Pulares: entre la guerra y la encomienda en las tierras altas del Tucumán colonial, Virreinato del Peru (1577-1630)

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Compartimos un excelente trabajo de investigación de Laura Quiroga y  Miguel Nicolás Hopkins Cardozo, sobre los mitmaq kuna sicuanis trasladados por el liderazgo incaico de la provincia de Canas, en Peru a la provincia de Salta, en Argentina. 

Origen: https://www.redalyc.org/journal/127/12759121007/html/#fn28

Andes, vol. 29, núm. 2, 2018

Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades

20/09/18

Resumen:
La historiografía del Tucumán aborda el estudio de los pulares basado en el supuesto de que la alianza con el dominio colonial es resultado de una continuidad en la estrategia de sus líderes frente a organizaciones políticas de mayor escala como el Tawantinsuyu. A través de información proveniente de actos de posesión de encomiendas, cartas de gobernadores y probanzas de méritos y servicios de los siglos XVI y XVII, complementada con el análisis lingüístico de los nombres indígenas y referencias geográficas, se propone reconstruir la agencia del colectivo indígena denominado pulares en las fuentes coloniales. La documentación analizada nos permite reconstruir sus redes territoriales y autoridades en el contexto ambivalente de indios de guerra e indios de encomienda. Como resultado podemos sostener que la territorialidad de pulares trasciende el sector valliserrano norte para vincularse a una red vinculada al área circumpuneña en su conjunto. Planteamos que la condición de frontera atribuida a un área cultural pular responde a la conformación de entramados y redes visibilizada tanto en los relatos de la guerra como en el ordenamiento de las encomiendas, los grupos que lo integran y sus autoridades.

Palabras clave: Pulares, Encomienda, Entramados rebeldes, Alianzas, Territorialidad.

Introducción

En un escenario de rebeldías, alianzas y resistencias de gran escala, como fueron los Valles calchaquíes en los siglos XVI y XVII, un grupo de indios pulares se alió a los españoles en el alzamiento de 1630. Argumentando que debía protegerlos de posibles represalias, el Gobernador Felipe de Albornoz ordenó su traslado desde el valle calchaquí al valle de Lerma. A partir de estos hechos, la historiografía del Tucumán aborda el estudio de los pulares basado en el supuesto de que la alianza con el dominio colonial es resultado de una continuidad en la estrategia de sus líderes frente a organizaciones políticas de mayor escala como el Tawantinsuyu[1].

Diversos autores definen a los pulares como un grupo multiétnico conformado por mitmakuna incaicos y población local[2]. Su territorio, entendido como un espacio continuo y delimitado, se ubicaría en la región comprendida por el norte del valle Calchaquí -entre las actuales localidades de Seclantás y La Poma- y la Quebrada de Escoipe mientras que Mignone[3] los ubica en el valle calchaquí norte, lindante con las estribaciones de la puna.

Un análisis diacrónico y micro histórico de las fuentes coloniales nos permite rever estos supuestos de la historiografía. Nuestro objetivo será reconstruir las relaciones ambivalentes entre las autoridades coloniales y el colectivo pular -entendido como un conjunto heterogéneo- como indios de guerra y de encomienda. Al mismo tiempo, buscamos reconstruir las redes regionales y entramados socio-políticos de alianza y resistencia en los que se menciona la participación de pulares entre 1577 y 1630. Este recorte cronológico se inicia con la fundación de San Clemente de la Nueva Sevilla en el norte del valle calchaquí en 1577, hasta el alzamiento general de 1630.

En este periodo, se producen rebeliones y resistencias en los que se menciona a los pulares como parte de un entramado que resiste a los intentos de fundaciones urbanas en el interior del valle calchaquí. Esta línea de investigación se basa en la lectura de las cartas de Gobernadores junto a las Probanzas de méritos y servicios publicadas por Roberto Levillier[4], en las que buscamos recuperar referencias a las estrategias de la guerra, sus escenarios y características del asentamiento calchaquí, sin embargo, sus redes y alianzas trasciendan los valles y demuestran vinculaciones macroregionales que alcanzan el área de Atacama, la puna y quebrada Jujeña.

A lo largo de estos años (1577-1630) la fragmentación de la encomienda de pulares y la descripción de los actos de posesión de cada segmento revelan la participación de autoridades indígenas de distinta jerarquía, pero también, una red heterogénea de nombres cristianos e indígenas y referencias geográficas. Esto nos permite entrever la complejidad de la composición de la encomienda de pulares, que se suma a la complejidad de la composición del colectivo pular, tal como sostiene la historiografía regional. Para ello tomaremos la información que provee la lectura del documento catalogado como EC1631.9 del ABNB (Sucre)[5]. Se trata de un pleito generado por el derecho de sucesión en tercera vida de la encomienda de Bartolomé Valero, frente a los derechos obtenidos a través de dejaciones y oposiciones de los vecinos feudatarios del Fuerte de Nuestra Señora de Guadalupe (1631).

De su lectura vamos a recuperar cuáles son las autoridades indígenas que se mencionan en la documentación y su relación con los agentes coloniales. Nos referimos a caciques principales y segundas personas, por un lado, y al cabildo, gobernador y encomenderos, por el otro. Nuestro objetivo será analizar comparativamente, y en la diacronía, las vinculaciones macroregionales y las representaciones del poder político de las autoridades indígenas en el contexto ambivalente de la guerra y la encomienda.

Acerca de los pulares: cartografías y fronteras

La historiografía andina debate por el significado de las denominaciones indígenas contenidas en las fuentes históricas[6]. Si consideramos este problema desde la perspectiva del territorio podemos retomar el planteo de Saignes acerca del desarrollo de cartografías de la identidad colectiva. La elaboración de mapas étnicos en los que se incluye una dimensión diacrónica expresa la “herencia de la intervención inca en el sur andino, los desórdenes posteriores a la caída del Tawantinsuyu y las primeras modificaciones impuestas por las autoridades hispánicas”[7].

En el área del Tucumán la discusión plantea que los mapas étnicos se construyen sobre la percepción colonial de identidades colectivas y, en ciertos casos, con su contrastación arqueológica[8]. Otra perspectiva aborda las taxonomías coloniales simplemente como la expresión de ordenamientos fiscales de la población tributaria bajo el sistema de encomiendas, aunque sin problematizar la variable territorial[9].

El trabajo pionero de Roberto Levillier Nueva Crónica de la Conquista del Tucumán[10] presenta una de las primeras representaciones gráficas de las identidades indígenas en contexto temprano colonial elaborada a partir de la documentación histórica compilada por el autor. La edición incluía un gráfico de las poblaciones indígenas del Tucumán superpuesto a un mapa de las fundaciones hispanas en el mismo territorio. De esta forma el autor vinculaba la visibilidad de las poblaciones indígenas con el proceso territorial y fundacional de la conquista (Ver figura 1). Los pulares -junto a Guachipas y Chicoanas- formaban el conjunto “diaguitas de calchaquí” diferenciados de los diaguitas de Londres y La Rioja[11].

Cartografía de las poblaciones indígenas de la Gobernacion del Tucumán
Figura 1
Cartografía de las poblaciones indígenas de la Gobernacion del TucumánFuente: Reproducido de Levillier, Roberto (1931: 221)

Esta diversidad tempranamente observada por Levillier, se reitera en el trabajo de Lorandi y Boixadós. La elaboración de un mapa étnico del valle calchaquí, -a partir de las denominaciones encontradas en las probanzas de méritos y servicios- se comparó con la variabilidad de estilos alfareros prehispánicos. Sobre esta base se delimitó un área cultural pular en el valle calchaquí norte desde la actual localidad de la Poma hasta el pueblo de Atapsi[12]. El área de los pulares se estableció como frontera cultural con la población calchaquí ubicada hacia el Sur. Los trabajos de Giudicelli y Quintian analizan el Tucumán – y el área de pulares en particular-como una doble frontera: la exterior está marcada por la guerra frente al dominio colonial, mientras que la interna marca una diferencia en las relaciones hispano calchaquí entre los indios domésticos y los de guerra[13].

