado por la gran voluntad que me mostráis de querer rredimir la vexación en que estoy puesto e vara ello offresçer vuestras personas y haçiendas, y os doy mi palabra como. quien soy, que no perdáis nada en el negoçio, que si yo no muero, yo os lo pagaré; que pues yo me lo tomé por mis manos metiendo tan mala gente en mi tierra, yo me lo lleuaré; é gran plaçer me haréis en daros la mayor priessa que pudiéredes en la junta desto ques. os digo, porque resçibo grandísima pena en verme ansí presso y mal tratado. Y porque no me; molesten más éstos os será neçesario que les hin-’ chéis aquel bohío que está allí -el qual era vna casa grande-de oro y plata q’ quiga viendo esso cesarán de me molestar.” Los capitanes y gente respondieron a vna voz: “Señor Sapai Inga:’ para lo que te debemos no es nada eso; luego se hará como tú lo mandas”. Y ansí se despidieron todos a buscar lo que mi padre les había mandado; los quales voluieron en breue tiempo con lo que les había mandado que juntasen, y junto y puesto de la manera que mi padre había ordenado. Otro día el dho. mi padre envió a llamar a los españoles, los quales vinieron luego á su llamado. 34.

DE COMO LLEGARON LOS ESPAñOLES EN CASA DE MANGO INGA

QUANDO ESTAUA PRESO Y LO QUE ALLI ACONTECIO CON SU LLEGADA.

Llegado que fueron los españoles a donde mi padre estaua preso y aherrojado con grillos a sus pies, le saludaron segund otras solían y mi padre como los vió venir y llegar a su cassa, hízoles el acatamiento acostumbrado; a los quales començó a hablar en esta manera, preguntándoles lo primero por el macho capito que no estaua allí a la sazón, el qual dixo ansí a Hernando Pizarro “øA dónde está el macho capito?” Y Herrando Piçarro respondió diçiendo que quedaba en casa mal dispuesto, y mi padre, como le deseava uer, dixo: “Pues no le embriaríamos á llamar”. Y Gonzalo Piçarro y los demás dixeron: “Norabuena, Mango Inga, váyanle á llamar y bueno sería que le ffuesen a llamar de tu parte”. Y ansí mi padre envió algunos de sus capitanes a lo llamar y el Gobernador respondió a los capitanes diçiendo que se hallaba mal dispuesto por entonçes q’ en estando algo mejor él iría á ver lo que mi padre mandaba. Y mi padre como vió que no venía, dijo a los españoles estas palabras.35.

PARLAMENTO DEL INGA A LOS ESPAñOLES ESTANDO

EN LA PRISION QUANDO LES DIO EL TESORO LA PRIMERA VEZ.

“Señores: Muchos días há que me haçéis gran desaguisado en tratarme de la manera que me tratáis, no os habiendo yo dado ocassión para ello, en especial habiéndolo hecho tan bien con vosotros en dexaros entrar en mi tierra y traeros en tanta honra y aparato a mi pueblo y ca sa, y daros con tanta voluntad lo que en mi tierra y cassa-tenía; lo qual, si vosotros queréis juzgar. lo, no ffué tan poco que no fueron más de do millones de oro e plata, que yo sé que vuestro rrey no los tiene juntos. Y bien sabéis cómo estuvo en mi mano el entrar vosotros en la tierra o nó, porque no queriéndolo yo, que bastante erades vosotros ni otros diez tantos más a pode . entrar en ella. No sabéis quánto poderío de gente yo tengo en toda mi tierra, y quántas fortaleza é fuerças en ella hay; acordaros debríades con, quánta voluntad yo os envié á llamar sin voso tros me lo hacer saber, y cómo en señal de arais tad por lo que me dixieron que érades Virac chas e inviados por el Tecsi Viracochan os envi al camino lo que pude; acordaros debríades taras bién cómo llegados que fuistes a este pueblo os hice proueer de seruiçio y mandé juntar la gente de toda mi tierra para que os tributasen, y e pago de todo esto y de hacerlo yo con tanta affi-, çión é voluntad, me habéis presso y puesto agoraj de la manera que estoy, so color de que me quería alçar contra vosotros y mataros, no teniendo, yo dello tal pensamiento; bien entiendo que lw cobdicia os ha cegado para hacer tan gran desatino, y mediante ella me habéis tratado desta; suerte. Nunca yo pensaba que gente que tan buenas muestras daba al prençipio, que se jataba de hijos del Viracochan, habían de hacer tal cosa. Por vida vuestra que me asoltéis y entendáis que yo no os deseo dar pena, sino antes todo placer, y para hartar vuestra cobdiçia, que tanta hambre tenéis por plata, allí os darán lo que pedís. Y mirad que os doy ésto con aditamiento que a mí ni a gente ninguna de mi tierra habéis de molestar ni maltratar perpetuamente; y no penséis que os doy ésto de miedo que tenga de vosotros, sino de mi voluntad mera, porque øqué miedo había yo de haber de vosotros estando toda la tierra debaxo de mi poderío é mando? E si yo quisiese, en muy breue tiempo os podrían desbaratar a todos. Y estas prissiones que me hauéis echado, no penséis que las tengo en nada, que si yo ouiera querido, muy ffáçilmente me obiera soltado dellas; pero no lo he hecho porque entendáis que antes mi negocio emana de amor que de temor, y mediante éste os he hecho y hago el tratamiento que os he rrelatado. De aqui adelante todos tengamos paz y viuamos de amor y eompañía; y si no la obiera, bien sabéis que daréis pena al Viracochan –que quiere decir a Dios-y a vuestro Rey.” Y como mi padre acabase el parlamento ya dicho, todos los españoles que uinieron con Hernando Piçarro y Gonzalo Piçarro y Joan Piçarro le agradeçieron mucho lo que les había dicho y más lo que les daua, así del tesoro como de las demás joyas; y todos juntamente le rindieron las gracias desta manera. 36.

MODO Y MANERA COMO RINDIERON LOS’ ESPAñOLES

LAS GRACIAS A MANGO INGA DEL TESORO E JOYAS QUE LE DIO’ QUANDO LE SOLTARON.

“Señor Mango Inga: Entendido tenemos todos-los que aquí estamos, y el señor Gobernador don Françisco Piçarro tiene lo mesmo, que, me diante ser V.M. quien es y hijo de tal padre, como ffué Guaina Cápac, tenemos nosotros la tie. rra que hoy poseemos y estamos de la manera que estamos, con tanto contento y regocijo en estar en ella, que a no ser V.M. quien es, de sangre rreal, ni tuviéramos la tierra que tenemos m’. poseyéramos las riquezas que de su tan franca.. mano habemos resçeuido y poseemos. Plega, Nuestro Señor Dios todo poderoso, a quien vuestra merced llama Viracochan, nuestro padre, que por quien su Divina Magestad es, tan buena voluntad como es la que vuestra merced nos ha mostrado, y obras que nos ha hecho, le pague, trayéndole a conosçimiento de quien su Sacratíssima Magestad es, para que conoçiéndole le ame,: y amándole le posea, y poseyéndole se goce con El en su Reino para siempre, así como nosotros nos gozamos poseyendo la merced que V.M. nos hace’. Hernando Piçarro, dando la palabra por todos, dixo anssí: “Todos estos caualleros e yo hemos rresçuido sumo contento con la merced que nuestra merçed nos ha hecho en todo; queda-: mos en obliçación de lo seruir toda nuestra vida e protestamos de que agora ni en ningún tiempo no habiendo demasiada ocassión, estos caualleros ni yo no le daremos ninguna pena”.37.

Acabado este rrazonamiento y hacimiento de grasçias de los españoles a mi padre, el dho. mi padre les mandó entregar el tesoro que les tenía aparejado; los quales lo rresçibieron en sí y no llegaron a ello hasta dar parte de lo que les había subçedido al Gouernador. Y ansí, sin haçer más: algunos dellos lo fueron luego a llamar para que lo uno, diese las gracias de semejante tesoro a mi padre, y lo otro, se hallase presente al rresçibir é partir; porque, segund después paresçió por ruegos del Gobernador habían los españoles ido a soltar a mi padre de la cárcel donde estaba, porque ellos no fueran si ellos dél no fueran mandados; y ansí, para que viese cómo estaba ya suelto mi padre, le fueron á. llamar algunos dellos, el qual entendiendo lo que pasaba y que mi padre estaba ya suelto, luego vino; y llegado que ffué saludó a mi padre en esta manera. 38.

LLEGADA DEL GOBERNADOR A CASSA DE MANGO INGA

“Dios guarde a Vra. merçed, señor Mango Inga. Por haber estado algo mal dispuesto no vine justamente con estos caualleros á besar las manos a vuestra merçed, de que he estado con alguna pena por no haber hecho lo que yo tanto deseaua, que era verme con vuestra merçed; pero ya que hasta aqui ha habido ffalta, que ha ssido, como dho. tengo, por mi indispusisión, de aquí adelante no la habrá. Gran pena he reçibido en su prissión, en espeçial si ffue sin culpa, lo ‘!, qual si ha sido, es de rresçibir mayor, que bien creo, que segund vuestra merçed es de bueno, es ansí; é teniendo esto entendido, como siempre lo tuve de su bondad, rrogué a estos caballeros que no molestasen tanto a vuestra merçed, porque entendido tengo yo que quien con tanta voo luntad nos traxo a su tierra y tan de plano nos; la entregó con los tesoros que en ella había, no se había de mover tan ffácilmente por ninguna vossa a haçer cosca que no debiesse. Suplico a vuestra merçed, no tenga pena, questos caualleros e yo de aquí adelante procuraremos de no se la dar más, antes tener el rrespeto que á semejante persona como vuestra merçed conviene”.39.

‘Paréceme que todavía hace V.M. con estos caballeros y conmigo lo que suele haçer, como 1;, pareçe, por la merçed de tan gran rriqueza y tesoro como hoy les ha dado, por la parte que a mí ? me toca, de ser su gobernador y por la que de su ‘, Majestad del quinto le ha de caber. Beso las manos a vuestra merçed, que yo se que ha de rresçibir tanto contento con lo demás que hasta aquí dado por vuestra meroçed le he enviado; quedo por esta merçed en tanta obligación que por pa labra no lo sabré significar”. 40.

RESPUESTA DE MANGO INGA AL GOUERNADOR

Apo –que quiere decir señor–Vengas norabuena. Muchos días ha que te he deseado ver y no sé qué ha sido la causa porque no me has querido dar este contento, pues tanto yo lo he deseado y te he enviado a llamar no sé quántas veces para quexarme a tí destos tus soldados; y por los aplaçer a ellos no me has querido dar a mí contento, pues por çierto que te lo he deseado yo dar y avn procurado. Mal me pagáis vosotros mi tan buen deseo y obras; estos tus soldados me han molestado y ffatigado, sin yo meresçerlo, teniéndome aquí aherrojado con hierros, como si fuera su criado o como si yo fuera su llama que quiere decir carnero; más me pareçe ésta molestia cobdicçiosa que hazaña poderosa, porque a la clara se ve que me han tenido antes preso por su hambrienta cobdiçia que por poderío que sobre mí pudiesen tener, y como tú has visto y de todo eres testigo, no me vençistes vosotros a mí por fuerça de armas sino por hermosas palabras, que si no me dixiérades que érades hijos del Viracochan y quél os enviaba, e yo por vuestras insignias de tantos enlauiamientos como comigo vsastes no lo pensara, no se yo cómo lo ouiéra. des en la entrada de mi tierra; y por lo haber yo hecho con vosotros de la manera que lo he hecho, me tratáis desta manera. çentil pago me dais por tan buena obra como yo os he hecho. 41.

Aquí he dado a estos tus soldados no sé qué oro e plata por sus importunaçiones; hazlo rrepartir allá como a tí te paresçiere; y mira que pues eres tan buen apo, que mandes que de aquí adelante no me den más enojo, pues yo no se lo deseo dar a ellos, que te hago saber de çierto que si ellos me lo dan, que yo procuraré de tal suerte que quiçá les pese”. 42.

El Gobernador, oída la rrespuesta que mi padre le dio, holgóse mucho con ella y mandó rresçibir aquel tesoro a los españoles, diçiendo: “resçcíuase eso que con tan buena voluntad nos hace merçed el señor Mango Inga Yupangui, el qual no lo ha de agora el hacernos semejantes mercçedes sino de muy atrás; e miren vuestras merçedes, señores, los que aquí están presentes, que tenemos ya mucho rresçibido del señor Mango Inga después que estamos en su tierra, y que se lo pagamos muy mal segund la voluntad con que nos lo da. De aquí en adelante, por su uida que le rrespeten y tengan en mucho, pues lo mereçe”. Todos los soldados, con el contento que resçibieron con el don del tesoro que mi padre les hauía dado, rrespondieron con gran gozo al gouernador estas palabras: 43.

RESPUESTA DE HERD°. PIÇARRO Y G°. PIÇARRO Y JOAN PIÇARRO

Y DE LOS DEMAS SOLDADOS AL GOUERNADOR.

“Por çierto V. Sa. tiene muy gran razón en rreprehendernos y affearnos semejante cosa, que era porque si ouiera miramiento en nosotros no lo hacíamos de hauer hecho desta suerte sino agradeçer el bien a quien nos lo hace. De aquí adelante se hará como V. Sa. lo manda”.44.

Acabadas todas estas rrazones de vna parte y de otra, todos los españoles rrepartieron aquel tesoro por cabeças, dando a cada vno según su calidad; lo qual rrepartió Hernando Piçarro como prençipal autor en aquel caso, porque había sido el que había preso a mi padre. El qual tesoro rrepartieron a costales, porque, segund era la cantidad, tardáronse mucho en rrepartirlo por peso; y desque hubieron ya rrepartido el tesoro entre si, mi padre en señal de agradesçimiento al Gobernador, díxole estas palabras:45.

“Apo: parésçeme que tú has sido parte para questos tus soldados me hayan soltado de la prisión en que estaba, la qual paresçió sin ser culpa; rruegote que no te vayas tan presto, sino que en señal de la conffederasçión de nuestra amistad, hagamos juntos colasçión, que yo espero que de mi parte no ha de quebrar lo por mí prometido”.46.

Y el Gobernador, por le dar contento á mi padre e porque la demanda era justa y no dañosa, óbolo por bien, e sentándose todos en la sala donde mi padre estaba, rresçibieron colasçión con gran regoçijo y chacota.47.

Resçiuida la colasçión y confesados mi padre y los españoles, fuéronse á sus casas cada vno con la rrasçión que le cupo de la empressa del tesoro. De creer es que irían acompañando al Gobernador y que allá se rregoçijarían entre sí, cada uno con lo que lleuaban. El qual rregocijo, segund adelante se verá, no les duró mucho, porque como el demonio sea tan malo como es y amigo de disensiones e diferençias, nunca para. 48.

REVUELTA DE GONçALO PIçARRO CONTRA EL INGA

No pasaron, segund mi padre me dixo, tres meses, quando la invidia, ques enemiga de toda bondad, rreinó en Gonçalo Piçarro, lo vno por ver que a su hermano le habían dado tanta cantidad de oro y plata por no más de que había preso á mi padre con cobdiçia quando era correçidor y lo otro, porque como se vió con vara y mando por la ausencia del Marqués don Françisco Piçarro, que a la sazón se había partido para Lima, despidiéndose de mi padre con gran amor y amistad estando siempre confformes, quizo mostrar fausto y autoridad con la vara a costa de mi padre, achacándole q’ se quería alçar, diçiendo que vna noche hauía de dar sobre ellos estando durmiendo, y con este achaque falso, el dho. Gonçalo Piçarro se procuró de armar y tomar consigo a su hermano Juan Piçarro y a otros para ir a prender a mi padre. Los quales todos se fueron a la casa onde mi padre estaua holgándose con toda su çente en vna fiesta que a la sazón hacía. E llegados que fueron, mi padre, no sospechando la traición q’ tenía armada, los rresçibió con gran benebolençia y afabilidad, y ellos, como llebauan la traiçión dañada, aguardaron a que se saliese a alguna cosa a su casa y luego ffueron tras dél y, en ella, al tiempo que quiso salir, le prendieron, diçiendo el Gonçalo Piçarro estas palabras:49.

SEGUNDA PRISION DE MANGO YNGA POR GONçALO PIçARRO

“Señor Mango Inga: El otro día quedastes con mi hermano Hernando Piçarro de no vrdir ni tratar más negoçios y paréçeme que no hauéis guardado lo que prometistes, que informados estamos como tenéis concertado de dar sobre nosotros esta noche, e para eso tenéis junta tanta çente; por tanto, sed preso por el rrey y no penséis que ha de ser agora como el otro día, que dixistes que no teníades en nada todas nuestras prisiones; agora lo esperimentaréis si se quiebran o no”. Y luego, de mano a boca, mandó traer Gonçalo Piçarro unos grillos y una cadena que aherrojasen á su sabor a mi padre; los quales grillos y cadena mandó que luego se le echasen, y mi padre viendo que con tanto vitoperio le querían parar de aquella suerte, quísose deffender diciendo:50.

RESPUESTA DE MANGO INGA

“øEn qué andáis aquí conmigo cada triquete haciéndome beffas? øVosotros no sabéis que yo soy hijo del Sol é hijo del Viracochan, como vosotros os jatáis? øSoy quien quiera ó algún indio de baxa suerte? øQueréis escandalizar toda la tierra y que os hagan pedaços a todos? No me maltratéis, que no os he hecho por qué øPensáis que se me da nada por vuestras prisiones? No las tengo en lo que huello”. Gonçalo Piçarro y sus alfereçes como vieron a mi padre con tanta furia, remetieron todos contra él para le echar la cadena al pescuezo, diçiendo: “No os deffendáis Mango Inga: mira que os ataremos pies y manos de arte que no sea bastante quantos hay en el mundo a desataros, porque si os prendemos, es en nombre y voz del Emperador y no de nuestra autoridad; y que lo fuere, nos habéis de dar agora mucho más oro y plata que el otro día y más me hauéis de dar a la señora coya Cura Ocllo, vuestra hermana, para mi muçer”. Y luego, incontinente todos de mancomún como alli estaban, le echaron la cadena al pescuezo e los grillos a los pies.51.

PARLAMENTO DE MANGO INGA SEGUNDA VEZ ESTANDO EN LA PRISION

Mi padre, como se vió así atado y preso de aquella manera, con tanta inominia y deshonrra, dixo con mucha lástima estas palabras: “øPor ventura soy yo perro ó carnero e algún oyua vuestro que porque no me huya me atáis desta manera? øSoy ladrón o he hecho alguna traición al Viracochan o a vuestro Rey? Si que no, pues si no soy perro ni ninguna cosa que las que dicho tengo, øqué es la causa porque de tal manera me tratáis? Verdaderamente agora digo, y me afirmo en ello, que vosotros sois antes hijos de çupai que criados del Viracochan, quanto y más hijos; porque si, como arriba dicho tengo, vosotros fuérades, no digo yo hijos verdaderos, sino criados del Viracochan, lo uno, no me tratáredes de la manera que me tratáis, más antes miráredes a quién yo soy y cúyo hijo, y el poderío que he tenido y tengo, el qual por vuestro respecto he dexado; y lo otro, miráredes que no ha habido en toda mi tierra, después que entras tes en ella, cossa ninguna, alta y baxa, pequeña ni grande, que se os haya negado; mas antes, si rriquezas yo tenía, vosotros las poséis; si çente, á vosotros siruen así hombres como muçeres, chicos y grandes, y menores si tierras, las mejores que en mi tierra hay debaxo de vuestro poderío están; pues qué cosa hay en el mundo de que hayáis tenido necesidad que yo no la haya proveído á vosotros; ingratos, çierto sois, y dignos de toda confusión”.52.

Gonçalo Piçarro y Joan Piçarro y los demás que con ellos vinieran, no haçiendo caso de lo que mi padre les decía, con vn género de desdén dixieron: “Sosiegue, sosiegue, señor supai ynga< /foreign> y repose vn poco, que está agora con mucha cólera; mañana hablaremos largo. En todo procure de dar orden cómo se junte mucha plata y oro, _y acuerde de darnos la coya, que la deseo mucho haber”, dixo Gonçalo Pizarro. Acabadas de deçir estas buenas razones los españoles a mi padre, fuéronse á sus casas a comer, porque este prendimiento había sido a la mañana. Idos que fueron los españoles a sus posadas, y dexando buenas guardas que guardasen a mi padre, luego toda la çente que estaba en vna plaça llamada Puma kurco, de adonde mi padre se levantó aquella mañana de comer con todos ellos para ir a su casa a algo que le convenía, quando le prendieron los españoles, vino con gran sobresalto a la cassa donde mi padre estaba á ver por qué causa no había venido a panpa en tanta distancia de tiempo, y como llegaron a la puerta hallaron todos los criados de mi padre alborotados y como llorando por ver a su amo presso de aquella suerte. Los capitanes y çente que ansi venían a saber lo que pasaba, todos enmudeçieron, haciendo entre sí grandes exclamaçiones, y vnos a otros como maravillándose se preguntaban: øqué es esto? øqué es esto? Y estando ansí alborotados entraron adentro los capitanes más prençipales de toda la tierra a certificarse deveras cómo pasaba el caso y a ver qué hacía mi padre; y entrando más adentro -que les fué dado para ello licençia, sin la qual naidie podía entrar- llegaron á donde mi padre estaba preso y de la manera arriba dicho, y viéndolo todos de aquella manera hiçieron vn gran llanto, que fué çierto cosa de veer, a onde llamando a todos a alta voz vno dellos llamado Vila Oma, persona que gobernaba la tierra por mi padre como çeneral de toda ella, dixo como conquestardose e increpando á mi padre desta manera: “Sapai iynga øqué es esto en que andan estos viracochas? Hoy te prenden, mañana te sueltan. Pareçe que andan contigo jugando a juego de niños, pero no me marauillo que te traten desta suerte, pues tú te lo quisiste metiendo en la tierra de tu voluntad, sin nuestro pareçer, çente tan mala. Yo te digo que si tú me dexaras a mí quando ellos llegaron donde tú estás agora, porque yo e Challcochima, avnque ellos no quissieran, con la çente de nuestro bando les estorbáramos la entrada, y no creo yo que nos ouiera ido tan mal como nos ha ido por ser tú tan bueno; porque si tú no nos dixieras que eran viracochas y enviados por el Atun Viracochan -que quiere decir gran Dios- y no nos mandaras que les obedeçiésemos y respetáramos por tales, porque ansí lo haçías tú; poca necesidad teníamos nosotros ser vexados y molestados de la suerte que agora estamos, desposeídos de nuestra haçiendas, de nuestras muçeres, de nuestros hijos e hijas, y de nuestras chácaras, y vernos vasallos de quien no conosçemos; tan opressos, tan ffatigados que hasta con nuestras capas nos haçen limpiar la suciedad de los caballos. Mira, señor, hasta quánta baxeza nos has hecho venir por quererlo tú, e pues tú lo haz querido, no te maravilles que te traten desa manera; bien sabes que avn quando tu saliste a Vilca Cunga a rresçibirlos, te lo estoruaba yo y te fui a la mano muchas veçes sobre que no les metieses en tu tierra, y avn si te acuerdas, te dixe quando tuvimos nuevas que habían llegado á la tierra, que yo iría por la posta con diez o doçe mill indios y los haría pedaços a todos; y tú nunca me dexaste, sino antes ¡calla! ¡calla! que son viracochas o sus hijos, como si no barruntáramos nosotros que çente desta manera que venía de tan lexas tierras, que antes venía a mandar que a obdecer. Yo é toda tu çente tenemos de lo pasado gran pena, y de verte de la manera que estás gran conpassión, y te parece porque entiendas que soy el que ser solía, dáme licençia que yo te soltaré, y á estos barbudos los acabaré bien breue; porque çente tienes tú en tu tierra que me ayudará; que bien sabes tú que en toda la tierra, arriba y abaxo ni al traués, después de tí, no hay á quién más rrespeten que a mí, pues sobre todos soy çeneral”. Acabado que hubo de rrelatar á mi padre lo arriba dicho, este capitán Vila Oma, juntamente con otro llamado Ticoc, su compañero, se volvieron á los españoles que á la sazón allí estauan presentes, y con rostros alterados y severos dixieron estas palabras:53.

INCREPACION HECHA POR LOS CAPITANES DEL YNGA A LOS ESPAñOLES SOBRE EL MAL TRATAMIENTO QUE HACIAN A SU REY E SEñOR

“øQué andáis vosotros aquí con nuestro Inga daca por allá cada día, hoy prendiéndole, mañana molestándole y esotro día haçiéndole beffaz? øQué os ha hecho este hombre? øAnsí le pagáis la buena obra que os hizo en meteros a su tierra contra nuestra voluntad? øQué queréis dél, qué más os puede haçer de lo que ha hecho? øNo os dexó entrar en su tierra con toda paz y sosiego y con mucha honrra? øNo os envió a llamar a Cajamarca? øA los mensajeros que le enviastes, no os los envió muy honrrados con mucha plata y oro y con mucha çente? øNo ffueron e vinieron en hamacas, trayéndolos su çente a questas? En Caxamarca øno tomastes dos casas de oro y plata que le pertenesçían, y más lo que os dió Ataguallpa, que todo era de mi Inga, y lo que él os envió de aquí a Caxamarca, que fué gran cantidad de oro e plata? De Caxamarca a este pueblo, en ciento y treinta leguas que hay de camino de allá acá øno os hicieron todo buen tratamiento, dándoos muchos refrescos y çente que os traxiesen? øEl mesmo no os salió a resçibir al camino seis leguas de aquí, en Xaquixaguana? øPor vuestro respeto no quemó la persona más prençipal que tenía en toda su tierra, que fué Challcochima, llegados que fuistes aquí? øNo os dió casas y asientos, y criados y muçeres, y sementeras? øNo mandó llamar a toda su çente para que os tributasen? øNo os han tributado? Sí, que sí. El otro día, quando le prendistes, por rredimir su vexasçión øno os dio vna casa llena de oro y plata? A nosotros los prençipales y a toda la çente øno nos habéis quitado las muçeres e hijos e hijas? Y a todo callamos porque él lo quiere por bien y por no le dar pena. Nuestra çente øno os sirve hasta limpiar con sus capas la suciedad de los cavallos y de vuestras casas? øQué más queréis? Todas quantas veçes habéis dicho daca, oro, daca plata, junta ésto, junta estotro øno lo ha hecho siempre hasta daros sus mesmos criados que os siruan? øQué más pedís a este hombre? Vosotros no le engañastes diçiendo que veníades por el viento por mandado del Viracochan, que érades sus hijos y deçíades que veníades a servir al Inga, a quererle mucho, a tratarle como a vuestras personas mesmas a él y a toda su çente. Bien sabéis vosotros, y lo véis si lo queréis mirar atentamente, que en todo habéis faltado y que en lugar de tratarle como publicastes al prençipio le habéis molestado y molestáis cada credo, sin mereçerlo ni haberos dado la menor ocasión del mundo øDe dónde pensáis que ha de sacar tanto oro e plata como vosotros le pedís, pues os ha dado, hasta quitarnos a nosotros nuestras joyas, todo quanto en su tierra tenía? øQué pensáis que os ha de dar agora por la prisión en que le tenéis preso? øDe dónde ha de sacar esto que le pedís, ni con nada, si no lo tiene, ni tiene qué daros? Toda la çente desta tierra está muy escandalizada y amedrentada de tal manera de ver vuestras cosas que no saben ya qué se deçir ni a dónde se puedan ir porque lo vno, véase desposeidos de su Rey; lo otro, de sus muçeres, de sus hijos, de sus casas, de sus haciendas, de sus tierras; finalmente de todo quanto poseían, que çierto están en tanta tribulaçión que no les rresta sino ahorcarse o dar al través con todo, y aún me lo han dicho a mí muchas veçes. Por tanto, señores, lo más açertado que a mí me paree sería que dexásedes ya descansar a mi sapai ynga, pues por vuestra causa está con tanta neçesidad e trabajo, é le soltásedes de la prisión en que está, porque estos sus indios no estén con tanta congoxa”.54.

RESPUESTA DE LOS ESPAñOLES A VILA OMA

øQuién te manda a tí hablar con tanta autoridad al correçidor del Rey? øSabes tú qué çente somos nosotros los españoles? Calla; si no, por vida de su Maçestad que si te arrebato, que os haga vn juego a tí y a tus conpañeros que se os acuerde para toda vuestra vida; juro a tal, si no callas, que te abrase viuo, y te haga pedaços. Mira quién le manda a él parlar con tanta autoridad delante de mí”. Esto dixo Gonçalo Piçarro por meter miedo ansí a Vila Oma como a los demás que estaban presentes.55.

El qual tornó luego a rreplicar sobre lo dicho, diçiendo: “Acabad daos priesa a juntar esta plata y oro que os he mandado; si no, yo os juro a tal que de la prission no me salga vuestro rrey hasta que se junte, aunque sea de aquí a vn año; por eso no me rrepliquéis más, ni me representéis hazañas, de acá ffué, de agulla vino”. Acabadas todas estas cosas entre los españoles y aquel capitán Vila Oma, los españoles le dexaron, yéndose a sus casas y él se vino a mi padre a deçirle por extenso todo lo que les había dicho y la respuesta que ellos le dieron también; y mi padre, como los vió de aquella manera y que con tanta lástima se condolían de su trabajo, les dixo de la manera siguiente:56.

“Hijos y hermanos míos; bien entiendo que yo me tengo mi mereçido por haber consentido á esta çente entrar en esta tierra, y también veo la rrazón que de quexaros de mí tenéis; mas, pues ya no hay otro rremedio, por vida vuestra que con la más brevedad que podáis juntéis algo con que esta tan agravada vexaçión rredima, y doleos de ver a vuestro rrey atado como a perro con cadena al pescuezo, y como esclavo y cosa fuxitiua, grillos á los pies”. Los capitanes y çente, con la gran compassión que les dió de ver a mi padre de aquella manera tan maltratado, no tuvieron qué rresponder, sino con todo silençio y amortiguamiento de ojos, vnos en pos de otros, se salieron a buscar quál más podía lo que mi padre les mandaba por si pudiesen con mucha brevedad soltarle, pero no pudieron tan presto que no pasaron más de dos meses primero que pudiesen juntar lo que juntaron, lo qual fué quitándose los vnos a los otros sus dijes y traçes que traían en sus personas. De los quales, segund que fué la cantidad de la çente que lo juntó, hinchieron de todo ello vn bohío muy grande, habiendo entrello algunas baxillas que a mi padre le habían quedado en su casa para seruiçio de su persona. E ya junto todo por el acosamiento tan grande que aquellos hombres le acosaban cada vez, diciendo: “øno se junta? Si se junta esta plata no acabáis; øhasta quándo nos habéis de hacer esperar? øAçabad”. Con estas y otras palabras que fatigaban a mi padre de contino les envió a llamar diçiendo que para que acabasen aquellos ya de molestarse les llamasen, porque les quería dar aquello que tenía junto y ansí los fueron a llamar. Los quales vinieron luego y, llegados que fueron a donde mi padre estaba presso, le saludaron diçiendo: “Dios os guarde, señor sapay ynga øQué es lo que nos mandáis o por qué nos habéis enviado a llamar?” Mi padre como los vió así venir, porque entendía que ya se llegaba la ora en que le habían de soltar de las prisiones en que estaba, dixo a los españoles estas palabras.57.