Los mapas étnicos elaborados en los años 80, basados en la noción antropológica de unidades culturales delimitadas, dieron paso a territorialidades dispersas, conforme las nociones de verticalidad e interdigitación que permitían reinterpretar el modo de habitar andino[14]. Según esta perspectiva, la etnicidad adquiere una expresión geográfica basada en las redes de interacción entre grupos, no solo para acceder a recursos distantes y diversos, sino para hacer posible su reproducción social y política.

Por lo tanto, seguiremos las líneas de investigación que proponen trabajos como los de Martínez para el área circumpuneña, Sánchez y Sicaen relación con liderazgos de la resistencia en la figura de Viltipoco y Palomeque para la puna y quebrada jujeñas[15]. En ellos encontramos no sólo la territorialidad discontinua establecida mediante relaciones de parentesco, intercambios de bienes, control político, trashumancia o movimientos giratorios sino, especialmente, la interdigitación de territorios y poblaciones en el área circumpuneña en su conjunto.

Junto con esta escala regional de observación utilizaremos como marcas en el espacio, las referencias geográficas a través de las lenguas tomando en consideración topónimos y antropónimos[16], una línea de análisis especialmente trabajada por Albeck y Palomeque en la puna de Jujuy[17]. De esta forma, vamos a considerar paisajes, territorio y etnicidad como componentes de un proceso histórico regional de redes, alianzas y resistencia que expresan una dinámica identitaria y política en permanente reelaboración.

Los pulares como indios de guerra

En este apartado vamos a reconstruir la participación de los pulares en la conformación de entramados rebeldes, considerando como recorte temporal las entradas iniciales de la hueste conquistadora hasta el alzamiento general de 1630. Este período recoge las tensiones entre indígenas y españoles generadas por los intentos fundacionales en territorios de calchaquí, la conformación de un estamento encomendero regional y las alianzas políticas para la resistencia indígena.La conformación de un espacio colonial requería el control de poblaciones junto a un sistema económico que, entre otros aspectos, permitiera la comunicación de la región andina con el Tucumán y el Río de La Plata[18].

Desde mediados del siglo XVI, treinta años antes que fueran efectivamente encomendados, las probanzas de méritos y cartas de gobernadores mencionan a los pularescomo parte de un entramado rebelde articulado entre los calchaquíes del norte -chicoanas y pulares- con las poblaciones de puna. La primera mención se encuentra en la probanza de méritos de Juan Bautista Alcántara presentada en la ciudad del Barco en 1552. Allí declara que ingresó al Tucumán con Juan Núñez de Prado, donde los pulares les dieron una guazabara en el valle de Chicoana[19]. El testimonio de Santos Blázquez ubica estos hechos en el valle de los pulares abriendo el interrogante acerca de su ubicación y si se trata de dos lugares diferentes:

al tiempo que el
dicho Juan Núñez de Prado entró en esta tierra entraron con el dos frailes de
la orden del Señor Santo Domingo e un clérigo el cual murió y su muerte fue en
el valle de los pulares
[20]

Buscando la consolidación del dominio territorial del Tucumán Juan Pérez de Zurita establece la fundación de cuatro ciudades: Londres en los diaguitas 1558, Cañete en Tucumán, Nieva en Jujuy yCórdoba de la Nueva Andalucía en el sector norte del valle calchaquí (1559). Levillier sostiene que la fundación de Córdoba tenía como objetivo específico frenar los ataques de los pulares sobre Chicoana[21]. Con la rebelión de los calchaquíes de 1561 se abandonan las ciudades de Zurita -entre ellas la de Córdoba- aunque no hemos encontrado referencias específicas sobre la participación de los pulares en estos hechos.

Por decisión de Virrey Toledo, Gonzalo de Abreu funda en 1577, San Clemente de la Nueva Ciudad de Sevilla en cercanías del actual San Carlos[22]. En carta dirigida al virrey del Perú, el gobernador describe su ingreso al valle y la consiguiente conformación de alianzas, negociaciones y resistencias entre los calchaquíes[23]. El 25 de enero parte de San Miguel de Tucumán con una hueste formada por noventa integrantes, ingresa al valle hasta un lugar llamado Guadaqueni donde se produce un primer enfrentamiento con los indígenas. Los apresados confiesan que Calchaquí sabía de su ingreso y había hecho una junta general de “toda la tierra”.

Desde allí la hueste sigue el río hasta dar con la fortaleza de Anguinahao donde se produce un enfrentamiento con sus pobladores. Debido a su derrota establecen un acuerdo por el que aceptan servir al español[24]. Habiendo apresado a su cacique, de nombre Chumay casado con una hija de Calchaquí, Abreu decide instalar un fuerte para asentarse en el valle en el asiento de Camalamao por ser “el mas comodo y aparejado del valle por estar junto a la fuerza de los naturales de un cabo calchaquí chumbicha y otros y chicuanapulares[25]. A través de los nombres de grupos y caciques mencionados en la cita, observamos la conformación del siguiente entramado rebelde que volcamos en el gráfico 1.

Gráfico 1:
Entramado rebelde según la carta de carta del Gobernador
Abreu el 20 de marzo de 1577
Grupos
rebeldes
·
Pulares

Chicoana
Calchaquí

Caciques
mencionados

Chumay “señor del asiento de Camalamao”
Chumbicha

Sujetos
a los españoles

Anguinahao

Fuente:
Elaboración propia sobre datos tomados de la carta de carta del Gobernador
Abreu el 20 de marzo de 1577[26].

A pesar de las alianzas y sujeciones logradas por el Gobernador, la resistencia constante de los indígenas marcó la breve existencia de San Clemente desde “el día de cenizas hasta el día de ramos” del mismo año. Sobre la estrategia de la guerra seguida por el entramado de los pulares contamos con la información proveniente de las probanzas y méritos de Juan Pedrero de Trejo y Hernán Mejía de Mirabal[27].

Los testigos aportados por Juan Pedrero de Trejo señalan que en cercanías de Tolombón los indios de guerra cavaban pozos en el suelo con estacas en su interior para derribar a los caballos y jinetes. La estrategia de mayor efectividad, que obligó finalmente a su despoblamiento, fue la inundación del fuerte por el desvío de las acequias, quitando “de sus madres dos ríos en medio de los cuales estaban poblados en el dicho fuerte”[28]. Mejía de Mirabal acude en socorro del gobernador con treinta vecinos de Santiago del Estero apoyados por un número indefinido de indios amigos y así logra trasladar la población de San Clemente al valle de Salta.

Con la fundación de Salta en 1582, a cargo de Hernando de Lerma los pulares se mencionan en la documentación como indios de encomienda y solicitantes de una merced de tierras en el valle de Lerma y la quebrada de Escoype, aspecto que desarrollaremos en el punto siguiente. Sin embargo, los pulares, como parte de un colectivo calchaquí, vuelven a rebelarse dando lugar a una nueva entrada a sus territorios.

El Gobernador siguiente, Juan Ramírez de Velasco (1586- 1593) consolida las fundaciones de sus antecesores, asegurando la vía de comunicación entre Tucumán y Charcas.Las fuentes que nos permiten reconstruir el entramado rebelde provienen de las probanzas de méritos de González de Villaroel, el propio gobernador Ramírez de Velasco y dos cartas dirigidas al rey con fecha 6-4-1587 y 20-4-1588[29].