PARLAMENTO DEL INGA A LOS ESPAñOLES

“Apo cuna: -que quiere deçir señores- los días pasados quando me prendistes la otra vez, os dixe que no era posible que fuésedes hijos del Viracochan, pues tan mal trarábades a quien tanto bien os ha deseado haçer, y ha hecho, y hace, y os dí las rrazones bien equivalentes para ello; y agora que esta segunda vez tan pesadamente y tan sin piedad habéis agraviado mi molestia, doblándome las prissiones é tiempo, pues ha ya más de dos meses que estoy presso y aherrojado como perro, no dexaré de deçiros que lo habéis hecho no como crisptianos e hijos que deçís que sois del Viracochan, sino como sieruos del supay, cuyas pisadas vosotros seguís, haçiendo mal a quien os hace bien y avn peores sois vosotros que él, que él no busca plata ni oro porque no la ha menester, y vosotros buscáisla e queréisla sacar por ffuerça de donde no la hay; peores sois que los yungas, los quales por un poquillo de plata matarán a su madre y a su padre y negarán todo lo del mundo; y ansí vosotros no se os acordando de tanto bien que de mí habéis rresçibido, amándoos yo con tanta voluntad y deseando vuestra amistad, me habéis negado por vn poco de plata é tratádome por causa della peor que tratáis á vuestros perros, por donde paresçe que tenéis en más vn poco de plata que la amistad de todos los hombres del mundo; pues por amor della habéis perdido la mía y la de todos los de mi tierra, pues por vuestra inportunaçión y demasiada cobdiçia, yo y ellos nos habemos desposeído de nuestras joyas é riquezas, las quales vosotros nos habéis tomado a puras ffuerças y molestias y agras importunaciones. Yo os digo que a lo que yo entiendo, no os ha de luçir mucho ésto que a mí con mi çente nos tomáis tan sin justicia y razón hayan juntado esos pobres indios con harto trabajo, no se que mandadlo rresçibir y acaba ya de quitarme desta prissión”. Todo ésto deçía mi padre con mucha lástima y aún con lágrimas de sus ojos, por verse tratado de aquella suerte.58.

LA MANERA DE COMO LOS ESPAñOLES QUISIERON SOLTAR A MANGO INGA DE LA SEGUNDA PRISION Y DE COMO LES DIO LA COYA

Pues como los españoles oyeron lo que mi padre les dixo, con alguna alegría é placer por la plata que estaba junta, dixieron que se holgauan mucho de ello, y haçiendo algún ademán de quererlo ir a soltar, lo qual todo era fençido, salió muy de presto Gonçalo Piçarro y dixo “Qué! voto a tal! no suelte, que primero nos ha de dar a la señora coya su hermana, que el otro día vimos; que priessa tenéis vosotros de quererlo soltar sin que os lo manden. Ea, señor Mango Inga, venga la señora coya, que lo de la plata bueno está, que eso es lo que prencipalmente deséabamos”.59.

LA MANERA DEL DAR DE LA COYA

Mi padre, como los vió que con tanta importunidad le pedían la coya y que no se podía evadir dellos de otra suerte, mandó sacar vna india muy hermosa peinada y muy bien adereçada para dársela en lugar de la coya que ellos pedían; y ellos como la vieron, desconociendo la coya, dixieron que no les paresçía a ellos que era aquella la coya que ellos pedían, sino otra india por allí; que les diese la coya y que acabase de negoçios; y mi padre, por tentarlos, hizo sacar otra más de veinte, casi de aquella suerte, unas buenas y otras mejores, y ninguna les contentaba. Ya que le paresçió a mi padre que era tiempo, mandó saliese vna, la más preçcipal muçer que en su casa tenía, compañera de su hermana la coya, la qual le paresçía casi en todo, en especial si se vestía como ella, la qual se llamaba Inguill, que quiere deçir fflor, y que aquella les diesen. La qual salió allí en presençia de todos, vestida y adereçada ni más ni menos que coya -que quiere decir reina-, y como los españoles viesen salir de aquella suerte tan bien adereçada y tan hermosa, dixieron con mucho rregocijo y contento “esta sí; esta sí, pese tal, es la señora coya que no las otras”. Gonçalo Picarro, como era el que más lo deseaua que todos, pues particularmente la había pretendido, dixo a mi padre estas palabras: “Señor Mango Inga: si ella es para mí, déseme luego, porque ya no lo puedo suffrir”. Y mi padre, como la tenía bien catequizada, dixo: “Mucho de norabuena, hace lo que quisieredes”. Y él ansí, delante de todos, sin más mirar a cosa, se fue para ella a la besar y abraçar como si fuera su muçer legítima de lo qual se rió mucho mi padre y los demás puso en admiración, y a la Inguill en espanto y pavor. Como se vió abraçar de çente que no conoscía daba gritos como una loca, diciendo que no quería arrostrar a semejante çente, más antes se huía y ni por pensamiento los quería ver. Y mi padre como la vió tan zahareña y que tanto rrehusaba la ida con los españoles, por ver que en aquella estaba el ser él suelto ó no, la mandó con mucha furia que se fuese con ellos, y ella viendo a mi padre tan enojado, más de miedo que de otra cossa, hizo lo que le mandaua y fuésse con ellos.60.

COMO GONçALO PIçARRO RECIBIO EL TESORO Y LA COYA DE MANO DE MANGO INGA Y DE COMO EN SEñAL DE AMISTAD SE FUE A COMER CON EL

El Gonçalo Piçarro la rresçibió en sí y mandó que quitasen a mi padre las prissiones; y suelto, rresçibieron el tesoro y rrepartiéronlo en tre sí. El qual rrepartido rrogó Gonçalo Piçarro a mi padre diciendo que pues les dabía dado tantas cosas, así de oro como de plata, y sobre todo a la señora coya para sí tanto deseada, que le rrogaba mucho para señal de que la amistad había de durar mucho entre los dos por causa del cuñadazgo, les hiçiese merced de irse con él y con aquellos caballeros a su casa a resçiuir seruiçio en ella, la qual le ofresçía desde entones por suya. Y mi padre, lo vno por el deseo que tenía ya de salir ffuera e ver el campo, y lo otro por darle aquel contento, pensando que por aquella vía había de durar mucho tiempo la amistad con los españoles, hizo lo que Gonçalo Piçarro le rrogó y ffuese con él y con sus compañeros a comer aquel día en su casa, a donde hubo gran ffiesta y gran rregocijo. Y desde que vbieron comido los vnos con los otros, el dicho mi padre dixo que se quería voluer a su casa porque era ya tarde, y los españoles le acompañaron hasta allá, en la qual dexándole con mucho contento, ellos se volvieron a las suyas. Entienda el que esto leyere que quando estos negoçios pasaron, del dar de la coya e la prissión de las cadenas y grillos, el Marqués don Françisco Piçarro ya era ido a Lima, y a la sazón no estaba en el Cuzco y por eso no piense naidie que en todo se halló.61.

Pasadas todas aquellas cosas de la prissión segunda y el dar de la Inguill en lugar de la coya a Gonçalo Piçarro, no pasaron muchos días que Gonzalo Piçarro, digo que mi padre Mango Inga, hizo vna ffiesta muy prençipal, en la qual se horadaua las orejas, y en esta fiesta nosotros los ingas solemos hacer la mayor fiesta que hacemos en todo el año, porque entonces nos dan mucho nombre y nuevo nombre del que teníamos antes, que tira casi esta çerimonia a lo que los crisptianos hacen cuando se confirman; en la qual ffiesta mi padre salió con toda la autoridad rreal, conforme a nuestro vso, lleuando delante sus cetros rreales y el vno dellos como más prençipal era de oro maciço, y con sus borlas de lo mesmo, llevando todos los demás que con él iban juntamente cada vno el suyo, los quales eran la mitad de plata y la mitad de cobre, que serían más de mill todos, vnos y otros, los que iban a rrebautizar, que en nuestro vso llamamos vacaroc. Y estando que estubieron todos nuestros indios y los españoles, que estaban en un llano de vn cerro que se llama Anauarque, a donde se hacía la çerimonia, acabada de hacer-el cómo se hace se dirá delante-, al tiempo que se iban a lavar los que ansí habían sido rrebautizados en el bautismo-es tresquilar y horadar las orejas-, los españoles no sé si por cobdiçia de la plata que iba en los cetros ó de algún recelo que de ver tanta çente les debió de caer, pussiéronse en arma y començaron a alborotar a toda la çente, echando mano a sus espadas con este apellido; los quales deçían: “¡Oh! vellacos øvosotros levantaros queréis? pues no ha de ser ansí: esperad, esperad”. Y ansí, desta manera, arremetieron a los çetros para los quitar a los que les llebauan, con deseo de llegar a quitar el de mi padre; y como tenía tanta guarda el reredor de sí, por sus mangas no pudieron llegar, sino quitaron de los otros los que pudieron, que fueron muchos.- Mi padre que ansí oyó tanto rroído y mormullo entre la çente, atendió a ver lo que pasaba, y desque supo que los españoles se habían desvergonçado de aquella manera, alço la voz diçiendo: “øQué es esto?”. Y los indios todos, como llorando, se le quexaron desta suerte, los quales dixieron: “Sapay ynga øQué çente es esta que tienes en tu tierra, que no se contentan con tanto oro y plata como les has dado y por fuerça nos han quitado nuestros yauris de plata? -que quiere decir çetros-; nos han quitado con amenazas, de lo qual rresçebimos gran pena; díles que nos los vueluan y que les baste ya la plata y oro que les habemos dado”. Y mi padre, viendo que con tanta ansia se le quexaban aquellos indios, rresçibió dello pena é hablando hacia los españoles, dixo ansi:62.

RAZONAMIENTO DEL INCA A LOS ESPAñOLES QUANDO LA TERCERA VEZ HICIERON ADEMAN A PRENDERLE

“Señores: Pareseme que todavía estáis en darme pena a mí y a mi çente, no queriendo yo dárosla ni teniendo tal pensamiento. El otro día øno me prometistes a mí e a mi çente diçiendo que no me daríades más pena? No tenéis razón, porque yo no os he hecho por dónde me la hayáis de dar øNo estáis hartos de plata, que me venís á quitar avn una meaja que traigo en mis ffiestas? Si lo hacéis por invitarme para que me levante contra vosotros, yo o la çente de mi tierra, decídmelo; porque andaré aperçibido, y lo mesmo mi çente; no andaré tan descuidado como agora venía, y si no, pues nos dimos vnos a otros nuestras palabras el otro día en casa del apo y en la mía de conseruarnos en paz é amor los unos con los otros, guardémonosla, y ansí ni vosotros ternéis rreçelo ni nosotros temor”. Y los españoles oyendo lo que mi padre les deçía, dixieron: “Señor Mango Inga: no deseamos dar aquí pena a vuestra merced; algunos soldados por pasar tiempo hacían por allí algún aspaviento; no rresçiba vuestra merçed pena, que no es nada”. Y mi padre viendo la çente ya quieta y sosegada, calló y acabó de haçer sus ffiestas, yéndose los españoles a sus casas, porque ya era tarde y hora de rrecoçerse a dormir.63.

MUERTE DE PASCAC HERMANO DEL INGA

Acabadas todas las ffiestas y lo que arriba se ha dicho, estando vn día mi padre quieto y sosegado en su cassa, le acontesció vna brava hazaña, y fué que un hermano suyo que allí tenía llamado Pascac, algo orgulloso, no se sabe por induçión de quién, le vino pensamiento de matar a mi padre diçiendo que muerto él sería alçado por rey, y no sé si por la persona o personas que á ello le insistieron, o no sé por quién, le fue dado vn puñal, con el qual yendo que fué a ver a mi padre debaxo de que le iba a mochar como a señor, le diese de puñaladas con aquel puñal, y que luego, muerto que fuese, sería alçado por rrey e podría dar mucha plata a los es pañoles que ansí le dieron aquel puñal para aquel effeto. Y como ninguna cosa hay acta que no sea tarde o temprano maniffiesta, vn cierto español, cuyo nombre ne se sabe, el qual era criado de mi padre y estaba siempre en su casa, le auisó: “Sábete, señor Mango Inga, que tu hermano Pascac te anda por matar y trae para el efecto debaxo de la manta escondido vn puñal, el qual te ha de matar quando te venga a haçer la mocha; por eso quando le vieres venir, está sobre auiso que si tu me mandares que yo le mate a él, yo le mataré”. Mi padre, como fué auisado desta manera por aquel su criado español, agradescióselo mucho e tuvo quenta para quando viese venir a su hermano, como otras veçes solía hacerle la mocha; y quando le vió, dexóle hacer la mocha y con vil puñal que para el efecto tenía le dió de puñaladas, y el español que así había dado el auiso le acabó de matar. Visto todo esto por los circunstantes que allí estaban presentes cayóles a todos gran admiraçión de ver vn hecho tan estraño y tan súpito, y no hubo naidie que osase a hablar palabra. Pasadas todas estas cosas y otras muchas más que haberlas de contar por estenso era alargarnos mucho, por lo qual, e por evitar prolexidad, pasaré por mi intento, que es dar a entender qué fué de mi padre y en qué pararon los españoles después de todo ésto, para lo qual sabían que como Gonçalo Piçarro, siendo correçidor del Cuzco en nombre del Gouernador don Françisco Piçarro, estuviese en él con Hernando Piçarro y Juan Piçarro y otros muchos, acaesció que Joan Piçarro, hermano de Hernando Piçarro, como viese que a sus hermanos entrambos a dos mi padre les había dado tanta cantidad de moneda, cobró dello gran invidia diçiendo: “øpues a mis hermanos solamente han de dar plata y a mi nó? Voto a tal, que no ha de pasar desta manera sino que me han de dar a mí también oro e plata, como a ellos, y si no, que les tengo de hacer un juego que se les acuerde”. Y con estos ffieros andaba reuniendo toda la çente y decía: “prendamos, prendamos a Mango inga”. Y mi padre, como oyó que en el pueblo se trataba la traiçión que estaba armada contra él, mandó juntar a todos los prençipales de la tierra, que mucha parte de ellos estaba en el Cuzco haçiéndole cuerpo de guardia, y desque los tuvo juntos les hizo el parlamento, auisado por el capitán çeneral Vila Oma, arriba dicho.64.

PARLAMENTO DEL INGA A SUS CAPITANES SOBRE LO DEL CERCO DEL CUZCO

“Muy amados hijos y hermanos míos: Nunca penssé que me fuera neçesario haberos de hacer lo que agora pienso, porque pensé y tuve siempre por muy çierto que esta çente barbuda que vosotros llamáis viracochas por habéroslo yo dicho antiguamente, por pensar que era ansi que venían del Viracochan, me hauían de ser auiesos ni darme pena en ninguna cosa, pero agora que veo cómo he hallado siempre por esperiençia y vosotros también habéis visto quán mal me han tratado y quán mal me han agradecido lo que por ellos he hecho, haçiendome mill beffas y prendiéndome y atándome como a perro los pies y el pescuezo, y que sobre todo después de me haber dado su palabra que ellos conmigo e yo con ellos habernos conffederado en amor y amistad, diçiendo que perpetuamente habríamos de lo pasado, andan agora otra vez urdiendo cómo me podrían prender y matar, no dexajé de rrogaros como a hijos que miréis quántas veçes vosotros me habéis importunado á que yo haga ésto que agora quiero haçer, diçiendo que me levante contra éstos y para qué los consiento en mi tierra, e yo no he querido por pensar que no subçediera lo que agora veo; y pues ansí es, y ellos no quieren sino porffiar en darme envío, forçado me será dárselo yo también y no consentir más negoçios. Por vida vuestra, que pues siempre me habéis mostrado tanto amor y deseado darme contento, en éste me le déis y sea que todos juntos, ansí como estáis, os conçertéis en vno y enviéis vuestros mensajeros a toda la tierra para que de aquí a veinte días estén todos en este pueblo, sin que dello entiendan nada estos barbudos; e yo enviaré a Lima a Queso Yupangui, mi capitán que gobierna aquella tierra, a auisarle que para el día que aquí diéremos sobre los españoles, dé él allá con su çente sobre los que allá oviere y haçiéndonos a hora él allá y nosotros acá, luego los acabaremos, sin que quede ninguno, y quitaremos esta pesadilla de sobre nosotros y Holgarnos hemos”. Acabado este rrazonamiento que mi padre hizo a sus capitanes para lo que habían de hacer en el aperçibimiento de su çente para la batalla que con los españoles se esperaba, todos en vno y a una voz rrespondieron que rresçibían de aquello mucho contento y estaban prestos y aparejados de haçer lo que por mi padre les era mandado; y ansí, sin ninguna dilaçión luego lo pusieron por la obra y enviaron por sus parçialidades cada vno como le cauía la voz. De los Chinchai suyo envió Vila Oma a Coyllas y a Osca y a Coriatao y a Taipi que traxiesen la çente de aquella parçialidad; de los Cullasuyos fue Liclli y otros muchos capitanes para que traxiesen la çente de aquella parcialidad. A Condesuyos, Surandaman, Quicana y Suri Vallpa y otros muchos capitanes; y los de Andesuyo, Rompa Yupangui y otros muchos capitanes para que todos estos, cada suyo por sí, juntasen la çente neçesaria para el effeto. Nota que estos quatro suyos que aquí son nombrados, conviene a saber, como arriba tengo dicho, son las quatro partes en que toda esta tierra está devisa y repartida, como más por estenso arriba está declarado. Después que se ovieron enviado a las partes arriua dichas, andando como andaba el dicho Joan Piçarro de mala manera y con malos intentos, vn indio lengua de los españoles llamado Antonico, llegó donde estaba mi padre y le dió guiso diçiendo que Joan Piçarro y los demás le querían prender otro día, y avn matarle, si no les daba mucho oro y plata; y mi padre como oyó lo que el dicho indio le decía, creyólo é finçió luego que quería ir a Callca a caçar; y los españoles no cayendo en lo que mi padre pensaba hacer, tuuiéronlo por bien, pensando que a la vuelta, porque creían sería breve, habría effeto su mal propósito. Desque mi padre estuuo en Callca algunos días, en tanto que se juntaba alguna çente de la que habían enviado a llamar, despachó desde allí por la posta a Quiso Yupangui, que estaba en Lima, para que estuviera auisado del día y la hora en que él acá había de dar sobre los españoles, que juntamente él diese y fuese todo a vna, el Quiso Yupangui en Lima y el dicho mi padre en el Cuzco; y al tiempo que ésto hizo mi padre, los españoles le enuiaron muchas cartas diciendo que se diese priesa voluerse a su casa que no se hallaban vn punto sin él; el qual dicho mi padre les tornó a rresponder disçiendo que avn no había acabado de caçar, que él voluiera lo más presto que pudiese. Y los españoles, viendo que de quantas veçes le enviauan á llamar no quería venir ninguna, mas antes de día en día se alargaba más y les enviaba peores rrespuestas, determinaron de ir sobre él para o le traer por fuerça o matarle. Los quales hiçieron sus capitanes en el Cuzco y ordenando su campo vn capitán de los con su çente para el effecto dicho, quedando los demás en el Cuzco a punto de guerra para ir en su seguimiento, si fuese menester; los quales llegaron hasta la puente del rrío de Callca, en la qual, sobre el pasaje ouieron çierta rrefriega con las guardas della, las quales les defendieron el paso y allí se desafiaron los españoles a la çente de mi padre, y hecho el desafío se voluieron al Cuzco, viniendo en su seguimiento, dando muchos alaridos y gran grita mucha çente de la que estaba con mi padre. Llegados que fueron al Cuzco los españoles algo escandalizados, la guaçavara pasada y de la çente que venía en su seguimiento desde Carmenga, que es parte donde se señorea el Cuzco, dieron voces a sus compañeros, pidiendo socorro, y los compañeros, que no estaban descuidados, acudieron con su ffavor a los que con necesidad estaban y allí en la dicha Carmenga ouieron otra gran rrefriega con la çente que le seguía y en mucha otra que al apellido acudió. Y acabada la rrefriega los acorralaron al Cuzco sin matar ninguno; y esa mesma noche los tuvieron muy acosados con gran gritería, çercados de todas partes, y no dieron sobre ellos porque esperaban la çente que otro día llegó e también porque mi padre les había dicho que no diesen sobre ellos: lo vno hasta que llegase la çente, porque les pudiesen tomar a manos, y lo otro, porque decía que él se quería ver con ellos. 65.

CERCO DEL CUZCO

Otro día después que fueron desta manera rretraídos al Cuzco, habiéndoles puesto la messma noche muchas guardas y bien aperçibidos por todos los passos, esa tarde llegó a vista del Cuzco el tomulto de la çente, los quales no entraron entonçes porque les paresçía que era muy noche y no se podrían aprovechar siendo noche de sus enemigos por la oscuridad grande que hacía; y a esta causa hirieron alto por todos los visos y çerros de donde pudiese señorearse el pueblo, poniendo grandes guardas e centinelas a sus campos. Otro día de mañana, a hora de las nueve, estando todos los españoles en esquadrón en la plaza del Cuzco, bien apercibidos, cuyo número no se sabe, salvo que diçen que era mucha çente y que tenían muchos negros consigo, asomaron por todas las vistas del Cuzco, a la rredonda dél, en el çerco, gran suma de çente con muchos chiflos y boxinas e trompetas y gran gritería de voçes que asombraban a todo el mundo, que en número serían más de quatro çientos mil indios, los quales entraron rrepartidos en esta manera. 66.

ENTRADA DE LA çeNTE AL CERCO

Por la parte de Carmenga, que es hacia Chinchaisuyo, entraron Coriatao y Cuillas y Taipi y otros muchos que cerraron aquel postigo con la çente que traían. Por la parte del Condesuyo que es haçía Cachicachi, entraron Huaman Quilcana y Curi Guallpa y otros muchos que cerraron vna gran mella de más de media legua de box, todos muy bien adereçados, en orden de guerra. Por la parte de Collasuyo entraron Llicllic y otros muchos capitanes con grandísima suma de çente, la mayor cantidad que se halló en este çerco. Por la parte de Andesuyo entraron Antaanca y Ronpa Yupangui y otros muchos, los quales acabaron de çercar el çerco que a los españoles les pusieron. Este día y después de puesto este çerco, el qual estaba tan cerrado que era cosa de veer, y luego quissieron dar sobre los españoles, pero no osaron hasta que por mi padre les ffuese mandado lo que habían de haçer. El qual, como arriba dixe, había mandado que so pena de la vida, naidie se mudase del lugar a donde estaba, y Vila Oma, capitán çeneral de aquella çente, viéndola ya toda aperçibida y a punto, hízolo luego saber á mi padre, el qual estaba a la sazón en Callca, diçiendo que ya los tenía çercados y en gran aprieto, que si los matarían ó qué harían dellos; y mi padre le envió a decir que los dexase estar ansí en aquel aprieto con aquella congoxa, que ellos también le habían. á él congoxado, que padesçiesen, que también había él padesçido; que él llegaría otro día y los acabaría. La qual rrespuesta vino al Vila Oma, y el dicho Vila Oma como vió lo que mi padre le enviaba a mandar, rresçiuió gran pena, porque quisiera él luego acabarlos así como estaban, que tenía harto aparejo para ello, más no osó, por lo que mi padre le envió a mandar. El qual mandó luego apregonar por todo el exérçito que so pena de la vida naidie se menease del lugar donde estaba hasta que él se lo mandase, y mandó también soltar todas las açequias de agua que había en el pueblo para que anegasen todos los campos y caminos que a la rredonda y dentro dél estaba, y esto porque si acaso los españoles se quisieren huír, que hallasen toda la tierra anegada, y así atollando los caballos pudiesen ser señores de sus enemigos a pie y en el lodaçal, porque çente vestida amáñase mal en el lodo, lo qual todo fué cumplido ni más ni menos que el çeneral Vila Oma mandó. Los españoles, como se vieron ansí cercados en tanto aprieto y que tanta çente les cercaba, sospechando entre sí que allí serían los postrimeros días de sus vidas, no viendo de ninguna parte ningún remedio, no sabían qué haçer, porque de vna parte veíanse çercados de aquella manera; por otra, veían los escarnios y las beffas que los indios les hacían, tirándoles muchas piedras a los toldos y alçándoles la perneta por el poco casso que dellos hacían; començábanles a quemar las casas, acometieron a ponerles fuego a la iglesia, si no que los negros que encima della estaban se lo estorbaban, aunque con hartos flechazos que los indios satis y andes les tiraron, a los quales no hizo daño ninguno por guardarles Dios y ellos escudarse, pues como estuvieron desta manera desconfiados de rremedio, tuvieron por prençipal socorro en acudirse a Dios. Los quales estuvieron toda aquella noche en la iglesia llamando a Dios que les ayudase, puestos de rodillas y las manos junto a la boca, que lo vieron muchos indios, y avn los que estaban en la plaça en la vela hacían lo mismo, y muchos indios de los que eran de su banda; los quales habían venido con ellos desde Caxamarca.67.

BATALLA DE LOS ESPAñOLES CONTRA LOS INDIOS EN LA FORTALEZA

Otro día de mañana, bien de mañana, todos salieron de la iglesia y se pussieron encima de sus caballos, a guisa de pelear, y començaron a mirar a vna parte y a otra y ansí mirando, pusieron piernas a sus caballos y a más correr, a pesar de sus enemigos, rrompieron aquel portillo que como muro estaba cerrado y echaron a huír por la cuesta arriba, a mata cavallo; los indios que en el çerco del Cuzco estaban como los vieron ansí huir, començaron á gritar diçiendo: “A que se van a Castilla, a que se van a Castilla, ataxadlos”! y ansí todo el çerco que estaua hecho se deshizo, los vnos en su seguimiento, los otros á ataxarlos; algunos a dar auiso a las guardas de las puentes, porque no se pudiese escapar ninguno por ninguna parte. Y los españoles, como vieron que les seguía tanta çente, voluieron la rrienda a sus caballos e hiçieron vna vuelta por vn çerro llamado Queancalla y llegaron a tomarles las espaldas de la parte por donde estaua Vila Oma, el qual se hauía subido con toda su çente á hacerse fuerte en la fortaleza del Cuzco llamada Saxaguaman, y allí pelearon fuertemente y les coxieron las quatro puertas de la fortaleza, desde los muros de la qual, que son muy fuertes, arrojauan muchas galgas, tiraban muchas flechas, muchos dardos, muchas lanças que ffatigaban grauemente a los españoles, con las quales galgas mataron a Joan Piçarro y a dos negros, y muchos indios, de los quales ayudaban, y como a los de Vila Oma se les acabase la munición de galgas y de lo demás, mediante el favor diuino tuuieron lugar los españoles de entrar en la ffortaleza e tomarla por ffuerça, matando y destrozando muchos indios de los que dentro esttauan, otros se arrojaban de los muros abaxo y como son altos, y todos los que primero cayeron murieron, y los que después, como ya hauía gran rrimero de çente muerta caían sobre ellos, escapáuanse algunos. Fué esta batalla de vna parte y de otra, ensangrentada, por la mucha çente de indios que favoresçían á los españoles, entre los quales estaban dos hermanos de mi padre, llamados el vno Inguill y el otro Vaipai con mucha çente de su bando y chachapoyas e cañares. Duró esta batalla de vna parte y otra, tres días después de la toma desta ffortaleza, porque otro día después se rretornaron a rrefformar los indios para ver si podrían tornar a rrecob[r]ar el ffuerte que hauían perdido, y con gran ánimo acometieron á los españoles que estauan en el ffuerte, mas no pudieron hacerles ninguna cossa por las muchas guardas que de todas partes tenían, así de cañares que les ayudauan, como de los mesmos españoles; y lo otro, porque diçen estos indios que vn cauallo blanco que allí andaua, el qual ffué el primero que entró en la ffrotaleza al tiempo que se tomó, les hacía mucho daño, y duró todo el día este rrebate; e ya que la noche sobrevenía por la mucha escuridad que en ella hacía, no se pudiendo aprovechar de sus enemigos, se rretraxieron a sus sitios y los españoles por no dexar el ffuerte que tenían y desampararlo, dexáronlos ir. Y otro día de mañana tornaron á la batalla començada, la qual rriñieron muy ffuertemente los vnos con los otros, y al fin, viniendo con gran ánimo los indios contra los españoles salieron todos de tropel del ffuerte y ffuéronse contra ellos con gran esfuerzo y arremetiéndose los indios se rretraxeron hacia donde mi padre estaua, que era en Callca, y fueron tras dellos matando y desbaratando gran parte de la çente hasta el rrío de Yucay, en el qual los indios dieron lado á los españoles; los quales españoles pasaron adelante derecho a Callca, a donde mi padre estaua, al qual no le hallaron allí porque estaua haciendo vna ffiesta en el pueblo llamado Sacsasiray; y como no le hallassen allí, dieron la vuelta hacía el Cuzco por otro camino, con harta pérdida de fardaje que los indios coxieron en la rretaguarda, saliendo del lado que les hauían dado. Con el qual despojo se ffueron derechos haçia donde mi padre estaua haçiendo la ffiesta.68.

Hecha mi padre esta ffiesta en aquel pueblo Sacsasiray, se salió de allí para el pueblo de Tambo, pasando de camino por Yucay, a do dormió sóla vna noche; y llegado que fué a Tambo, mandó que se juntase allí toda la tierra porque quería hacer vna fortaleza muy fuerte para en ella defenderse de todos los españoles que le quisiesen acometer; la qual çente fué junta muy breve, y desque la tuvo les hizo el parlamento siguiente:69.