En el primer caso el testigo sostiene que:

se halló en compañía
del dicho gobernador en el castigo de los indios del valle de Calchaquí
chicoanas y pulares que se habían rebelado y muerto un fraile y seis españoles
y en siete batallas y reencuentros que se tuvieron en los dichos indios hasta
que quedaron pacíficos
[30].

En el segundo se describe un entramado conformado por los pulares “confederados con los de calchaqui junto a omaguaca, chicoanacasabindo y cochinoca”[31]. Estas Probanzas nos
presentan una red similar a la que encontramos en la carta del Gobernador Abreu
(ver gráfico 1). A esta sesuman
poblaciones de la puna y quebrada jujeñas sin mencionar a los aliados de los
españoles (ver gráfico 2).

Gráfico 2:
Entramado rebelde según la carta del Gobernador Ramírez de Velazco
Grupos
rebeldes

Pulares
Chicoana
Calchaquí
Omaguaca
Casabindo
Cochinoca

Caciques
mencionados
·
Silpitorle, cacique principal, hijo de calchaquí (Carta 19-4-1588)

Aliados
a los españoles

Anguinahao, aliados
con los advenedizos de Londres (Carta 19-4-1588)

Fuente: Elaboración
propia sobre datos tomados de cartas del Gobernador Ramírez de Velazco[32].

Las cartas describen un aspecto peculiar de la negociación con el gobernador. Los calchaquíes salen a darla paz “y dieron señal de ella maíz y yerba”[33]. Esta práctica se reitera en Angastaco, mencionado como fuerte del Inca, mientras que en el asiento de Tolombones los caciques entregan flechas al gobernador. Un cacique principal, de nombre Silpitorle, le ofrece la paz y, al mismo tiempo, le solicita su alianza para enfrentarse a los indios de Anguinaho.

La entrega de distintos presentes nos permite ver formas de acuerdo marcadas por la entrega de objetos significantes que, a modo de señales, nos describen el tenor de las relaciones hispano calchaquíes. La entrega de maíz y yerba expresaría alguna forma de aceptación del poder colonial, en tanto la flecha marcaría una alianza para la guerra, como se aprecia en otras situaciones similares de resistencia[34].

Durante el gobierno de Pedro de Mercado y Peñaloza (1595- 1600) se produce un nuevo levantamiento Calchaquí. La probanza de Lope Bravo de Zamora llama a esta jornada de Mercado la entrada “a los valles de calchaqui, pulares y chicoanas”[35]. La probanza de Toledo y Pimentel agrega a este entramado los indios de luracatao(ver gráfico 3)[36].

Gráfico 3
Entramado rebelde según la Probanza de
méritos de Lope Bravo de Zamora
Grupos rebeldes

Pulares
Chicoanas
Luracataos

Aliados a los españoles
No se mencionan

Fuente:
Elaboración propia sobre datos tomados de AGI, Charcas 101, N16 y AGI, Charcas
18, N4.

La represión del levantamiento se describe en la probanza de Bravo de
Zamora:

Ahorque al
dchoanacona, presente los enemigos, desgarroné a su hermano y di garrote al
dcho cacique Chumbicha como cómplice principal de la dicha alteración, tan obstinado y
envejecido tirano q. despobló dos veces la ciudad que fundó el gobernador
Gonzalo de Abreu por frontera dellos, prendí de camino en el dcho valle y saqué
al cacique D. juan Colcas q mató al dcho fraile con once compañeros
[37]

Entre los rebeldes enfrentados al gobernador Mercado se mencionan de forma constante a los pulares y calchaquíes. En otros casos, se enumeran con más detalle los componentes de la alianza. Otro testimonio describe la red del área de Jujuy en la que se mencionan grupos previamente nombrados como aliados de los pulares “Jujuy, sitiada por los indios omaguacas, casavindos, cochimocas, ocloyas, tilianes, viltipocos y otras naciones”[38].

Con estos elementos de análisis nos preguntamos cómo se conforman los entramados rebeldes, teniendo en cuenta que nos encontramos con dos escenarios diferenciados – Calchaquí y Jujuy- en los que buscaremos saber si existe alguna forma de coordinación y liderazgo entre ellos o se trata de levantamientos autónomos de distinta escala pero sincrónicos.

Durante el gobierno de Abreu, el levantamiento de Calchaquí se relata como un movimiento autónomo articulado por caciques de la región, a los que se describe en términos del parentesco que los enlaza a Calchaquí. Se trata de aquellos líderes que resisten desde sus poblados al ingreso de la hueste y la instalación de fuertes en sus territorios. Durante los Gobiernos de Ramírez de Velazco y Mercado, calchaquí norte se articula con la resistencia de Jujuy como lo evidencia los gráficos 2 y3. Al mismo tiempo, si observamos hacia el sur vemos que el enfrentamiento de pulares con Anguinahao se reitera en ambos períodos.

La documentación describe las alianzas y la posición de autoridades en términos de parentesco. Al respecto podemos preguntarnos si se trata de parientes en términos sanguíneos o se refiere a términos políticos revestidos de un lenguaje de parentesco. Este aspecto no es de menor importancia. En referencia a las formas que adquiere la política en sociedades sin estado pero en interacción con estructuras de mayor centralidad, como lo eran las sociedades vallistas del siglo XVI, Balandier sostiene que “el parentesco provee a lo político de un modelo y de un lenguaje (…) las relaciones políticas se expresan en términos de parentesco y las manipulaciones del parentesco son unos de los medios de la estrategia política”[39].

Por esto, es posible plantear que los nombres de las autoridades no fueran una extensión del nombre del líder a su pueblo, sino a la inversa, que el líder fuera denominado en términos del entramado social que su figura sintetiza. Con estos elementos de análisis sobre territorios, articulaciones políticas e identidades en el contexto de la rebelión vamos a reconstruir los ordenamientos coloniales, bajo la forma de la encomienda, en relación con el alcance territorial de las autoridades indígenas[40].

Fundación
de Salta y encomienda de pulares

La ciudad de San Felipe de Lerma fue fundada el 16 de abril de 1582 por
orden del virrey del Perú, con el fin de consolidar el dominio territorial de
la región. La selección del lugar de emplazamiento de la nueva fundación se
decidió por votación entre los vecinos de Esteco a elegir entre el valle de
Lerma y el Valle Calchaquí. El 14 de abril se establece, junto con la ubicación
de la ciudad, su jurisdicción, que abarcaba, según el acta fundacional, el
territorio en que se encontraban los indios de Calchaquí, Salta, Tafí,
Chicoana, Pulares, Cochinocas, Casabindos, Humahuacas, Choromoros y Jujuy[41]. (Ver gráfico 4).

Gráfico 4:
Grupos indígenas mencionados en el acto de fundación
de la ciudad de Salta
Grupos
rebeldes

Pulares
Chicoana
Calchaquíes
Omaguacas
Cochinocas
Casabindos

Otros grupos mencionados en
el acta

Salta
Tafíes
Choromoros
Jujuy

 

Fuente:
Elaboración propia a partir de datos tomados del Auto del Gobernador de
Hernando de Lerma fijando los límites de la nueva ciudad de Lerma en el valle
de Salta[42].