PARLAMENTO QUE HIZO EL INGA A TODOS SUS CAPITANES Y çeNTE EN EL PUEBLO DE TAMBO LUEGO COMO SE RRECOçiO A EL DESPUES DEL DESBARATE DEL CUZCO

“Muy amados hijos y hermanos míos: En las pláticas pasadas que os he hecho antes de agora, habréis entendido cómo yo siempre os estorué que no hiciésedes mal a aquella çente tan mala que debaxo de engaño, y por decir que eran hijos del Viracochan y enviados por su mandato, habían entrado en mi tierra, a lo qual yo les di consentimiento; y por ésto y por otras muchas y muy buenas obras que les hice, dándoles lo que yo tenia en ella, plata y oro, ropa, y maíz, ganados, vasallos, muçeres, criados e otras muchas cossas sin número, me prendieron, estropearon y maltrataron sin yo se lo meresçer, y después me trataron la muerte, la qual entendí por auiso de Antonico, su lengua; el qual está aquí presente, que se huyó dellos por no los poder suffrir, y como entendistes por el parlamento que sobre el çerco del Cuzco os hice para la junta dél, me rrecojí yo a Callca para que desde allí, sin entedello ellos, les diésemos en la cabeça. Lo qual me parece que ansí se hizo como yo lo mandé, avnque no me hallé presente, como pensaba, de lo qual rreçibistes detrimento en la toma de Sacsaguaman, que por descuido os tomaron; y después os desbarataron siguiendoos hasta Yucay, sin poderles haçer nada. Pena me habéis dado de que siendo tanta çente vosotros y ellos tan pocos se os saliesen de las manos; quiça el Viracochan les ayudó por lo que me habéis dicho de que estuvieron de rrodillas toda la noche mochándole, porque si no les ayudara øcomo se podrían escapar de vuestras manos siendo vosotros sin número? Ya está hecho; por vuestra vida que de aquí adelante miréis cómo os habéis con ellos, porque sabed que son nuestros enemigos capitales y nosotros lo habemos de ser suyos perpetuamente, pues ellos lo han querido. Yo me quiero haçer ffuerte en este pueblo y hacer aquí vna ffortaleza para que naidie me pueda entrar en él: por vía vuestra que me hagáis este placer, que algún día podrá ser que nos aproveche”.70.

RESPUESTA QUE LOS CAPITANES HICIERON AL INGA

“Sapai inga: Estos tus pobres criados te besan las manos y con mui gran conffusión y verguença venimos ante tí, por habérssenos escapado de entre las manos tan gran empresa como era la de aquella çente malina, habiéndote hecho tantos y tan malos tratamientos y habiéndote sido tan ingratos a lo mucho que por ellos hicistes. Hános caído tanta conffusión que no te osamos mirar a la cara, pero en alguna manera nos da algún alivio el poderte echar a tí alguna culpa, y es porque te enviamos a preguntar qué haríamos dellos quando los teníamos çercados e sin ninguna esperança de rremedio y nos enviaste a decir que los dexásemos padeçer, como ellos habían hecho a tí, que tu vernías y los acabarías; y nosotros por no ir contra lo que tu mandabas dexamoslos vn día e vna noche aguardándote; y cuando pensamos que estábamos seguros y que más çiertos los teníamos en las manos se nos escabullieron sin ser señores de hacerles nada. No sabemos qué fué la causa, ni qué te digamos desto, sino que fué nuestra desdicha en no acudir con tiempo y la tuya en no nos dar la licencia para ello. Aparejados estamos para rresçibir el castigo que por esta culpa nos quisieres dar. Y lo que diçes que te hagamos ffuerte aqui en este pueblo para poderte defender de aquella çente y de todos los que te quissieren acometer, deçimos que lo haremos de muy entera voluntad, que más que ésto te debemos”. Y ansí la hiçieron vna de las más ffuertes que hay en el Perú, en año y medio que estuvo en Tambo.71.

En este medio tiempo, ya que había hablado a los indios y dádoles a entender la desgraçia que les había aconteçido, llegaron al dicho pueblo de Tambo los mensajeros del desbarate que había hauido en Lima y Cullco Mayo, que es en Xauxa, donde ovieron vna rrefriega los españoles con los indios, en que los indios ouieron la victoria y traxieron a mi padre muchas cabeças de los españoles y dos españoles vivos y vn negro y quatro caballos, los quales llegaron con gran rregoçijo de la vitoria habida, y mi padre los rresçibió muy honrradamente y animó á todos los demás a pelear de aquella suerte; y allí mesmo llegó al dicho pueblo de Tambo el capitán Rodrigo Orgónez, con vna cuadrilla de soldados a pelear con mi padre; y sabido por él le salieron al enquentro muchos indios antes que llegasen al fuerte de Tambo, ya pasado el rrío, y en vn llano llamado Pascapampa y Pachar ouieron gran refriega los vnos con los otros y al fin no se conosçió de ninguna parte la vitoria, porque los mesmos españoles, por causa de unas espinas que allí estaban se desbarataron, y avn murió el vno dellos en la rrevuelta, y tres negros; y los indios coxieron otro allá en su fuerte, porque se quiso aventurar e ya que la noche los despartió, rrecoçieronse todos, cada vno a su fuerte; y los españoles asentaron su toldo a prima noche e hicieron sus lumbradas a la madrugada, a guissa de que querían pelear; y antes que amanesçiese voluieron las espaldas hacia el Cuzco; y quando los indios pensaron que estaban allí a la mañana, no hallaron ninguno, de que les dió muy gran rrisa, diçiendo que se habían huido de miedo. Después que pasó todo esto y los españoles se fueron a sus casas, quédose mi padre en Tambo dando priessa a su ffortaleza, y estando ansí en el mesmo Tambo diez españoles pressos, rrendidos que allí tenía consigo, a los quales hacía muy buen tratamiento, dándolos de comer junto a ssí, se le huyeron por auisos que del Cuzco les vino y, no se sabiendo dar maña, los tornaron desde vn pueblo llamado Maras dos leguas del dicho pueblo de Tambo. A los quales, como mi padre preguntase la causa por qué se huían, no supieron dar razón de sí. E uisto por mi padre que avn éstos le pagaban tan mal el bien que les hacía, y avn al vno dellos que era Antonico arriua dicho, que había avissado a mi padre en el Cuzco de lo que los españoles trataban contra él, no sabiendo conoçer el tratamiento que mi padre le había hecho y haçía, trayéndole en hamaca y haçiéndole el ttratamiento de hijo, le aconteçió lo que a los demás; que fue que los mandó entregar a vnos indios moyo moyos andes para que despedaçados los comiesen.72.

Acabado todo ésto, y acabada también la ffortaleza, determinó mi padre de quererse entrar a los Andes y dexar aquella tierra dalla fue ra, porque le daban mucha pena los españoles y los Andes le importunaban mucho a que se fuese a su tierra; que ellos le guardarían como a su señor Rey. Y ya determinado que estuvo en la dicha entrada, hizo juntar a su çente para les dar a entender la manera que habían de tener en la viuienda con los españoles; el qual les dixo así:73.

DOCUMENTO QUE MANGO INGA DIO A LOS INDIOS QUANDO SE QUISO RRECOJER A LOS ANDES EN LA MANERA QUE HABIAN DE TENER CON LOS ESPAñOLES.

“Muy amados hijos y hermanos míos: Los que aquí estáis presentes y me habéis seguido en todos mis trabajos é tribulaçiones, bien creo no sabéis la caussa porque en vno os he mandado juntar agora ante mí: yo os la diré en breue. Por vida vuestra que no os alteréis de lo que os dixiere, porque bien sabéis que la neçesidad muchas veces compele a los hombres a haçer aquello que no querrían y por esso, por serme forçado dar contento a estos Andes que tanto tiempo ha que me importunan que los vaya a ver, habré de darles este contento por algunos días. Ruegoos mucho que dello no rresçibáis pena, porque yo no os la deseo dar, pues os amo como a hijos; lo que aquí os rogaré me daréis mucho contento haçiendo. Bien sabéis, como muchas veçes sin ésta os lo he dicho, la manera como aquella çente barbuda entró en mi tierra, so color que decían que eran Viracochas, lo qual por sus trajes e diuissas tan diferentes de las nuestras vosotros e avn yo lo pensamos, por el qual pensamiento y certifficasçión de los tallanas yungas que de cosas que les vieron hacer en su tierra, me hicieron, como habéis visto los traxiese á mi tierra e pueblo y les hice el tratamiento ya notorio a toda tierra y les dí las cossas que sabéis, por lo qual e por ellas me trataron de la manera que habéis visto; y no solamente ellos sino mis hermanos Páscac e Inguill y Guáipar me desposeyeron de mi tierra y avn me trataran la muerte, de la qual yo me libre por el auisso que os dixe de Antonico, como el otro día aquí os dixe: al qual comieron los Andes por no se sauer valer; y viendo todas aquellas cossas y otras muchas que por la prolexidad dexo, os mandé juntar al Cuzco para que les diésemos algún de los muchos que nos hauían dado; y paréçeme que o porque su dios les ayudó o porque no me hallé presente, no salistes con vuestro intento. De lo qual yo he rrescibido gran pena, pero como a los hombres no les subçedan todas las cosas como desean siempre, no nos hemos de marauillar ni congoxarnos demasiado, por lo qual os ruego que vosotros no tengáis congoxa, que en fin, no nos ha ido tan mal que no les hayamos coxido algo, porque como sabéis en Lima y en Chullcomayo y Xauxa les coximos algunas cossas, que no dexan de dar algún aliuio, avnque no equivalente a la pena que ellos nos han dado. Ya me parece va haciendo tiempo de partirme a la tierra de los Andes, como arriba os dixe, y que me será forçado detenerme allá algunos días. Miráis que os mando que no se os oluide lo que os he dicho y pienso deçir agora, que es que miréis quánto tiempo ha que mis aguelos y visaguelos e yo os hemos sustentado y guardado, ffauoresçido y gouernado todas vuestras cossas, proveyéndolas de la manera que habéis habido menester, por lo qual tenéis todos obligación de no nos oluidar en toda vuestra vida, vosotros y vuestros deçendientes, ansí a mí como a mis aguelos y visaguelos, y tener mucho respeto y hacer mucho casso de mi hijo y hermano Tito Cusi Yupangui, y de todos los demás mis hijos, que dellos deçendieren, pues en ello me daréis a mi mucho contento y ellos os lo agradecerán como yo se lo dexo mandado; por tanto, básteos ésto acerca de lo dicho.74.

RESPUESTA DE LOS INDIOS AL INGA

“Sapai inga: øCon qué coraçón quieres dexar a estos tus hijos solos, que con tanta voluntad se han deseado y desean siempre seruir y que si neçesario fuese pornían mill veçes la vida por tí, si fuese menester? øA qué rey, á qué señor, á quién los dexas encomendados? øQué deseruiçios, qué traiçiones, qué maldades te hemos hecho para que nos quieras dexar ansí desamparados e sin señor ni rey a quien respetar, pues jamás hemos conosçido otro señor ni padre sino a tí y a Guaina Cápac tu padre, y a sus antepasados? No nos dexes, señor, desa manera desamparados, desconsolados, mas antes nos da este contento si fueres seruido de lleuarnos contigo a dondequiera que fueres, que chicos e grandes, y viejos y viejas aparejados estamos por no te dexar de seguirte avnque tu nos dexes”. Y luego, el dicho mi padre, viendo que con tanta ansia le deseauan servuir toda su çente, les boluió a decir lo que aquí paresçerá:75.

“Yo os agradezco, hijos, la buena voluntad que mostráis de quererme seguir dondequiera que vaya; no perderéis la paga de mí, que yo os agradeçeré e pagaré antes que vosotros pensáis; y agora, por vida vuestra que os rreportéis y no tengáis tanta pena, que muy breue os boluere a ver y de aquí a que vuelua o hasta que os envíe mis mensajeros para lo que hayáis de hacer, ternéis este modo en vuestra vivienda; lo primero que haréis será que a estos barbudos que tantas beffas a mí me han hecho por me ffiar yo dellos tanto, no les creáis cossa que os dixieren, porque mienten mucho, como a mí en todo lo que conmigo han tratado me han mentido y ansí harán a vosotros; lo que podréis haçer será dar muestras por de fuera de que consentís a lo que os mandan y dar algún camarico y lo que pudiéredes, que en vuestras tierras ouiere, porque como esta çente es tan brava y de diferente condiçión de la nuestra, podría ser que no se lo dando vosotros, os lo tomasen por ffuerça o vos maltratasen por ello, y por evitar ésto os será buen remedio haçer lo que os digo. Lo otro, que estéis siempre con auisso para quando os enviare a llamar o auisar de lo que con esta çente hauéis de haçer, y si acaso ellos os acometieren o quisieren tomar vuestras tierras, no dexéis de defenderos y sobre ello perder la vida si ffuere menester; y si también se os offresçiere nescedidad de mi persona, darmeéis auiso por la posta a dondequiera que yo estuviere, y mirar que estos engañan por buenas palabras y después no cumplen lo que diçen, que ansí como habéis visto hiçieron a mi, que me dixieron que eran hijos del Viracochan y me mostraron al prençipio gran affabilidad y mucho amor y después hicieron conmigo lo que vistes. Si ellos ffueran hijos del Viracochan, como se jatauan, no ouieran hecho lo que han hecho porque el Viracochan puede allanar los cerros, secar las aguas, haçer çerros donde no los hay; no hace mal a naidie y estos no vemos que han hecho ésto, mas antes en lugar de haçer bien nos han hecho mal, tomándonos nuestras haçiendas, nuestras muçeres, nuestros hijos, nuestras hijas, nuestras chácaras, nuestras comidas y otras muchas cossas que en nuestra tierra teníamos por ffuerça, y con engaños, y contra nuestra voluntad, y a çente que esto hace no les podemos llamar hijos del Viracochan, sino como otras veces os he dicho, del supai, y peores, porque en sus obras le han emitado pues han hecho obras de tal, que por ser tan vergonçossas, no las quiero deçir”.76.

“Lo que más hauéis de haçer es que por ventura éstos os dirán que adoréis a lo que ellos adoran, que son vnos paños pintados, los quales diçen que es Viracochan, y que le adoréis como a guaca, el qual no es sino paño; no lo hagáis, sino lo que nosotros tenemos, eso tened, porque como veis las villcas hablan con nosotros y al Sol y á la Luna véemoslos por nuestros ojos, y lo que esos diçen no lo veemos. Bien creo que alguna vez por ffuerça o con engaño os han le hacer adorar lo que ellos adoran: quando más, quando más no pudiéredes, haceldo delante dellos, y por otra parte no olvidéis nuestras çerimonias. Y si os dixieren que quebrantéis vuestras guacas, y esto por ffuerça, mostraldes lo que no pudiéredes hacer menos, y lo demás guardaldo, que en ello me daréis á mí mucho contento”.77.

Acabadas todas estas cossas arriba dichas y otras muchas despidióse mi padre de los indios, trayéndome a mí allí delante para les deçir cómo yo era su hijo, y cómo después de sus días me habían de tener en su lugar por señor de todos ellos, el qual lo hizo e se leuantó en pie para partirse de su çente. La qual quando lo vio en pie, ffueron tales y tan grandes los alaridos que todos començaron a dar, que paresçía que se horadauan los çerros, y la çente, con la ansia que tenía, todavía le quería seguir, pero nunca mi padre les dexó, sino fue a quál, que no tenían impedimento que les estoruasen, porque decía a aquellos que con tanta ansia le querían seguir que como hauían de dexar sus sementeras, sus casas, sus muçeres, y sus hijos, sus sibas o crías para seguirle, que se rreportasen y que muy breue volvería a verlos ó les enviaría a decir lo que hauían de haçer. Ansí se partió de todos ellos para el pueblo de Vitcos.78.

LLEGADA DEL INGA A VITCOS

Llegados que fuimos a Vitcos, que es pueblo treinta leguas del Cuzco, con la çente que a mi padre seguía, asentamos nuestro pueblo y asiento con intención de viuir allí algunos días y descansar. Hizo hacer mi padre vna cassa para dormir, porque las que antiguamente hauía eran de mis aguelos Pachacuti Inga, Topa Inga Yupangui y Guaina Cápac, y los demás cuyos cuerpos pussimos allí porque no los osamos dexar en el Cuzco ni en Tambo. Y después desto, ya que mi padre estaua quieto y sosegado, descuidado de que naidie hauía de entrar en esta tierra, quiso hacer una ffiesta rnuy solenne convidado por los Andes y çente desta tierra, y al mejor tiempo que estaban en ella, desacordados de lo que les subçedió, halláronse çercados de españoles, y como estaban pesados los indios por lo mucho que hauían beuido y tenían las armas en sus cassas, y no tuvieron lugar de poderse defender, porque los tomaron de sobresalto, Don Diego de Almagro y el capitán Diego Ordóñez e Gonçalo Piçarro y otros muchos que nombrarlos sería muy largo, los quales lleuaron por delante todos quantos indios e indias pudieron antecoxer y los cuerpos de mis antepasados los quales se llamauan Vanacuri, Viracochan Inga, Pachacuti Inga, Topa Inga Yupangui y Guaina Cápac, y otros muchos cuerpos de muçeres con muchas joyas e rriquezas que hauía en la ffiesta, más de cinquenta mill caueças de ganado, y éstos escoxidos los mejores que acá hauía, que ffué de mis antepasados y de mi padre y lleváronme a mí, y otras muchas coyas; e mi padre escabullóse lo mejor que pudo con algunos, y los españoles se tornaron al Cuzco con la presa que lleuaban y conmigo, muy contentos. Y aportados que fuimos al Cuzco, vn ffulano Oñate me recoxió a rní en su casa y me hizo mucho regalo y buen tratamiento; y sabido por mi padre, le envió a llamar y se lo agradeció mucho y me encomendó de nuevo a él a mí y a otras hermanas suyas, diçiendo que mirase por mí e por ellas, que él se lo pagaría. Después de pasadas todas estas cosas, estando yo en el Cuzco en casa de aquel Oñate que dixe, mi padre se salió de Vitcos porque le dixeron que unos capitanes chachapoyas que le llevaron a su pueblo llamado Rabanto y que allí estaba un buen fuerte donde se podían defender de todos sus enemigos; y tomando su parecer siguióle y en el camino viendo que iban a aquel Rabanto, en un pueblo llamado Oroncoy descansó algunos días, porque le hicieron fiesta los del pueblo. Y acabadas las fiestas, estando un poco de asiento, envió sus corredores a los caminos a saber si había españoles ó çente alguna que le estorbase el pasaje; y desque los hubo enviado esa mesura noche, a la madrugada llegaron al dicho pueblo de Orongoy, dicen que más de doçientos españoles armados de todas armas y en sus cauallos en busca de mi padre, los quales tomaron las guardas de las puentes que allí estaban y les dieron trato de cuerda para sauer dondestaua el dho. mi padre. Los quales les dixieron que estaua allí arriba en el pueblo de Orongoy; y dexadas las guardas se ffueron vno en pos de otro a más correr por la cuesta arriba, pensando de coxer a mi padre durmiendo y acaso saliéndose a proueer. Mi tía Cura Ocllo, hermana de mi padre, vió la çente que venía desde lexos, y oyó el tropel de los cauallos e vino corriendo a donde mi padre estaua en la cama e díxole con gran alboroto que venían enemigos, que se levantasse e fuesse a ellos.79.

Mi padre como la vió tan despaborida, sin hacer caso de nada leuantóse con gran priesa para ir a rreconoçer si era ansí lo que su hermana le deçía y desque se asomó al viso, vió ser ansí lo que ella hauía dho. y voluió a casa con gran priesa y mandó que le echasen el ffreno al cauallo para de presto, así como estaua, poner cobro en su çente, porque no le tomasen los enemigos de sobresalto sin estar aperçebido. E ya que lo tuvo puesto a punto de guerra, mandó que le echasen la silla a cauallo porquestaban ya çerca los enemigos, a la vista de los quales puso en un çerro muchas muçeres en renglera, todas con lanças en las manos, para que pensasen que eran hombres; y hecho esto, con gran liçereza saltó ençima de su cauallo con su lança en la mano; çercaua él sólo toda la çente, porque no pudiese ser empeçida de sus enemigos hasta en tanto que llegasen los corredores que hauían ido a correr el campo; los quales quasi llegaron a vna con los españoles al viso, a tiempo que mi padre sólo los traía a mal andar, y como llegaron y vieron a su amo que andaua de aquella suerte tan ffatigados, avnque cansados de la questa arriba, cobraron nueuo esffuerço para pelear cóntra sus enemigos que de la parte de abaxo estaban. Con el qual esffuerço dieron de tropel sobre ellos con sus lanças y adargas, de tal arte que les hiçieron rretirar la cuesta abaxo más que de passo; y desque les dieron esta reffriega, descansaron vn poco para tomar aliento, y desque los españoles vieron que estauan sentados beuiendo, pensaron ya no podían más y con grande ánimo, voluieron la cuesta arriba así a los que no estauan descuidados, mas antes más fortalesçidos y con más çente que les hauía sobrevenido de una parte y de otra, los quales como vieron venir a sus enemigos tan determinados, voluieron sobre ellos, de tal suerte que de un embión, qual ençima, qual enbaxo, los desbarataron y desbararrancaron por vnas barrancas y peñas abaxo, ssin poder ser señores de sí, mas antes ellos mesmos se desbarataron así mesmos por no ser señores de sí en cuesta tan áspera, por la mucha fatiga que las armas les dauan y el gran calor que los ahogaban, que todo junto le causó la muerte a todos ellos, sin escapar cauallo ni hombre viuo, sino ffueron dos, los quales el uno pasó el rrío a nado y el otro se salvó por una crisneja de la puente.80.

Y ansí, la çente de mi padre alcançada aquella vitoria, recoxieron el despojo de los españoles y, desmudándolos a todos lo que pudieron haber, les quitaron los vestidos y armas que tenían y junto todo lo lleuaron arriua al pueblo de Orongoy; y mi padre y, ellos por la victoria que hauían alcançado se reçiçijaron [sic] mucho e hiçieron fiestas e bailes unos días por honrra de aquel despojo e vitoria.81.

Acabadas estas ffiestas y hecho la [sic] arriba dho., se partió mi padre con toda la çente caminando por sus jornadas derecho al pueblo de Rauantu, que es haçia Quito, y en el camino, en el valle de Xauxa, en vn pueblo que llaman Llacxapallanga, supo cómo los guancas naturales de aquella tierra se habían aunado con los españoles, y resçiuió dello mucho enojo, é determinó de hacerles vn castigo, el qual fuese sonado por toda aquella tierra, diciendo que les hauía de quemar a ellos y a sus casas, sin dexar a ninguno a vida y esto porque hauían dado la obediençia a los españoles y subjetádose a ellos; y sus muçeres e hijos a su seruiçio con una guaca prençipal que en, el valle tenían llamada Guari villca, ques cinco leguas de Llacxapallanga.82.

Sabido todo esto por los guancas y que mi padre se hauía enojado de tal manera con ellos que decía que los hauía de quemar a ellos y a Vari villca su ídolo, por la conffederasçión que con los españoles habían hecho, siendo él su señor natural, determinaron de deffender la entrada dando parte á los españoles, debaxo de cuyo amparo se hauían puesto para que los viniesen a. ayudar en el aprieto en que estauan. Y sabido por los españoles la determinación de mi padre contra los guancas, vinieron con gran priesa dicen que çient españoles a los socorrer; y llegados que fueron tuuo dello auiso mi padre y endereço su derrota para allá habiendo en el camino muchas rrefriegas con los guancas, de vna parte y de otra del camino, matando y destroçando en ellos en gran manera diciéndoles: “ayúdenos vuestros amos”. Y desta manera llegó por sus jornadas a Xauxa la grande, que ansí es llamada, a donde tuvo una gran refriega con los españoles arriba dichos y con los guantescas; la qual rrefriega duró dos días y al fin por la mucha çente que mi padre llevaua y por darse buena maña, los vençió, y mataron çinquenta españoles y los demás se escaparon a vña de cauallo; y algunos de los nuestros siguieron el alcançe algún rrato y como vieron que se daban tanta priesa, se voluieron a donde mi padre estaua encima de su cauallo blandeando su lança, sobre el qual auía peleado ffuertemente con los españoles. E ya que se vbo acabado esta batalla, mi padre que algo cansado quedaua del pelear, se apeó de su cauallo y se ffué a descansar con los suyos, que muy cansados y heridos algunos dellos hauían quedado de la reffriega passada. Otro día después, ya algo reffaçinada la çente, se tuvo de allí, por las jornadas que hauía ido, a vn pueblo llamado Vayocache, que es la parte donde estaua el ídolo llamado Vari Villca, y en vn día que allí descansó lo mandó sacar del lugar donde estaua enterrado hasta los hombros y cabada la rredondez della, mandó sacar todo el tesoro que le tenían ofresçido y las yanaconas y criadas y criados que estauan diputados para el seruiçio de aquella guaca, en el qual la çente de aquella tierra tenía mucha confiança; los mandó matar a todos para que entendiesen que él era el señor, y al ídolo echándolo vna soga al pescuezo le traxieron arrastrando por todo el camino con gran denuesto por çerros y piedras, y çiénegas y lodos veinte leguas de camino, diciendo “veis aqui la conffiança que tenían aquellos guancas deste ídolo, al qual tenían por Viracochan; mira en que han parado ella y ellos y sus amos los españoles”. Y viniendo ansí por su camino llegaron a vn pueblo llamado Acostambo y allí descansaron un año, donde hicieron sus casas y heredades que agora poseen los españoles, lo qual llaman Viñaca porque se ve allí mucho vino de Castilla. La guaca o ídolo llamado Variuillca, la mandó mi padre echar en vn gran rrío.83.

Después desto, por importunaciones de vnos capitanes andes que le importunaron, se fué a la tierra y pueblo llamado Pillco suni, a donde tuvo otra rrefriega con çiertos españoles que le vinieron a buscar y los vençio y desbarato, el cómo sería muy largo, saluo se sepa que traxo de allí mucha artillería, arcabuces, lanças, ballestas y otras armas. Y después que en Yeñupay obo aquella rreffriega con los españoles y descansó allí vn año y ansí se boluió por sus jornadas e pueblos, que por la breuedad no quento, al pueblo de Vitcos, y desde allí hasta Vilcapampa, a donde estuuo algunos días sosegado y descansando, haciendo sus casas y aposentos para hacer en este asiento, porque es buen temple, el asiento prençipal de su persona.84.

Después de hacer descançado algunos días y que ya pensaua que le querían dexar los españoles, oyó deçir por las espías que tenía puestas en los caminos, cómo venían sobre él Gonçalo Piçarro y el capitán Diego Maldonado y Ordóñez y otros muchos, y que venían con ellos tres hermanos suyos, conviene a sauer: don Pablo e Inguill y Guáspar, a los quales traían antepuesto porque deçían que querían hacer con mi padre contra los españoles; y mi padre los salió a rresçibir tres leguas de aquí a una fortaleza que allí tenía para en ella deffenderse dellos y no se dexar ganar aquella ffuerça. Llegado que fue allí se encontró con no se quántos españoles, que por ser montes espesos no se podían contar, a donde peleó ffuertemente con ellos a la orilla de un rrío, vnos de vna parte y otros de otra, que en diez días no se acabó la pelea, porque peleauan a rremuda los españoles con la çente de mi padre y con mi padre, y siempre les iba mal por el ffuerte que nosotros teníamos; y vinieron a tanto, que viniendo allí vn hermano carnal de mi tía Cura Ocllo llamado Guáspar, y mi padre se enojó tanto con él porque le venía a buscar, que le vino a costar la vida el negoçio, y queriéndole matar mi padre con el enojo que tenía, la Cura Ocllo se lo quiso estoruar porque le quería mucho, y mi padre no queriendo consentir a sus rruegos, cortóles las cabezas á él y a otro su hermano llamado Inguill, diçiendo estas palabras: “Más justo es que corte yo sus cabezas que no que lleven ellos la mía”. Y mi tía por el enojo que resçibió de la muerte de sus hermanos, nunca jamás se quiso mudar del lugar donde estauan muertos.85.

Y en estos medios, ya que esto ffue acabado, por la parte a donde mi padre estaua vinieron çiertos españoles y como los vió venir, viendo que no se podía escapar, tomó por remedio echarse al agua y pasar el rrío a nado; y desque se vió de la otra parte començo a dar boces diciendo: “yo soy Mango Inga; yo soy Mango Inga”. Los españoles cómo vieron que no se podían aprouechar del determinaron de voluerse al Cuzco y lleuaron por delante a mi tía Cura Ocllo y a Cusi-Rimache, hermano también de mi padre, que consigo tenía, y otras cosas; los quales llegaron con mi tía al pueblo de Pampacónac, á donde intentaron a querer fforçar a mi tía, y élla no queriendo, se deffendía ffuertemente en todo, que vino a ponerse en su cuerpo cosas hediondas y de despreçio porque los que quisiesen llegar a élla tuuiesen asco; y ansí se deffendió muchas veces en todo el camino, hasta el pueblo de Tambo, donde los españoles de muy enojados con élla, lo vno por que no quiso consentir á lo que éllos querían, y lo otro por que era hermana de mi padre, la asaetearon viua, sufriéndolo élla por la castidad, la qual dixo estas palabras quando la asaetearon: “øEn vna muçer vengáis vuestros enojos? øqué más hiciera otra muçer como yo? Dados priesa a acabarme, porque se cumpla vuestro apetito en todo”; y ansí la acabaron de presto, teniendo con vn paño tapados los ojos ella misma.86.