El documento catalogado como EC 1631.9 A.B.N.B provee la información que nos permite reconstruir el devenir de la encomienda de pulares entre los años 1582 y 1630, es decir, desde la entrega de la encomienda a Bartolomé Valero en primera vida hasta la muerte de Ana Valero, su hija, y el reclamo por tercera vida de su hermana, Catalina Valero. El reclamo se basó en la ordenanza del gobernador Hernando de Lerma que reconocía, en caso de nuevas fundaciones, el derecho a recibir la encomienda en tercera vida. Con fecha de julio de 1631, Marcos González, en nombre de su esposa, Catalina Valero, demanda a los vecinos de Salta: Miguel de Elizondo, Álvaro Vélez de Alcocer y Pedro de Aguirre, por la posesión de la encomienda de indios pulares.

En forma de traslados el documento deja constancia de los méritos y servicios de los Valero y el acto de posesión de los indios de encomienda entregada por el Gobernador Hernando de Lerma a Bartolomé Valero, quien recibió la encomienda de pulares y al Licenciado Cristóbal Bocanegra beneficiado con la encomienda de Colalao. Saignes sostiene que las cédulas de encomienda constituyen fuentes significativas para analizar la relación entre autoridades indígenas y territorios en el contexto de un ordenamiento de la estructuración tributaria de la población y su asentamiento[43].

El texto incorpora los nombres de sus caciques y algunas referencias de lugares y/o topónimos, lo que nos permite problematizar la composición de los colectivos de referencia. Veamos ambos casos. El licenciado Cristóbal de Bocanegra recibía:

el pueblo de Colalaho
con el cacique Don Juan Calcha y ranchería y pueblo de camahlao con el cacique
aymara o sus sucesores con todos los demás casiques y principales e indios
naturales de los dichos pueblos y a ellos sujetos con más quarenta indios de
visita en la provincia de los Guachipas
[44]

En
el mismo acto fundacional, la encomienda de pulares fue dividida en mitades:
una en favor de Francisco de Benavente y la otra para Bartolomé Valero, junto
con diez yanaconas provenientes de Talavera, ciudad en la que contaba con una
encomienda. El acuerdo establecía que si a los dos años decidía quedarse en la
ciudad de Salta haría dejación de su encomienda de Talavera en favor de
Francisco Benavente y recibiría, a cambio, la totalidad de los pulares[45].
Se desconoce el motivo de la fragmentación inicial. Podría deberse a un acuerdo
fundado en la conveniencia de vecinos feudatarios que generaba una segmentación
interna producida por el dominio colonial o bien, que respondiera a una
estructuración en mitades, propia de los pularespero que la documentación
recogió bajo la forma de la encomienda (Ver gráfico 5).

Gráfico 5:
Cuadro de síntesis sobre la
sucesión de la encomienda de pulares, y autoridades indígenas mencionadas
Encomienda de Pulares Acto de la Toma
de posesión

1582-Fundación de Salta. Hernando de Lerma

Encomienda por mitades:

Francisco de Benavente
Bartolomé Valero

Dejación
de ambas partes·
Juan Lipi. Intérprete1586-Ramírez de VelazcoEncomienda por
mitades:

Román Valero
Pedro
Valero

Fallecimiento de ambas
personas

Autoridad indígena:

Cacique Chaquia

Interprete Juan Lipi (Román
Valero)

Juan
Guaycama. Cacique pular (Pedro Valero)

1589-Ramírez de Velazco

Sucesión de la encomienda:

Primera Vida: Bartolomé Valero
Segunda
Vida: Ana Valero (Hija)

·
No hay mención.

1630- Gran Rebelión
Diaguita-Calchaquí 1 ) Pleito Sucesorio
por Tercera Vida:

Catalina
Valero. Negada

2) Fragmentación de
la encomienda:

Pular: Álvaro
Vélez de Alcocer

Escoype: Miguel Elizondo
Guachipas:
Pedro de Aguirre

Andiafacos: Pedro de Zamora

Autoridades
indígenas:

No hay mención.

Juan Chunil,
cacique principal. Juan Topolas, segunda persona. (Alvaro Velez de
Alcocer)
No hay mención
Pedro Cona,
Domingo Quiache (Pedro de Aguirre)

No hay mención

Fuente:
Elaboración propia de datos tomados de ABNB, E.C, 1631. 9 y E. C
1631.5.

La encomienda por mitades

Asentado
ya como vecino de la ciudad de Salta, Bartolomé Valero recibe la totalidad de
los indios pulares y, posteriormente, hace dejación en 1586. La encomienda es,
entonces, fragmentada en dos mitades, beneficiando a su sobrino, Román Valero y
su hijo natural, Pedro Valero. El acuerdo familiar en torno a la encomienda de
pulares no estuvo exento de tensiones y fue motivo de reclamos frente al
gobernador. Román exigía que Pedro cumpliese con el beneficio de la mitad de la
encomienda. Una vez presentados los títulos que acreditaban los derechos de
ambos beneficiarios, se dio lugar a un nuevo acto de posesión que también
resulta de interés para nuestro trabajo:

el dicho roman Valero
trajo ante el señor alcalde un indio el cual por lengua de Juan Lipi yanacona
del servicio del capitan. Bartolome Valero dijo confeso llamarse chaquia ser
natural pular y bisto por el señor alcalde ser pular y de los contenidos en la
dicha cedula tomo al dicho indio por la mano y se lo dio y entrego al dicho
roman Valero
[46].

El pleito se resuelve en favor de Román, quien recibe el acto de posesión de los pulares que antiguamente había realizado Pedro Valero:

don Juan Guaycama
cacique de los dichos indios pulares y asi el dichocapitan se leyó y entrego al dicho Roman Valero en conformidad de
la dicha cedula de encomienda y en cumplimiento del dicho auto le dio entrego a
un muchacho llamado Don juan cacique principal de los pulares hijo de don
Bartolomé cacique principal que fue de los dicho pulares y le mando al dicho
don Juan por un lengua sirviese al dicho Roman Valero como a su amo
[47].

A este beneficio se sumaba un pueblo del que no se
tenía certeza sobre su nombre “…un pueblo
llamado pique hazia casabindo con todos sus caciques y principales por este
nombre e por otro cualquiera que tuviere”
[48].
Lo cierto es que se declara que al fallecimiento de ambos beneficiaros,
Bartolomé recupera la encomienda de pulares que logra transmitir
a su hija Ana, en segunda vida, de quienes recibió benefició[49].

Los pulares y las dejaciones de 1631

Con el alzamiento de 1630 el Gobernador Felipe de Albornoz apela a la política de dejación de encomiendas consistente en fragmentar los repartimientos y entregarlos a quienes poblaran las fundaciones españolas en los valles rebeldes[50]. El Archivo Histórico de Tucumán guarda los actos de dejación firmados ante escribano de Cabildo en marzo de 1631. Los encomenderos hacían dejación de una parte de sus encomiendas en cabeza de su majestad para que el gobernador las entregara a quienes poblaran el Fuerte de Nuestra Señora de Guadalupe, instalado en el valle calchaquí con el fin de reprimir el alzamiento de los indígenas.

Entre ellos se encontraba la dejación realizada por Francisco de Valdenebro, hijo de Román Valero, “del pueblo de Escoype, de nación pular”[51].En un trabajo previo hemos registrado y analizado otro pueblo vinculado a la encomienda de pulares que no se menciona en este documento, es el caso de la encomienda de los Andiafacos registrada recién a partir de la documentación de 1630[52].

Con la muerte de la beneficiaria en segunda vida, Ana Valero sin dejar sucesor, el Gobernador Felipe de Albornoz en 1630 declara vacante la encomienda de los pulares y entrega los pueblos que, se afirmaba, habían integrado su encomienda: pulares, escoype y guachipas. Sus beneficiarios fueron los protagonistas de nuestro expediente enfrentados a Catalina Valero: Álvaro Vélez de Alcocer, Miguel Elizondo y Pedro de Aguirre respectivamente, sin embargo, los beneficiarios omitieron declarar que habían recibido estas encomiendas como resultado de las dejaciones y fragmentaciones anteriores[53].