Vila Oma, capitán çeneral que ffué de mi padre, e Tísoc e Taipi y Tanqui Guallpa y Orco Varanca y Atoc Suqui y otros muchos capitanes que ffueron de mi padre como vieron que hauían lleuado los españoles y la coya y que le hauían tratado de aquella manera, mostraron resçiuir pena dello, y los españoles como lo sintieron, prendiéronlos, diçiendo: “vosotros tornaros debréis de querer al inga y haçeros con él, pues no ha de ser ansí, sino que aquí habéis de acabar la vida juntamente con vuestra ama”. Y ellos, defendiéndose, deçían que no pensaban tal, sino ser siempre con los españoles e servirlos; mas los españoles no creyendo dellos sino pensando que lo que deçían era ffinçido, los mandaron quemar a todos, y quemados éstos y muerta la coya, se fueron a Yucay, donde quemaron a Ozcoc y a Coriatao y otros muchos porque no se tornasen a hacer con mi padre y por tener las espaldas seguras. Pasadas todas estas cosas arriba dichas y otras muchas que por abreuiar he dexado, el dicho mi padre se tornó a Vilcabamba, caueça de toda esta provincia, a donde estuuo con algún sociego algunos días y desde este pueblo, porque no se hallaua sin mí, me envió a llamar al Cuzco, donde yo estuue desde que me llevaron a Vitcos en casa de Oñate arriba dicho. Los quales mensajeros me hurtaron del Cuzco a mí e a mi madre y me traxieron escondidamente hasta el pueblo de Vitcos, al qual ya mi padre se hauía salido a tomar ffrescos, porque es tierra ffría, y allí estuvimos mi padre e yo muchos días a donde aportaron siete españoles en differentes tiempos, diçiendo que se venían huyendo de allá fuera por delitos que hauían hecho, y que protestauan de servir a mi padre con todas sus ffuerças toda su vida; que le rrogauan mucho que les dexase estar en su tierra y acabar en élla sus días. Y mi padre, viendo que venían de buena laya, avnque estaría sentido de los españoles, mandó a sus capitanes que no les hiçiesen daño porque él los quería tener en su tierra como a criados, que les hiciesen casas en que morasen. Y ansí, los capitanes de mi padre, :aunque quisieran luego acabarlos, hicieron lo que mi padre les mandó. Y el dicho mi padre los tuvo muchos días, y años, consigo, haciéndolos muy buen tratamiento y dándoles lo que hauían menester, hasta mandar que sus mesmas muçeres del dicho mi padre les hiçiesen la comida y la beuida, y aun él mismo los traía consigo y los daua de comer junto a sí, como a su persona misma, y se holgaua con ellos como si ffueran sus hermanos propios.87.

Después ya de algunos días y años, estos españoles arriba dichos estuvieron en compañía de mi padre en el dicho pueblo de Vitcos, en la mesma casa de mi padre. Estauan vn día con mucho rregoçijo jugando al herrón sólos mi padre y éllos y yo, que estonçes era mochacho, sin pensar mi padre cosa ninguna ni haber dado crédito a vna india del vno de ellos, llamada Bauba, que le hauían dicho muchos días antes que le querían matar aquellos españoles. Sin ninguna sospecha désto ni de otra cosa se holgaua con éllos como antes; y en éste juego, como dicho tengo, yendo el dicho mi padre a leuantar el herrón para hauer de jugar, descargaron todos sobre él con puñales y cuchillos y algunas espadas; y mi padre, como se sintió herido, con la rrabia de la muerte, procuraua de deffenderse de vna parte y de otra; mas como era sólo y ellos eran siete, y mi padre no tenía arma ninguna, al fin le derrocaron al suelo con muchas heridas, le dexaron por muerto. Y como era pequeño y ví a mi padre tratar de aquella manera, quise ir allá a guaraçerle; y volviéronse contra mí muy enojados, arrojándome vn bote de lana con la mesma lana de mi padre, que a la sazón allí estaua, que erraron poco que no me mataron a mí también. E yo, de miedo, como espantado de aquello, huíme por vnos montes abaxo, porque avnque me buscasen no me pudiesen hallar; y ellos, como dexaron a mi padre ya para espirar, salieron por la puerta con mucho rregoçijo, diciendo: “Ya hemos muerto al inga; no hayáis miedo”. Y vnos andes, que a la sazón llegaron, y el capitán Rimache Yupangui, les pararon luego de tal suerte, que antes que pudiesen huir mucho trecho, a vnos tomaron el camino mal de su grado, derrocándolos de sus cauallos abaxo, e trayéndolos por ffuerça para hacer dellos sacrifiçio. A todos los quales dieron muy crudas muertes, y avn algunos quemaron. Y avn después de todo ésto vivió el dicho mi padre tres días; el qual antes que muriese mandó llamar a todos sus capitanes y a mí para nos hablar antes que se muriese. El qual dixo estas palabras a los capitanes:88.

PARLAMENTO QUE HIZO MANGO INGA A SUS CAPITANES QUANDO ESTAUA A LA MUERTE. EL QUAL DIJO

“Hijos: ya me veis de la manera que estoy por haberme fiado tanto desta çente española, en especial destos siete que aquí vosotros habéis visto, que me han guardado tanto tiempo aquí y que les he tratado como a hijos; por el qual tratamiento me han puesto desta suerte. Bien creo que no escaparé desta. Por vuestra vida que se os acuerde de lo que tantas veçes os he dicho y amonestado en el Cuzco y en Tambo, y en todas las demás partes a donde os habéis juntado a mi llamamiento, y por las partes a donde habéis andado conmigo, lo qual porque sé que lo tenéis todo en la memoria, no me quiero más alargar, lo vno porque mi dolor esçesiuo no me da más lugar y lo otro, porque no hay por qué más os molestar. Encomiéndoos mucho a mi hijo Titu Cussi Yupangui para que miréis por él, pues sabéis que es la lumbre de mis ojos y que yo le tenía a ese mochacho no solamente por hijo, mas por hermano, por el mucho entendimiento que tiene; y ansí le he encomendado yo mire e tenga quenta con todos vosotros e con todos mis hijos, como yo pudiera tener. Y os rruego que ansí como lo habéis hecho comigo, lo hagáis con él, que yo tengo dél tal conçepto que os lo agradesçería y pagará muy bien; por tanto llamádmele acá para que le dé mi bendiçión y diga lo que há de haçer”.89.

PARLAMENTO QUE MANGO INGA HIZO A SU HIJO AL PUNTO DE LA MUERTE

“Hijo mío muy amado: bien me ves quál estoy e por eso no tengo que te signifficar por palabras más mi dolor de lo que las obras dan testimonio; no llores, que si alguien hauía de llorar hauía de ser yo, si pudiera, por hauerme a mí mismo yo propio parado de la suerte que estoy, fiándome tanto de semejante questa y haciéndoles tanto rregalo como les he hecho, no lo meresçiendo ellos; que como tú sabes vinieron aquí huyendo de sus compañeros por delitos que allá hauían de hauer hecho; a los quales rrecoxí, ffauoresçí con entrañas de padre. Mira que te mando que perpetuamente nunca tengas ley perffeta con semejante çente que ésta, porque no te acontesca a tí otro tanto como a mí; no consientas que entren en tu tierra, avnque más te conviden con palabras, porque sus palabras melosas me engañaron a mí y ansí harán a tí si los crees .90.

“Encomiéndote a tus hermanos e hermanas, e a tu madre para que mires por ellos y los rremedies y ffauorescas, como yo hiçiera á ti; e mira que no des pena a mis huesos tratando mal a tus hermanos e madre, porque bien sauéis vosotros que la rresçibirán grande”.91.

“Encomiéndote también a estos pobres indios, que mires por ellos, como es rrazón; e mira cómo me han seguido y guardado y amparado en todas mis nesçesidades, dexando sus tierras y naturaleza por amor de mí; no les trauajes demasiado, no les acoces, no le riñas ni castigues sin culpa, porque en ello darás mucho enojo al Viracochan. Yo les he mandado a ellos que te rrespeten y acaten por señor en mi lugar, pues eres mi primero hijo y heredero de mi rreino, y esta es mi postrimera voluntad. Yo confio de su bondad de todos ellos que te acatarán y rrespetarán por tal, y que no harán más de lo que yo les he mandado e tú les dixeres”. El qual luego ffinó y me dexó a mí en el pueblo de Vitcos; y de allí me vine a este Villcapampa, donde estuve más de veinte años, hasta que me desasocegaron vnos indios de Guamachuco por mandado de la justiçia del Cuzco puesto por Gonçalo Piçarro, que a la sazón andaua alterado contra el rrey.92.

AQUI COMIENçA LA MANERA Y MODO POR LA VIA QUE YO, DON DIEGO DE CASTRO TITU CUSI YUPANGUI, VINE A TENER PAZ CON LOS ESPAñOLES, DE LA QUAL PAZ, POR LA BONDAD DE DIOS, A QUIEN NOSOTROS ANTIGUAMENTE LLAMABAMOS VIRACOCHAN, VINE A SER CRIXPTIANO. LA QUAL ES ESTA QUE SE SIGUE:

En lo sobre dicho arriba por mí declarado, dí a entender, llana y susçintamente, la manera cómo mi padre Mango Inga Yupangui ffué señor natural destos rreinos del Pirú, y el modo y la manera de la entrada de los españoles en su tierra, y cómo y a qué effeto se les reueló, que ffué por sus muchos malos tratamientos, y el descurso y fin de vida.- En ésta quiero declarar el cómo yo me he habido después de sus días, y la manera por dónde me he venido a tornar crisptiano e tener paz con los españoles, que fué mediante Dios, por ser su señoría del señor Gouernador el Licençiado Lope García de Castro, quien rregía e gouernaua los rreinos del Pirú. La qual manera pasa ansí.93.

En el tiempo que ffué Visorrey de los rreinos del Pirú el Marqués de Cañete me enuió a esta tierra a donde yo estoy, vn padre de la orden de señor Santo Domingo para que tratase conmigo de estarme allá ffuera al Cuzco, diçiendo que el señor Visorrey traía mandato del Emperador don Carlos para que saliendo yo allá ffuera e queriendo ser crisptiano, me darían de comer, confforme a mi calidad, e yo, acordándoseme del tratamiento que los españoles hauían hecho a mi padre estando en el Cuzco en su compañía, e por lo que el dicho mi padre me dexó mandado al fin de sus días, pensando que por ventura me acontesçería a mí lo que a mi padre, no quise entonces dar consentimiento a lo que el padre ffray, Melchor de los Reies, que ffué el que vino con la enbaxada, y vn Joan Sierra su compañero, por mandado del señor Visorrey me dixieron; antes, para certifficarme de lo que el padre y su compañero me deçían, si era ansí ó no, enuié con el dicho padre çiertos capitanes míos al Marqués para que ellos me traxiesen la çertinidad del negocio y que si era ansí como me deçían, enviaría vn hermano mío allá ffuera en mi lugar; ésto para que espirimentase la viuienda de los españoles y me diese auisso de cómo lo haçían con él, y que si lo hiçiesen bien, estonçes yo saldría.94.

Después de pasado vn año voluió el dicho padre con los dichos mis capitanes, con la çertinidad de todo; e yo, visto que vna persona como aquella me lo rrogaua tanto, y que me daua tan çierta çertificasçión de que me darían de comer, envié al dicho mi hermano Saire Topa, al qual dí industria de cómo se hauía de hauer; y dada, se ffué con el dicho padre al Visorrey, el qual le rresçiuió muy bien y le dió de comer en el valle de Yucay e otros rrepartimientos, a donde murió cristiano. E yo des que supe su muerte rresçiuí gran pena, pensando que los españoles le hauían muerto, como mataron a mi padre; con la qual pena estuve algunos días hasta que del Cuzco me envió el Licençiado Polo con Martín de Pando, mi notario, que hasta hoy día me guarda, con Joan de Betanços la çertinidad de cómo mi hermano don Diego Saire Topa hauía muerto su muerte natural; por mí visto, detuve en mi tierra al dicho Martín de Pando y dexé ir a Juan dé Betanços con la rrespuesta, y ansí me estuve algunos días hasta que por parte del Conde de Nieua, visorrey subçesor de Marqués de Cañete, me vinieron otros mensaçeros con cosas tocantes a la paz que de mí pretendían con los españoles. El qual me enbiaua a deçir lo mesmo que el Marqués, e yo rrespondí que como me gratificasen algo de lo mucho que el rrey poseía de las tierra de mi padre, aparejado estaua para tener paz. Los quales mensajeros se fueron con esta rrespuesta.95.

Todas estas paçes entiendo yo que procurauan los españoles por vna de tres vías: o por entender que yo andaua dando saltos en sus tierras e traiédoles mucha çente de los naturales; o porque el Rey se lo mandaua, por lo que le ditaua la conciençia açerca de lo que de mi padre posee, o, por ventura, sería por quererme tener allá consigo en su tierra para certificarse que no les haçía más mal como estuviese allá, porque como yo no estaua industriado en las cossas de la fee, no sospechaua que fuese la prençipal causa, como agora sospecho, el quererme hacer cristiano. Pero agora, después que los padres me lo diçen, alcanço que ffué vna de las causas dichas y más prençipal aquélla.96.

Después de idos los mensajeros arriba dichos, que vinieron por parte del Conde de Nieua, voluió otra vez con el mesmo mensaje el tesorero Garcçía de Melo a rrogarme que porque tuuiesen sosiego los españoles, me quietase yo a mí mesmo y que no anduviese de acá para allá, que el rrey me daua su palabra de me lo gratifficar como yo consintiese que entrasen en mi tierra saçerdotes a predicar la palabra de Dios. Al qual yo rrespondí que a lo que deçía de quietarme yo y no haçer mal a los indios ni inquietar a los españoles, que yo le daua mi palabra de que no me dando ellos ocassión, que yo me quietaría muy a gusto, como lo vería por las obras y a lo que deçía de que consintiesen que entrasen saçerdotes en mi tierra, que yo no sabía nada de aquel menester, que se effectuase una vez la paz e después se haría lo que fuese justo. Con la qual rrespuesta se ffué el Tesorero Melo la primera vez.97.

En estos medios de idas y venidas del Cuzco a mi tierra y de mi tierra al Cuzco, estando por correçidor en él el doctor Quenca oídor de su Maçestad, acaesçió que unos indios encomendados en Nuño de Mendoça, que rresidían lindes desta mi tierra, en vn rrío llamado Acobamba, por çiertos malos tratamientos que rresçibieron de vn español que los tenía a cargo, se huyeron dél y se pasaron a esta mi tierra a rreconocerme por señor. Lo qual sabido por el doctor Quenca, pensando que yo los hauía traído por ffuerça, me escriuió vna carta, muy descomedida, en la qual me deçía que voluiese los indios a su dueño, y si no, que me hauía de dar la más cruda guerra que se hauía dado a hombre. La qual carta como yo la vi, rresçiuí mucha pena con ella y rrespondí que no era ansí lo que me importunaban y que si guerra querían, aparejado estaua para cada y quándo que viniesen. Y con este enojo aperçibí mi çente para el effeto y mandé poner espías por no sé qué partes, porque no me coxiesen descuidado los que me quisiesen haçer mal. El qual doctor Quenca nunca más me rrespondió cosa ninguna, mas antes yo ffui al camino por donde hauía de pasar para ver si todavia me quería dar la guerra dicha; y desta salida traxe para casa más de quinientos indios de diuersas partes, y voluíme a quietar a mi cassa; en la qual rresçiuí vna carta del dicho doctor Quenca escrita en Lima, que no sé por dónde me pasó, en la qual se me ofresçía mucho y me rrogaua que lo pasado ffuese pasado.98.