Los actos de posesión, nombres, territorios y
autoridades

En este apartado vamos a analizar la relación entre autoridad y territorio, mediada por la documentación colonial. Saignes sostiene que las cédulas de encomienda constituyen fuentes significativas para analizar la relación entre autoridades indígenas y territorios, en el contexto de un ordenamiento de la estructuración tributaria de la población y su forma de asentamiento[54].

La toma de posesión de una encomienda era un acto ritual de carácter performativo realizado en el marco de instituciones del gobierno hispano-colonial[55].Como acto final de posesión, la figura de jerarquía -el encomendero en este caso- tomaba las manos del indígena que, como individuo, representaba al conjunto del colectivo encomendado. Este acto, realizado en espacios públicos y a vista de todos, tenía la capacidad de expresar y producir la posesión[56].

Los actos de la encomienda de 1582 y de 1630 contenidas en nuestro documento, hacen visibles nuevas referencias sobre caciques, nombres y lugares respecto de las redes que describen las guerras que hemos sistematizado en el punto anterior. Las autoridades pulares se hacen presentes como intermediarios entre el encomendero y el colectivo encomendado, con el fin de garantizar el cumplimiento de las prestaciones. En nuestra fuente se menciona tanto el cacique principal como la figura de la segunda persona.

Platt sostiene que esta autoridad de menor jerarquía -vigente en contexto colonial- es de origen prehispánico basado en el principio de la dualidad andina[57]. La presencia de estas autoridades, según la perspectiva de Jurado para el área de Charcas, responde a la política toledana de simplificar y estandarizar las jerarquías de poder al interior de cada repartimiento[58]. En el área de Jujuy los trabajos de Palomeque sobre Casabindo y Cochinoca registran la presencia de esta autoridad, así como el trabajo de Oyarzábal en la encomienda de Paipaya[59]. El registro de segundas personas en la encomienda de pulares constituye un ejemplo documentado de la extensión más meridional de esta forma de autoridad.

En nuestro caso, se destaca la diversidad de actores y referencias geográficas que encierra la encomienda de pulares expresada a través de los actos de posesión. Vamos a comenzar con aquellos casos que se caracterizan como indios pulares para, a partir de allí, establecer las redes de relaciones que se visibilizan a través de nombres y referencias geográficas, siguiendo como línea de análisis las similitudes fónicas entre las lenguas habladas en la región. Aun considerando las dificultades que suponía la transcripción de los sonidos de una lengua desconocida al alfabeto latino, consideramos pertinente adentrarnos en este terreno.

Si seguimos en esta línea, el concepto de interdigitación admite una reconstrucción de su contenido en términos de diacronía, pero también en términos de los indicadores materiales o culturales que, a modo de trazas, señalan vías de circulación, áreas de interacción y presencias[60]. En nuestro trabajo nos referimos al análisis de vocablos – topónimos y antropónimos- que evocan lugares, actores y enunciados, capaces de crear espacios imaginados y materializados en la interacción de sus habitantes.

El territorio que se construye a partir de las menciones del documento alcanza la región de Atacama y el sector valliserrano colindante. Esta área se caracteriza por su multilingüismo que incluye la lengua kunza y kakan, sumados al quechua y aymara[61]. Cabe señalar, sin embargo, que ni el quechua ni el aymara son lenguas originarias de este territorio. Las marcas de estas lenguas se observan en los topónimos y en su vigencia en el habla cotidiana – como lenguas vivas o sustrato lingüístico- resultado de un largo proceso histórico que se inicia en tiempos prehispánicos y tiene una fuerte incidencia en tiempos coloniales[62].

Para algunos autores la presencia del quechua llevó a la gradual desaparición de lenguas originarias como el kunza o el kakán[63]. Tarcaya Gallardo-quien se encuentra realizando un trabajo de rescate de la lengua kunza, identificada con las poblaciones atacameñas- destaca su influencia en el castellano y quechua hablado en el área circumpuneña. Por otro lado, Nardi sostiene que en los topónimos actuales del Noroeste Argentino se registra la presencia de lenguas que convivieron con el quechua o aymara[64]. Por lo tanto, la observación de vocabulario adjudicado al kakán o kunza en los etnónimos, topónimos y nombres propios nos pueden dar indicios acerca de su territorialidad inferida a través de marcas superpuestas en el paisaje.

A partir del análisis de sus nombres vamos a problematizar la relación entre autoridad, nombres propios, las lenguas indígenas habladas en la región y su vinculación con el territorio. Con este fin, graficaremos las redes que surgen de la lectura del documento en el mapa de la figura 3.

Si observamos las redes mencionadas en los actos de posesión de 1582 vemos que el nombre del pueblo de Colalao presenta la desinencia ao muy frecuente en el sector valliserrano, referida en lengua kakana a un asentamiento o poblado[65]. En esta encomienda del pueblo de Colalao, junto con la presencia de un cacique aymara, se hace mención a otro llamado Juan Calcha. La interpretación de la voz calcha ha seguido diversos derroteros que reflejan las relaciones territoriales que estamos reconstruyendo. Diversos autores encuentran su origen en el quechua[66], en el aymara[67]y kunza[68]. Lo cierto es que la voz calcha se relaciona tanto con la actividad agrícola como con la guerra. Esto probablemente sintetice las dimensiones del poder político entre las autoridades calchaquíes[69].

Los actos de posesión de Román y Pedro Valero de 1586 cuyos pueblos estaban “hacia Casabindo” -es decir hacia el norte de Salta- mencionan a los pulares y sus intérpretes, un indio llamado Juan Lipi, cuyo nombre podría vincularse con el área o poblaciones identificadas como lipes[70].

Con las dejaciones de 1631 encontramos otros nombres y referencias mencionadas en los actos de posesión. La figura del cacique principal se acompaña de figuras de menor jerarquía cuyos vínculos se describen en términos de parentesco, como padres e hijos, igual que los relatos de las probanzas de méritos y servicios. En el segmento pular que recibió Álvaro Vélez de Alcocer se menciona a Don Juan Chunil, hijo del cacique principal pular y Don Juan Topolas como segunda persona, sin aclarar si este último es de nación pular. El mismo apellido se menciona como pular en el padrón de indios pulares de 1634[71]. Carecemos de datos que nos permitan afirmar una relación de parentesco entre Chunil, hijo del cacique principal pular y Juan Topolas, segunda persona. La similitud entre las voces Topolas y Toconas nos permite registrar trazas de su distribución en el área de puna. Toconas es un apellido habitual registrado en Casabindo, la puna de Atacama y zonas aledañas[72], mientras que el topónimo Toconao refiere a un poblado ubicado al sur de San Pedro de Atacama, fundado por Juan Velásquez Altamirano en 1557[73]. Encontramos también, el topónimo Toconquis en una serranía ubicada al norte de Antofagasta de la Sierra. El análisis de toponimias cunza en Catamarca realizado por Federico Pais identifica la raíz tocqo como piedra[74].

Si bien en el documento no se menciona el nombre del cacique principal de los pulares, sí se nombra a su hijo, de nombre Chunil en el momento del pleito, cuya desinencia es muy frecuente en el área de habla kakana. La autoridad en esta fuente se menciona como una figura individualizada, como un nombre propio, pero este puede adquirir otros significados. Es posible que el nombre Chunil pueda también tener alguna connotación sagrada. Emilio Vaïsse registra una palabra similar en kunza, “tchimir”, que traduce como nieve. La relación de la nieve con las mayores alturas andinas podría indicar un vínculo con un cerrowaka[75].

Viviana Manríquez y Sandra Sánchez destacan la importancia de la toponimia en la construcción de identidad en estrecha relación con elementos de la naturaleza sacralizados, señalando el vínculo entre kuraka, deidad y un hito natural[76]. Otro ejemplo se encuentra en el caso de Socomba, registrado como nombre de un kuraka de Omaguaca del siglo XVII que, además denomina un cerro waka para los habitantes de Atacama. Sánchez y Sica[77]destacan la presencia de Viltipoco -o tal vez la de otros kurakas con el mismo nombre- en el valle Calchaquí, Talina, Atacama y la Quebrada de Humahuaca. Teniendo en cuenta la raíz kunza “vilti”, que hace referencia a un ave, las autoras destacan las connotaciones simbólicas y sagradas de los nombres de las autoridades indígenas en el área circumpuneña.

En períodos prehispánicos Nielsen destaca -siguiendo a Blanton- la presencia de un poder corporativo en el área circumpuneña al destacar el rol de los antepasados en las jerarquías de los diferentes ayllus, haciendo notar cómo los guerreros, en la edad del awka runa a partir de sus méritos en las batallas, fundan linajes identificados por el nombre del animal que encarnaron en la batalla[78].

Los trabajos de Vitryacerca de los santuarios de altura como práctica incaica de sacralización del espacio demuestran la mayor frecuencia de estos marcadores en el paisaje surandino respecto de otras áreas del Tawantinsuyu[79]. En el mismo sentido, los trabajos de Williams y Castellanos en el valle calchaquí norte demuestran las redes prehispánicas de las poblaciones vallistas con el entorno puneño[80]. Los pukara se distribuyen en las quebradas transversales que vinculan el entorno de valle con la Puna. Al mismo tiempo, las evidencias arqueológicas muestran la presencia de alfarerías de estilos identificados con colectivos provenientes del norte (pacajes) tendencia que confirma las observaciones realizadas en ajuares funerarios hallados en los entierros de Cachi adentro[81].

Siguiendo este planteo, la toponimia regional guarda una marca en el territorio de gran valor para nuestro trabajo cuando registra desde -al menos 1791- hasta la actualidad, un cerro nevado llamado Pular en el área de Atacama. Allí se registra un enterratorio de altura[82]y otros rasgos del paisaje como una vega y salar del mismo nombre[83].

Con estos elementos es necesario revisar el problema de la territorialidad de los pulares. Complementando, entonces, la lectura de fuentes coloniales con elementos de análisis lingüísticos, es posible pensar en una población cuya territorialidad no se limitaba a un único ambiente geográfico, tal como sugiere la noción de territorialidades discontinuas[84]. Si la historiografía ubicó a los pulares en el Valle de Lerma o en las sierras occidentales podemos retomar la afirmación del Padre Lozano y los planteos de Cornejo y Mignone quienes coinciden en señalar el cerro y área del Acay como eje de su territorio[85].

A partir de elementos lingüísticos y toponimias, sostenemos el vínculo de los pulares tanto con los valles como con punas, ya que se trata de un vocablo que, al igual que los nombres de kurakas surgidos de la documentación, no admite una traducción quechua ni kakana. Creemos, entonces, que se trata de una palabra de origen kunza, ya que su desinencia en ar -muy poco frecuente en quechua- se encuentra presente en ciertos nombres indígenas de este origen registrados para Casabindo. Entre estos nombres se encuentran Abichocoar, Alavar, Chocobar y Yonar[86].La misma desinencia se encuentra en topónimos de la puna de Atacama. Entre ellos encontramos, Aracar, Arizar, Caspar, Chapar, Chibinar, Huancar, Mucar, Tecar, Tocomar entre otros[87].

De modo que junto a las relaciones coloniales de indios de guerra o indios amigos que marcaron su lugar de asentamiento en el siglo XVII, la documentación nos permite plantear,en forma preliminar, otra construcción del espacio visibilizada en los textos coloniales que dialoga con las evidencias arqueológicas regionales.

Aportes para un debate

Si bien la historiografía del Tucumán colonial caracterizó a los pulares como “indios amigos” y los ancló en el norte del valle Calchaquí, la búsqueda de las primeras menciones a este colectivo indígena y las referencias geográficas presentes en los actos de posesión nos permitieron problematizar este planteo. Efectivamente, las probanzas de méritos y servicios, así como las cartas de gobernadores, nombran a los pulares ya en el siglo XVI, desde las primeras entradas de la hueste conquistadora, treinta años antes de ser efectivamente encomendados. Su visibilidad en la documentación no sería entonces el resultado de una dinámica de relaciones hispano calchaquíes, tal como se observa en otros casos de la región -antofagasta, andiafacos o malfines- sino una temprana identificación observada por los actores coloniales.

Estas menciones nos permitieron problematizar su territorialidad en términos de redes de alianzas más que una frontera cultural de límites precisos y una integración unívoca bajo el nombre de pulares. Al mismo tiempo, hemos establecido un diálogo entre la historiografía del área calchaquí norte y la puna jujeña, buscando dar cuenta de su accionar como indios rebeldes, cuando bajo el liderazgo de Viltipoco se enlazan con las poblaciones del área circumpuneña.

A partir de la problematización de su territorialidad, la reconstrucción de sus redes y las formas de autoridad indígena es posible, además de visibilizar un colectivo heterogéneo, aportar al registro de las formas de autoridad indígena en contexto colonial, evitando las dicotomías entre indios de encomienda-indios de guerra, puneños o vallistos. Las referencias al área puneña y la lengua kunsa que hemos citado no excluyen su presencia y vínculos con el área valliserrana.

Con estos elementos podemos retomar la pregunta sobre un área cultural pular considerada en términos de frontera. A la homogeneidad esperada de un área cultural hemos buscado recuperar la diversidad, observando las redes de interacción. Nuestro análisis que partió de lo lingüístico nos permitió problematizar lo territorial tanto en contexto de guerra como de indios de encomienda. En forma preliminar podríamos plantear que en ambas casos las redes en las que se involucran los pulares se establecen con el área circumpuneña más que con las poblaciones específicamente valliserranas.

La condición de rebeldía o de indios de encomienda, que en forma intermitente atraviesan los pulares, nos permiten plantear en forma comparativa y también preliminar, las dimensiones del poder político en diferentes contextos. Podemos, de esta forma, visualizar en sus autoridades formas de individualización que, al mismo tiempo, en contextos de resistencia asumen las formas de un poder colectivo. En tal sentido, el análisis comparativo de sus nombres y el contexto en el que se mencionan nos lleva a problematizar la relación entre el nombre propio y su lugar de autoridad.

Al respecto, problematizar el sentido de las palabras volcadas en las fuentes coloniales nos ha permitido observar los sentidos que encierran sus denominaciones en referencia a la guerra y la producción agrícola, junto con las referencias a los cerros wakas como sacralización del espacio habitado, una línea de investigación abordada desde los estudios arqueológicos regionales. Las marcas en el paisaje como cerros, topónimos y nombres propios conforman una territorialidad discontinua que responde a formas de habitar el paisaje en el área circumpuneña.