Después desto tornó otra vez a venir el Tesorero Garçía de Melo con despachos de vuestra señoría; el qual me aconsejó, por lo que yo le advertí, que casásemos a mi hijo don Phelipe Quispe Tito con su prima doña Beatriz, y ansí lo concertamos como se hiciesen las paces, que después hiçimos en Acobamba, por mandado de vuestra señoría, él e yo, trayendo para ello los testigos que vuestra señoría señaló, a lo qual se hallo presente Diego Rodríguez como correçidor, y Martín de Pando como secretario. El qual conçierto y capitulaçión cómo y de la manera que pasó, porque vuestra señoría lo tiene allá más por estenso y lo podrá enseñar a su Maçestad, no lo pongo aquí, ni ninguna cosa porné espeçificada, pues de todo es vuestra señoría el autor, sino ffuere lo de Chuquichaca, de la venida de Hernando Matienço, y mi conversión y bautismo, lo qual quiero que su Maçestad entienda de mí que fué vuestra señoría la prençipal causa de todo.99.

Como vuestra señoría sabe, quando me envió a Diego Rodríguez que fuese correçidor desta mi tierra, yo lo rresçiuí por mandarlo vuestra señoría, y por ver que convenía para la rratifficaçión de la paz, que yo hauía dado mi palabra de tener con el Rey nuestro señor y con sus vasallos; la qual rratiffiqué de todo en todo; lo vno, con el rresçibimiento que hice al Oidor Licençiado Matienço en la puente de Chuquichaca, dándole a entender algunas cossas que en mi tierra me pasauan; y lo otro, en rresçibir saçerdotes en mi tierra para que industriasen á mí e a mi çente en las cossas de Dios, como ffue al padre Vera que vuestra señoría me envió; el qual bautizó a mi hijo don Phelipe Quispe Tito y estuuo en la tierra casi año y medio. El qual salió por la venida de los frailes agustinos, que vinieron a bautizarme.100.

Da también testimonio desta paz, y confírmalo en todo, la renunçiaçión que yo a vuestra señoría hiçe en nombre de su Maçestad de todos mis reinos y señoríos, ni más ni en menos que mi padre los poseía. Lo qual todo concluyó el Tesorero Melo en Acobamba, pues dexadas todas cossas aparte, siendo como es vuestra señoría testigo de todo como prençipal actor, es ésta la manera que yo tuve y he tenido en mi crisptianismo hasta agora por escriuirme vuestra señoría muchas cartas rrogándome que me voluiese cristiano, diçiendo que convenía para seguridad de la paz. Proçuré de inquirir de Diego Rodríguez y de Martín de Pando quién era en el Cuzco la persona más prençipal de los rreliçiosos que en ella hauía, y quál rreliçión más aprouada y de más tono y dixiéronme que la rreliçión de más tono y de más autoridad y que más floressçía era la de señor Sant Agustín, y el prior della, digo de los ffrailes que rresiden en el Cuzco, era la persona más prencipal de todos los que en el Cuzco hauía; y sido y entendido ser ésto ansí, afficionéme en gran manera a aquella orden y reliçión más que a otra ninguna y determiné del escriuir al dicho prior muchas cartas rrogándole que me viniese a bautizar él en persona, por que me daua gusto ser bautizado por su mano, por ser persona tan prençipal, antes que por otro y ansí, siendo como es tan honrrado reliçioso, me hizo merced de tomar el trauajo y llegarse a esta mi tierra a bautizarme, trayendo consigo a otro rreliçiosso y a Gonçalo Pérez de Viuero e Tilano de Anaya, los quales llegaron a Rayangalla, a doce dias del mes de Agosto del año de mill e quinientos y sesenta y ocho, a donde yo salí deste Villcabamba a rresçiuir el bautismo como entendí que me lo venían a dar. Y allí, en el dicho pueblo de Rayangalla, estuuo el dicho Prior llamado ffray Joan de Viuero con su compañero y los demás, catorce días endustriándome en las cossas de la ffe, á cabo de los quales, día del gloriosso doctor Sant Agustín, me bautizó en dicho prior, siendo mi padrino Gonçalo Pérez de Viuero, y madrina doña Ançelina Siça Ocllo; y desque me vbo bautizado estuvo otros ocho días el dicho prior retificándome de todo en todo en las cossas de nuestra santa ffee católica y enseñándome las cossas e misterios della. Acabado todo, vno y otro, se ffué el dicho Prior con Gonçalo Pérez de Viuero, e dexóme en la tierra ál compañero llamado ffray Marcos Garçía para que me ffuese poco á poco advirtiendo de las cossas que el dicho Prior me hauía enseñado, porque no se me olvidasen, y para que enseñase y predicase a la çente de mi tierra la palabra de Dios. E antes que se ffuese, les dí a entender a mis indios la causa porque me hauía bautizado y traído aquella çente a mi tierra, y el effeto que de bautizarse los hombres sacaban y para qué quedaua este padre dicho en la tierra; todos me rrespondieron que se holgauan de mi bautismo y de que quedase el padre en la tierra, que ellos procurarían de haçer otro tanto en breve, pues el padre quedaua para dicho effeto en la dicha tierra.101.

Pasados dos meses que este dicho padre estuvo en Rayangalla, después que se ffué el prior, enseñando e industriando en las cossas de la ffee y bautizando algunas criaturas por consentimiento de sus padres, acordó de ir con Martín de Pando a visitar la tierra que está de la otra parte de los puertos, haçía Guamanga, en la qual estuuo quatro meses haçiendo el messmo offiçio e poniendo cruces e haçiendo iglesias en los pueblos a donde llegó, que ffueron ocho los pueblos y tres las iglesias, y en los demás, cruces. Bautizó en todos ellos noventa criaturas, lo qual hecho todo y dexando mochachos para que dixiesen la doctrina se voluió al dicho pueblo de Rayangalla, a donde estuvo sólo siete meses, bautizando y enseñando a los indios de toda la comarca; y por el mes de septiembre le vino otro padre compañero, y ambos juntos se estuvieron en aquella tierra hasta que yo los traxe a este Villcabamba, donde agora estamos. No han bautizado aquí ninguno porque aún es muy nueua la çente desta tierra en las cossas que han de saber y entender tocantes a la Ley e mandamientos de Dios. Yo procuraré que poco a poco lo sepan; por tanto, porque entienda vuestra señoría y me haga merçed de lo dar a entender a su Maçestad, he procurado por la vía arriba dicha declarar sumariamente, sin espeçifficarlo más, la manera y viuienda de mi padre y el subçeso y el fin de mis negoçios hasta el fin e punto en que agora estoy. Si acasso ffuera menester que vaya vno y otro declarado más por estensso, cómo y de la manera que ffué y ha sido hasta agora, quando vuestra señoría fuese seruido me podrá auissar para que lo haga como vuestra señoría lo mandare. Por agora parésçeme que basta ésto, avnque hauía otras muchas cossas que auisar e que deçir, en especial de nuestro oriçen y prençipio y trajes y manera de nuestras personas, confforme a nuestro vso. Todo lo dexo por euitar prolexidad y porque no haçen a nuestro propósito acerca de lo que vamos tratando; sólo suplicaré a vuestra señoría, pues en todo me ha hecho merçed, en dar muy de veras y con todo calor a entender ésto que aquí va escripto a su Maçestad me haga merçed muy grande, pues tengo entendido que siempre me ha de ffavoresçer como mi señor; e porque me paresçe que me he alargado mucho, cesso con esto. Fué ffecho y ordenado todo lo arriba escripto, dando avisso de todo el Ilustre señor don Diego de Castro Titu Cussi Yupangui, hijo de Mango Inga Yupangui, señor natural que ffué de los rreinos del Pirú, por el muy Reuerendo padre ffray Marcos García, ffraile presbítero de la orden de señor Sant Agustín, que rreside en esta Prouincia de Villcabamba, teniendo como tiene a cargo la administración de las ánimas que en toda ella residen, a honrra y gloria de Dios todo poderoso, Padre e Hijo y Espíritu Santo, tres personas y vn sólo Dios verdadero, y de la gloriossa Reina de los ánçeles Madre de Dios Sancta María, nuestra señora, agora e para siempre jamás, amén.102.

Yo, Martín de Pando, Escriuano de comissión por el muy Ilustre señor el Licenciado Lope García de Castro, Gobernador que ffué de estos Reinos, doy ffee que todo lo arriba escripto lo rrelató y ordenó el dicho padre a insistión del dicho don Diego de Castro, lo qual yo escriuí por mis manos propias de la manera que el dicho padre me lo rrelataua, siendo testigos a lo veer escriuir e rrelatar, el rreuerendo padre fray Diego Ortiz, proffeso, presbítero de la dicha orden, que juntamente rresside en compañía del autor desto y tres capitanes del dicho don Diego de Castro, llamados el vno Suya Yupangui, e Rimache Yupangui y Sullca Várac; y porque haya fee todo lo susodicho, lo ffirmé de mi nombre. Ffecho en Sant Saluador de Villcabamba, a seis de hebrero del año de mill e quinientos y setenta años. Lo qual, para que haga más ffee, lo ffirmaron de sus nombres el dicho padre ffrai Marcos Garçía e ffrai Diego Ortiz é yo, el dicho Martín de Pando. Frai Marcos García. Digo que lo vi escribir. Por testigo: ffray Diego Ortiz. En testimonio de verdad.- Martín de Pando, Escribano.103.

Yo, don Diego de Castro Titu Cussi Yupangui, hijo que soy de Mango Inga Yupangui, señor natural que ffué destos rreynos del Pirú, digo: que por quanto me es neçesario hacer rrelaçión al Rey don Phelipe nuestro señor de cossas convenientes a mí y a mis subçesores, y no sé el [sic] frase y la manera que los españoles tienen en semejantes auisos, rogué al muy Reuerendo Padre ffray Marcos Garçía y a Martín de Pando que confforme al vsso de su natural, me ordenasen y compusiesen esta rrelaçión arriba dicha, para la enviar a los Reynos de España al muy Ilustre señor el Licenciado Lope García de Castro, para que por mí y en mi nombre, lleuando como lleua mi poder, me haga merçed de la enseñar e rrelatar a su Maçestad del Rey don Phelipe nuestro señor, para que, vista la rrazon que yo tengo de ser gratifficado, me haga merçedes para mí e para mis hijos e desçendientes, como quien su Maçestad es; e porque es verdad lo sobre dicho, dí ésta, firmada de mi nombre. Que es fecho día mes y año susodicho. Don Diego de Castro Titu Cussi Yupangui.104.

PODER PARA EL SEñOR GOBERNADOR EL LICENçIADO LOPE GARçIA DE CASTRO

Sepan quantos esta carta de poder vieren, como yo el sapai ynga don Diego de Castro Tito Cussi Yupangui, hijo mayorazgo que soy de Mango Ynga Yupangui, y nieto de Guaina Cápac, señores naturales que ffueron destos reinose prouincias del Pirú, digo: que por quanto yo tengo neçesidad de tratar en los rreynos de España muchas cosas y negoçios con el Rey don Phelipe nuestro señor y con otras justiçias de qualquier estado y condiçion que sean, ansí seglares como eclesiásticas, y juntamente con algunas otras personas que destos reinos hayan ido a los Despaña que allá puedan residir y residan, y no podría hallar persona que con más calor y solicitud pudiese solicitar mis negoçios, como es el señor Gouernador, el Liçenciado Castro, que a los rreinos de España agora vá, ni quien con más amor los haga ni pueda hacer, como ha tenido e tiene de costumbre de hacerme merçed, que por esta çon la conffiança que de su persona tengo, le doy todo mi poder bastante, libre y sufficiente, qual de derecho más puede valer, ansí como yo lo he e tengo, y de derecho en tal casso se rrequiere, para que por mí y en mi nonbre, y como mi persona mesma, pueda paresçer ante su Maçestad y presentar a su Real nombre qualesquier petiçión ó petiçiones y decir y declarar todo lo que le ffuere preguntado tocante a mis negoçios, de la misma manera que si yo lo dixiese y declarase; e pueda paresçer ante qualesquier consejos, audiençias, alcaldes e reçimiento, e ante otras qualesquier justiçias de su Maçestad, ansí eclesiásticas como seglares; y pedir y demandar, amparar y deffender todas y qualesquier cossas que vean que me puedan y deban perteneçer; las quales pueda poseer, reçir y adjudicar, como si yo mesmo las poseyese, reçiese y adjudicase con mi propia persona; e para lo que ansí ouiere de pesos de oro e plata, haçiendas, rentas, ganados y otras qualesquier cossas que obiere me las pueda enviar a estos reinos a mi costa e minsión. E para que por mí y en mi nombre, si le paresçiere, de qualesquier pesos de oro que me pertenezcan me pueda haçer comprar y compre qualesquier haçiendas, rrentas y mercadurías que le parezca que me conuengan, ansí muebles como raíces. Ansí mesmo, para que pueda haçer qualesquier pedimientos, rrequirimientos, juramentos de calunia y desisorio, deçir verdad, rresponder a lo hecho de contrario, concluir, presentar testigos, prouanças, escrituras, promisiones, cédulas rreales y otro género de prueba y lo sacar, contradeçir los de en contrario; poner qualesquier recusaçiones, sospechas, objetos; jurarlos, apartarse dellas; tomar y aprehender en mi nonbre qualesquier posesiones de qualesquier mis bienes e haciendas que me conuengan; y sobre la aprehensión hacer lo que ffuere justo y convenga á los dichos bienes; oír sentençia en fauor; consentir, lo de en contrario, apelar y suplicar a dónde y con derecho deba; seguir la causa hasta la ffinal conclusión, pedir costas y las jurar en effeto; hacer todo aquello que yo podría, avnque aquí no vaya declarado ni espresado, y sean cossas de calidad que requieran mi presencia, que quan cumplido poder como tengo y de derecho se requiere dar y otorgar, otro tal, ese mesmo lo doy e otorgo, con todas sus inçidençias, anexidades y conexidades, y con libre y çeneral administración, y para que este dicho poder lo pueda sostituír en vna o más personas, como le paresçiere, y los rrebocar. A los quales y a el rrelieuo en fforma e para firmeza dello, obligo los bienes, tributos rrentas, haçiendas, que ansí me convengan, muebles rraíces, hauidos e por hacer. E para testimonio de lo susodicho lo ffirmé de mi nombre. Que es ffecho seis días del mes de hebrero de mill e quinientos e setenta años. Testigos que ffueron presentes a lo uer sacar, los muy rreuerendos padres ffray Marcos Garçía e ffray Diego Ortiz, e don Pablo Guallpa Yupangui y don Martin Cosi Guaman, don Gaspar Xulca Yánac. Yo Martín de Pando, Escriuano de comisión por el muy ilustre señor Gouernador el Licençiado Castro, doy ffe de cómo es verdad todo lo suso dicho, y que el dicho Inga don Diego de Castro dió este poder al dicho señor Liçenciado Castro, Gouernador que ffué de estos reinos, cómo y de la manera que de derecho se rrequiere: en testimonio de lo qual puse en su nombre don Diego de Castro en su firma como abaxo paresçía en el oriçinal. Don Diego de Castro Titu Cussi Yupangui. Por testigo: ffray Marcos García. Por testigo: fray Diego Ortiz. Y en testimonio de verdad fice aquí este mío signo. Martín de Pando, Escriuano de comisión.105.

 Fuente Original: Relación de la Conquista del Perú y hechos del Inca Manco II. Ed. Horacio H. Urteaga, Collección de Libros y Documentos relativos a la Historia del Perú, t. II. Lima: Imprenta y Librería San Martí y Compañía, 1916. Copyright 2002. Thist text is freely available provided the text is distributed with the header information provided

 

 

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