Notas

[1] Lorandi, Ana María, “El mestizaje interétnico en el noroeste argentino”, en
Hirosoyau Tomoeda y Luis Millones (editores)
500 años de mestizaje en los Andes, Biblioteca peruana de Psicoanálisis,
Lima, 1992, p. 170.
[2] Acuto, Félix y Chad Gifford, “Lugar, arquitectura y narrativas de poder: relaciones
sociales y experiencia en los centros Inkas del Valle Calchaquí Norte”, en Arqueología Suramericana, Vol. 3, N° 2. Departamento
de Antropología de la Universidad del Cauca y la Escuela de Arqueología de la
Universidad Nacional de Catamarca, 2007, pp. 135-161. Castro Olañeta, Isabel, “Indios
encomendados, indios registrados, indios omitidos por el visitador Luján de
Vargas. Gobernación del Tucumán, siglo XVII”, Ponencia presentada en las XI Jornadas Interescuelas/Departamentos de
Historia. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Tucumán, 2007. Giudicelli,
Christophe, “Calibay o la tempestad. Debate en torno a un documento “indígena”
de la Salta primitiva”, en Revista
Corpus, Vol. 3, N°1, 2013 [En línea] http://ppct.caicyt.gov.ar/index.php/corpus/article/view/2819
(Consultado el 20-11-2016). Lorandi, Ana María y Boixados, Roxana,
“Etnohistoria de los valles Calchaquíes, siglos XVI y XVII”, en Runa, XVII-XVIII, Buenos Aires,
1987-1988, pp. 263-419. Vitry, Christian, “Camino de los diaguitas y del inga
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Los Pulares durante los siglos XVII y XVIII”, en Andes, N°.19, Salta, 2008, pp. 299- 325. Williams,
Verónica y Villegas, Paula, “Rutas y senderos prehispánicos como paisajes. Las
quebradas altas del valle Calchaquí Medio (Salta)”, en Boletín del
Museo Chileno de Arte Precolombino, Vol. 22, N°1,
Santiago de Chile, 2017 pp. 71-94.
[3] Mignone Pablo, “Fuentes y documentos para la localización y estudio de las
minas históricas del nevado de Acay, Departamento La Poma, Salta-Argentina”, en
Memoria Americana, Vol. N 22, Buenos
Aires, 2014, p. 1.
[4] Levillier, Roberto, Gobernación del Tucumán. Probanzas de méritos y servicios, Rivadeneyra, Tomo I, Madrid, 1919.
[5] Archivo y Bibliotecas Nacionales de Bolivia (en adelante ABNB). Expedientes
Coloniales 1631.9. Doucet publica una transcripción parcial de este documento
para reconstruir aspectos biográficos de Bartolomé Valero y su relación con la
Audiencia de Charcas En: Doucet, Gastón, “Salta, la Audiencia de Charcas y el
Capitán Bartolomé Valero (1585): un aporte documental”, en Primera jornadas de historia de Salta, Araoz Anzoátegui impresores,
Salta, 1984, pp. 24-34.
[6] Saignes, Therry, “En Busca del poblamiento étnico de los Andes bolivianos (Siglo XV y XVI)”, en Avances de investigación. Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Bolivia), Nº 3, Bolivia, 1986. Martínez, José Luis, Pueblos del Chañar y el algarrobo. Los Atacamas en el siglo XVII, Dibam, Santiago Chile, 1998. Salomón, Frank, “Superman es más ¿súper cuando se quita la malla”, en Chungara, Vol. 45, N° 4, Chile, 2013, pp. 515- 522. Quiroga, Laura; Alvarado Ana; Hopkins Cardozo, Miguel Nicolás, “Tierras frías e inhabitables: Andiafacos, geografía y resistencia (Gobernación del Tucumán, Siglos XVI- XVII)”, en Mundo de Antes, N° 11, IAM, Universidad Nacional de Tucumán, 2017, pp. 225-245.
[7] Saignes,
Therry, 1986, Ob. Cit.
[8] Boman,
Eric, Antiquités de la región andine de
la République Argentine et du désertd’ Atacama, Paris, Missionscientifque
G. de Crequi-Montfort et E. Senechal de la Grange, 1908. Márquez
Miranda, Fernando, “Los Diaguitas. Inventario patrimonial arqueológico y
paleo-etnográfico”, en Revista del Museo
de La Plata (Nueva Serie), Instituto del Museo de la Universidad Nacional
de La Plata, Antropología, Vol. 3, N 17, Tomo III, La Plata, 1946. Serrano,
Antonio, Los aborígenes argentinos,
síntesis etnográfica, Nova, Buenos Aires, 1947. Lorandi, Ana María y
Boixados, Roxana, 1987-1988, Ob. Cit.,
pp. 263-419.
[9] Giudicelli, Christophe, “Encasillar la frontera. Clasificaciones coloniales y
disciplinamiento del espacio en el área diaguito-calchaquí (S. XVI-XVII)”, en Nuevo Mundo Mundos Nuevos, BAC –
Biblioteca de Autores del Centro, 2009. [En línea] http://nuevomundo.revues.org/index56802.html (Consultado el 20-11-2016).
[10] Levillier, Roberto, Nueva
Crónica de la Conquista de Tucumán, Tomo III, Editorial Nosotros,
Buenos Aires, 1931.
[11] Levillier, Roberto, 1931, Ob. Cit., p.
221
[12] Lorandi, Ana María y Boixadós, Roxana, 1987-1988, Ob. Cit., p. 282.
[13] Giudicelli, Christophe,
2009, Ob. Cit. Giudicelli
Christophe, “La raya de los Pulares. Institution d’une frontière indienne
coloniale au sein du Valle Calchaquí (1582-1630)”, in Luc Capdevila, Jimena
Obregón Iturra y Nicolás Richard, Les Indiens des frontières coloniales,
Rennes, PUR, 2011, pp. 27-57. Quintián, Juan Ignacio, 2008, Ob. Cit.
[14] Martínez, José Luis, 1998, Ob. Cit.
[15] Martínez, José Luis, 1998, Ob. Cit. Sánchez,
Sandra y Sica, Gabriela, “Entre águilas y halcones. Relaciones y
representaciones del poder en los Andes Centro-Sur”, en Estudios
Atacameños, N° 11, Universidad
Católica del Norte, Chile, 1994, pp. 165-177 Palomeque,
Silvia, “La “Historia” de los señores étnicos de Casabindo y Cochinoca
(1540-1662)”, en Andes, N° 17, Salta,
2006, pp. 139-194.
[16] Saignes,
Therry, 1986, Ob. Cit.
[17] Albeck,
María Ester y Palomeque Silvia, “Ocupación española de las tierras indígenas de
la puna “raya del Tucumán” durante el temprano periodo colonial”, en Memoria Americana, Vol. 17 (2), Buenos
Aires, 2009, pp. 173-212.
[18] Cornejo, Atilio, “El virrey Toledo y la fundación de Salta por
Hernando de Lerma”, en Investigaciones y
Ensayos, N° 4, 1983, pp. 69-87. Levillier, Roberto, 1931, Ob. Cit.
Palomeque, Silvia, 2006, Ob. Cit.,
pp. 139-194.
[19] Levillier, Roberto,
“Gobernación del Tucumán. Probanzas de méritos y servicios de los
conquistadores. Documentos del archivo de indias 1583-1600”, Colección de publicaciones históricas del
Congreso Argentino, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, Tomo II, 1920, p. 351.
[20] “Méritos
de la ciudad de Santiago del Estero 5 de octubre de 1585”, en: Toribio Medina, Colección de documentos inéditos para la
Historia de Chile, Fondo Histórico y Bibliográfico J. T. Medina, Santiago
de Chile, 1963, Tomo VI, Segunda serie, p. 292
[21] Levillier, Roberto, Ob. Cit., 1931,
p. 214
[22] Cornejo, Atilio, 1983, Ob. Cit.,
pp. 69-87. Sola, Miguel, “La ciudad de San Clemente
de la Nueva Sevilla”, en Contribuciones
para el estudio de la Historia de América. Homenaje al Doctor Emilio Ravignani,
Peuser, Buenos Aires, 1941, pp. 443-451.
[23] “Carta
del Gobernador Abreu 20-03-1577, en Levillier,
Roberto, Gobernación del Tucumán: papeles de gobernadores en el siglo XVI,
Documentos del Archivo de Indias, Imprenta de Juan Pueyo, Tomo I,
1920, pp. 52-61.
[24] La
fortaleza de Anguinahao se encuentra en el Valle de Santa María, identificado
con el sitio arqueológico nombrado como “Rincón chico”. en Lorandi, Ana María y
Boixadós, Roxana, 1987-1988, Ob. Cit., pp.
263-419.
[25] Levillier, Roberto, Gobernación del Tucumán: papeles de gobernadores en el siglo XVI,
Documentos del Archivo de Indias, Imprenta de Juan Pueyo, Tomo I,
1920, pp. 52-61.
[26] Levillier, Roberto, 1920, Ob. Cit.,
pp. 59-61.
[27] Levillier, Roberto, Gobernación del Tucumán. Probanzas de méritos
y servicios de los conquistadores. Documentos del archivo de indias 1583-1600,
Colección de publicaciones históricas del Congreso Argentino, Madrid, Sucesores
de Rivadeneyra, Tomo II, 1920, p. 560.
[28] Levillier, Roberto, Gobernación del Tucumán. Probanzas de
méritos y servicios de los conquistadores. Documentos del archivo de indias
1583-1600, Colección de publicaciones históricas del Congreso Argentino,
Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, Tomo I, 1920, p.577.
[29] Levillier, Roberto, Gobernación del Tucumán: papeles de gobernadores en el siglo XVI,
Documentos del Archivo de Indias, Imprenta de Juan Pueyo, Tomo I,
1920, pp. 209-213.
[30] Archivo General de las Indias (en adelante AGI), Indiferente General 483,
lib.8, folio 222v.
[31] Probanza de méritos Ramírez de Velazco. En: Levillier, Roberto, Gobernación del
Tucumán. Probanzas de méritos y servicios de los conquistadores. Documentos del
archivo de indias 1583 – 1600, Colección
de publicaciones históricas del Congreso Argentino, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra,
Tomo I, 1919, p. 433
[32] Levillier, Roberto, Gobernación del Tucumán: papeles de gobernadores en el siglo XVI,
Documentos del Archivo de Indias, Imprenta de Juan Pueyo, Tomo I,
1920, pp. 240-246.
[33] Levillier, Roberto, Gobernación del Tucumán: papeles de gobernadores en el siglo XVI,
Documentos del Archivo de Indias, Imprenta de Juan Pueyo, Tomo I,
1920, p. 244
[34] Giudicelli, Christophe, 2009, Ob. Cit. Quiroga Laura, 2017,”Entramados rebeldes de puna y valles
en el Tucumán (Siglo XVII). Valle de Londres, provincia de los diaguitas. Una
perspectiva cartográfica”, en Estudios
Atacameños, N°.55, pp. 203-218.
[35] AGI,
Charcas 101, N 16. Folio 2.
[36] AGI,
Charcas 18, N 4.
[37] AGI,
Charcas 101, N16. Folio 2. R.
[38] AGI,
Charcas 101, N16. Folio 2. R.
[39] Balandier, Georges, Antropología Política, Ediciones del Sol, Buenos
Aires, 2004, p. 124.
[40] Saignes,
Therry, 1986, Ob. Cit.
[41] Levillier, Roberto, Nueva Crónica de la
Conquista del Tucumán, Editorial Nosotros, Buenos Aires, 1931, p.
221.
Palomeque,
Silvia, 2006, Ob. Cit., pp. 139-194.
[42] Levillier, Roberto,
1931, Ob. Cit., p. 321
[43] Saignes, Therry, 1986, Ob. Cit.
[44] ABNB EC
1631.9: Folio 5.
[45] ABNB EC
1631.9: Folio 6.
[46] ABNB, EC, 1631.9, Folio 115.
[47] ABNB, EC, 1631.9, Folio 119.
[48] ABNB, EC, 1631.9, Folio 119.
[49] ABNB, EC, 1631.9, Folio 90.
[50] Las causas del levantamiento indígena de 1629 se atribuyen al descubrimiento de minas por parte de Juan Urbina. Ver en: Montes, Aníbal, “El gran alzamiento diaguita (1630-1643)”, en Revista del Instituto de Antropología, Tomo I, Universidad Nacional del Litoral, Rosario,1961, pp. 89-159. Ver en: Schaposchnik, Ana María, “Aliados y parientes. Los diaguitas rebeldes de Catamarca durante el gran alzamiento. En: Ana María Lorandi (ed.),El Tucumán Colonial y Charcas, Tomo I, FF y L, UBA, Buenos Aires,1997, pp. 309-340.
[51] Lizondo Borda, Manuel, Historia de la Gobernación del Tucumán (Siglo XVI), Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, 1948, p. 186.
[52] Quiroga, Laura; Alvarado Ana y Cardoso, Nicolás, 2017, Ob. Cit., pp. 225-245.
[53] ABNB, EC, 1631.9, Folio
30.
[54] Saignes, Therry, 1986, Ob. Cit.
[55] Smietnansky, Silvina, “El uso motivado del lenguaje: escritura y oralidad en
los rituales de toma de posesión. El caso de Hispanoamérica colonial”, en Revista Antropología, Sao Paulo, 2016, p.144.
[56] Ramos,
Elvira, “La posesión de la encomienda y otros rituales coloniales españoles en
las provincias americanas”, en Boletín
Antropológico, N° 46, Venezuela, 1999, pp. 22-38.
[57] Platt, Tristan, “Entre ch’axwa
y muxsa, para una historia del
pensamiento político Aymara” en Tres Reflexiones sobre el Pensamiento Andino, HISBOL, La Paz, 1987, pp. 61-132.
[58] Jurado, Carolina, “Las reducciones
toledanas a pueblos de indios: Aproximación a un conflicto. El repartimiento de
Macha (Charcas), siglo XVI”, en Cahiers des Amériques Latines, N°. 47, 2004, pp. 123-137. Jurado,
Carolina, “Delineando a las “segundas personas”: autoridades étnicas
desdibujadas en Charcas colonial. Un estudio de caso”, en Revista Andina, Nº 46, Cusco, 2008, pp. 193-210.
[59] Oyarzábal, María Cecilia, “La palabra de los “naturales” en
la justicia: Posibilidades y limitaciones en el análisis de la documentación
judicial referida a indígenas (Jujuy, siglo XVII)”, en Trabajos y Comunicaciones, 2da Época, Nº 43, La Plata, 2016 [En
línea] http://www.trabajosycomunicaciones.fahce.unlp.edu.ar/article/view/TyC2016n43a06/7191 (Consultado 20-11-2016). Palomeque, Silvia, 2006, Ob. Cit.,
pp.139-194.
[60] Williams, Verónica Isabel y Castellanos, María Cecilia “Prácticas sociales del
tardío prehispánico (siglos X al XVII) en las cuencas de Angastaco y Molinos
(Salta, Argentina)”, Ponencia presentada en las I Jornadas de Investigación y Gestión en el Valle Calchaquí, Salta,
Argentina, 2014.
[61] Fabre,
Alain, Diccionario etnolingüístico y guía
bibliográfica de los pueblos indígenas sudamericanos, 2005 [En línea] http://independent.academia.edu/AlainFabre (Consultado el 13/06/2017). Nardi, Ricardo,
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